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Dzilam de Bravo, un llamado de alerta a las autoridades

dzilam2Por Gínder Peraza Kumán

 

–El problema del pepino de mar no es como lo pintan los funcionarios, hay muchas cosas que no se dicen, como que mucha gente del gobierno está metida en este negocio ilegal. Pero no se preocupen, así como van las cosas en cinco años cuando mucho ya se habrá agotado el recurso, y muerto el perro se acabó la rabia. Entonces a ver de qué viven cientos o miles de familias –afirma Henry, campesino-pescador de los muchos que hay en los dos Dzilam, de Bravo y González, y que ven con impotencia y coraje cómo gente de otros lugares del estado, e incluso de otras entidades, viene a saquear los recursos de la costa yucateca con la protección de representantes oficiales y empresarios corruptos.

Como han dado cuenta los medios de comunicación del estado, el saqueo de los recursos marinos compromete, sí, el presente de la población costera por la violencia que genera, pero también, como se percatan los propios habitantes de la zona, pone en peligro su futuro, y el de todo el estado: a corto y mediano plazos ya no quedarán recursos pesqueros para mantener a miles de familias de la zona, pero además el ejemplo de corrupción que ponen autoridades y empresarios pudientes ya está minando la legalidad de la sociedad y los valores éticos y morales de hombres y mujeres.

Esos hombres y mujeres se manifiestan cada vez más reacios a acatar las leyes porque ven claramente que “los de arriba” las violan y las corrompen con su poder y su dinero.

 

UN RECURSO CODICIADO

 

En Dzilam de Bravo no solamente los foráneos saquean los recursos marinos. Una decena de lugareños, dueños de barcos o de congeladoras, junto con sus testaferros, se han aliado con funcionarios estatales y federales corruptos para llevarse la tajada del león que ofrecen comerciantes extranjeros y nacionales sin escrúpulos, a los que no les importa acabar con el futuro de los yucatecos de la costa.

Como ya se ha documentado, la pesca del pepino de mar, que sólo se abre en breves períodos legales a fin de cuidar el recurso, tan codiciado en los mercados chino y asiáticos en general, ha generado un caos social, violencia, amenazas e inseguridad en la costa norte yucateca, principalmente de Dzilam.

En palabras de Delfín Quezada Domínguez, titular de la Comisión Estatal de Pesca, la captura ilegal de pepino de mar en Dzilam de Bravo ha convertido a ese puerto en “un pueblo sin ley”, donde la autoridad municipal no figura y la pesquera ha sido rebasada de su ámbito de acción, ante lo cual, advirtió, se debe actuar con la fuerza pública si hay indicios de nuevos intentos de infringir la ley capturando ese producto en época de veda.

En entrevista con el periódico Por Esto! el funcionario enfatizó: “Lo que ha ocurrido en Dzilam de Bravo se sale de la administración pesquera, se sale de las manos del marco normativo de la pesca, es un asunto delictuoso que le corresponde a la SSP, a la Marina y a las autoridades de seguridad, lo que veo es que la autoridad de seguridad del estado hace más de lo que le corresponde, pero es un hecho que hay que tomar en cuenta lo que sucede en la comunidad, porque Dzilam se ha convertido en un pueblo sin ley.

“Es necesario saber quién empuja todo esto, porque no son los pescadores, ellos responden a la ambición, porque si hay veda se debe respetar; lo que veo es que dentro de la comunidad hay decisiones que invariablemente denotan que la autoridad está metida y que en Dzilam parece que no existe presidente municipal, no hay ley”, subrayó.

Para subrayar el nivel de violencia que ha generado el comercio de esa especie marina tan codiciada por los mercados chinos, el funcionario afirmó que “lo que vemos hoy en Yucatán (sólo) está ocurriendo en Honduras y Nicaragua, a esos niveles”.

En la costa yucateca, agregó, hay también “un problema fuerte de (pescadores) descompresionados, de ambición, de inestabilidad social”, y exhortó a los verdaderos pescadores locales a que respeten las vedas, pues de lo contrario “en corto tiempo sus familias van a resentir la ambición que están teniendo hoy porque ya no quieren ir al pulpo, ya sólo al pepino de mar”.

 

 

*      *      *

 

–Señora, ¿qué hace usted aquí?

–Sólo vine por un poco de agua –responde la joven mujer, aparentemente sin inmutarse, mientras sigue tallando un pantalón utilizando el brocal del pozo como lavadero.

Sorprendido por la presencia de la intrusa en su terreno, el dueño empieza a inspeccionar su propiedad, en Dzilam de Bravo, y se encuentra con un panorama desagradable: la tapa del pozo ha sido removida, hay basura alrededor, una trusa cuelga donde antes estuvo un madero (lo robaron) que servía para sujetar la polea para jalar agua, hay trozos de jabón y bolsitas vacías de champú tiradas por doquier… En síntesis, su “lugar de descanso” ha sido convertido en un baño y lavadero al aire libre.

Pero al propietario le faltaba ver lo peor. Detrás de la pequeña casa de mampostería, única pieza construida además del baño anexo, hay heces fecales por doquier.

Además, el pasador del protector de hierro que cubre la puerta trasera está roto, igual que la manija de la cerradura y la tabla alrededor de ésta. La parte donde se inserta la llave está prácticamente flotando, pues la madera sido roída con algún objeto punzocortante. Por alguna razón el pasador de la cerradura no fue arrancado ni la puerta abierta, a pesar de que sólo hacía falta un empujón para terminar la felonía.

–¡Me lleva el carajo! Señora –dice el dueño regresando sobre sus pasos–, ¿sabe quién hizo esto?

–No –dice la mujer poniendo la cara más inocente del mundo.

Con preguntas que la invasora responde con monosílabos y frases breves, y con sus observaciones personales, el enojado dueño del terreno ubicado en la salida poniente de Dzilam de Bravo logra averiguar que en la cercana casa de madera que está junto a la playa y que es propiedad del líder panista de Dzilam González, Gregorio Córdova Martín, viven “muchas personas” que ha traído un tal Éduard, sobrino del citado político y quien procedente de Celestún jefatura a un grupo de pescadores que han llegado para sumarse a la pesca de pulpo y, muy probablemente, a la captura ilegal de pepino de mar.

En un descuido del propietario, la mujer “desaparece” para retirarse seguramente al refugio que les ha proporcionado el populista político panista, quien no responde las insistentes llamadas por teléfono celular que le hace el propietario afectado.

A un costado de la casa de madera, tapando la calle de arena que da servicio a los cuatro lotes enfilados desde la carretera hasta el mar y que pertenecen a distintas personas, hay varios bidones grandes para almacenar gasolina, seguramente para las labores de pesca del grupo. El lugar parece un campamento de precaristas, ya no el sitio de veraneo, descanso o paseo que debía ser.

En el colmo de su osadía, el grupo de pescadores “sospechosos” ha puesto candado nuevo a la reja de entrada al camino de servicio, al parecer para evitar la eventual visita de policías.

 

DE LA LETRINA A UN “CHIQUERO”

 

Indignado tras encontrar su terreno convertido en un defecadero maloliente, el agraviado se traslada al centro de la población con intenciones de presentar una queja a la autoridad municipal, pero la situación ahí no es mejor. La terraza frente al palacio municipal está hecha una porquería, con basura, charcos de agua –al parecer de hielo, porque la víspera no había llovido–  y quizá orines por todos lados, e incluso vómitos, todo producto del baile popular efectuado la noche anterior, como parte de la fiesta anual del puerto.

A las 8:30, cuando el dueño del predio invadido y su esposa llegaron al puerto, varios hombres caminaban por las calles en evidente estado de ebriedad, algunos llevando en la mano o en  mochilas botellas de cerveza. Con el auge del pepino de mar el alcoholismo, un mal crónico en el puerto, se ha disparado.

Ahora son casi las diez de la mañana de este domingo, pero el palacio municipal está cerrado completamente, sin siquiera un guardia o vigilante. En un espacio abierto entre la terraza y las oficinas, que al parecer funciona como antesala o recibidor, hay dos mesas y sobre una de ellas está una silla de madera. Parece una visión surrealista.

En un pequeño espacio que da a un corredor cerrado hay varios botes de basura cuadrados. A través de las ventanas y puertas de cristal se puede ver pasillos y oficinas prácticamente vacíos. El abandono es preámbulo del cambio de gobierno municipal, para el cual faltan menos de dos semanas, así que es evidente que ni al alcalde ni a ningún otro funcionario les interesa hacerse visibles, y muchísimo menos en un domingo.

 

“¿HONORABLE?”

 

Son días de la fiesta tradicional del puerto, como ya apuntamos, y el pequeño parque de la plaza principal está totalmente cubierto de puestos, tenderetes y juegos mecánicos que al desaseo y suciedad del área tras el baile sabatino agregan una sensación de desorden y caos. Uno de los arcos que adornan el parque “luce” la inscripción “Honorable Ayuntamiento”, una frase que se antoja por lo menos sarcástica, considerando que, según afirman los propios habitantes porteños, el presidente municipal saliente, Pedro Castillo Reyes, “ya se fue a vivir a su casa de Mérida”, al parecer huyendo del cúmulo de problemas agravados y generados durante su administración.

En el costado norte del parque están las oficinas y cuartel de la Policía Municipal Coordinada. Dentro tres agentes duermen, obviamente desvelados tras haber vigilado el bailongo hasta las cinco de la mañana.

Tras breve espera uno de los agentes escucha al quejoso y toma algunos datos, y ofrece visitar el lugar para constatar el delito y los daños.

Minutos después los tres policías llegan al predio invadido, constatan el basurero alrededor del “baño al aire libre”, los daños al protector, la puerta y la cerradura, así como el reguero de heces fecales. También escuchan las quejas del afectado contra el panista Goyo Córdova, “quien por sus conveniencias políticas siempre deja entrar a gente extraña, pero ahora sí que se pasó” al proteger a presuntos pescadores ilegales.

–Pues no podemos hacer mucho –dice el policía a cargo del grupo–, pero le prometemos hacer más rondines por este rumbo. Vamos ahora a hablar con los ocupantes de la casa de madera que dice usted, para que sepan de su queja y que usted dice que son los principales sospechosos de los daños.

 

UN ORGULLO QUE SE PERDIÓ

 

En el puerto de Dzilam de Bravo, antes un remanso de paz y orgullo de sus habitantes y de la gente de Dzilam González que trabaja todos los días ahí, se respira ahora un ambiente de intranquilidad y soterrada violencia, todos pendientes del próximo enfrentamiento de los policías municipales y estatales, soldados y hasta marinos de la Armada, contra pescadores locales y foráneos que, azuzados por líderes, dueños de congeladoras, aspirantes a capos del crimen e incluso funcionarios estatales, han bloqueado en repetidas ocasiones las dos entradas de la población, y quemado basura, llantas y hasta lanchas para exigir que los dejen pescar pepino de mar fuera de la temporada legal, es decir, violando las leyes federales.

Muchos dzilameños de bien reconocen la negativa transformación que ha sufrido el puerto, saben que el pepino de mar se ha convertido en una desgracia trayendo mucha gente foránea sin escrúpulos –no todos los que llegan son malos, aclaran–, y señalan al alcalde saliente como un elemento que ha agravado la situación.

–Yo soy priista, pero no me queda más remedio que reconocer que en estos tres años con Pedro Castillo Dzilam ha quedado en el abandono. Antes venía gente a visitarnos por la tranquilidad, el pescado frito, la comida, los paseos en lancha a Las Bocas… Ahora mejor que ni vengan visitantes, el puerto está sucio, desordenado, con lanchas hasta en las calles y muchos borrachos andando por todos lados a todas horas –dice Alberto, un tendero de la población.

El pequeño comerciante señala que el alcalde saliente está tan consciente de todo lo malo que hizo, o más bien de lo que dejó de hacer, que mejor ya se fue a vivir con su familia a la casa que compró en Mérida.

–Prácticamente no hizo nada durante su presidencia –agrega Beto–, el puerto está peor que cuando él empezó, y las cosas han empeorado con tanta gente que viene de fuera a pescar pepino de mar. ¡Qué diferencia con Dzilam González, ahí sí que se hicieron obras, hasta dan ganas de irse a vivir ahí! –agrega el porteño en referencia al trabajo del alcalde saliente del municipio vecino, Edwin Roberto Martín Segura, cuya esposa es, por cierto, oriunda de Dzilam de Bravo.

 

PROBLEMA DE DIFÍCIL SOLUCIÓN

 

En Dzilam González las lamentables consecuencias socioeconómicas y el deterioro de la paz en el vecino puerto a consecuencia de la pesca legal de ilegal de pepino de mar son también tema importante de las conversaciones. Las opiniones son divergentes pero todos, o casi todos, coinciden en que el problema es de difícil solución debido principalmente a dos factores: la necesidad de los hombres de ambas poblaciones de ganar el sustento para sus familias –aunque muchos usan el dinero que obtienen mayormente para embriagarse–, y el involucramiento de funcionarios y empresarios chicos, medianos y grandes que quieren enriquecerse todo lo posible y de la noche a la mañana, aprovechando el dinero que vienen a ofrecer los compradores chinos de pepino de mar y sus intermediarios procedentes sobre todo del puerto de Progreso.

–No todo lo que publica la prensa es cierto o exacto –afirma con enojo Henry, quien todos los días va y viene del puerto–. La gente necesita ganarse la vida, y si le ofrecen buena lana por el pepino de mar, pues sale a buscarlo.

–Les dicen a los pescadores que están violando la ley –añade–, pero si hasta gente relacionada con la Policía estatal está en el negocio, ¿cómo quieren que la gente se quede nada más mirando que se lleven los recursos en su cara?

Cuando otra de las personas involucradas en la plática le expone a Henry la necesidad de que la gente respete la ley, y exija también que los demás la respeten, el campesino y pescador repone, molesto: “¿Respetar la ley? ¿Cómo, si la ley se compra y se vende siempre? Los que tienen dinero siempre se salen con la suya aunque hagan cosas ilegales; es más, si tú llegas con tu dinero para comprar al abogado, al funcionario o al juez, llega otro con más dinero y te fregaste. ‘Aista’ mi papá que lo acusó una tipa de que quiere quedarse con el ganado de ella, ya van seis meses y mi papá sigue dando vueltas para demostrar que no es cierto eso de que lo acusan. Como no tiene dinero para sobornos, pues ahí sigue…”

–No nos hagamos tontos –añade Henry–. El 60% al menos de la gente de Dzilam González tiene que dedicarse a la pesca para vivir, la ganadería y la agricultura no pueden absorber a todos los que necesitan trabajar.

–¿Y por eso hay que permitir la pesca ilegal? –le preguntan.

–Pues si están comprando el pepino de mar y hay cómo pescarlo, que más queda, los pescadores tienen que buscar que comer y también su familia. Pero no se preocupen, en cinco años cuando mucho ya no quedará pepino; entonces a ver en qué trabajan y qué comen todos ésos –remata Henry.

 

Dzilam de Bravo, un llamado de alerta a las autoridades

La pesca ilegal de pepino de mar trae descomposición social

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