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Autoridades y empresas coludidas – Contratos abusivos: ¿quién los autoriza?

Por Gínder Peraza Kumán

 

(Este editorial está basado en un testimonio personal.)

Como todos los meses, llego a una de las oficinas de Telcel para hacer el pago mensual de 200 pesos por el plan de servicio que contraté con esa empresa. En la ventanilla, la empleada me sorprende desagradablemente al decirme que mi adeudo es de 400 pesos.

–¿Por qué aparecen 200 pesos más? –le pregunto.

–Es que se le está cargando la fianza anual –me contesta.

Es inútil alegar con ella, que sólo es una empleada, así que por su propia sugerencia pago solamente el servicio normal y paso a tratar de que un “asesor” me explique de dónde surgió el cargo adicional.

El “asesor”, que no es más que otro empleado que se dedica a hacer lo que le tienen dicho que haga –que es pugnar por que prevalezca siempre la razón de la empresa–, me argumenta que ese cobro es porque la empresa “necesita protegerse por si usted deja de pagar su servicio”.

Me defiendo y le digo que, como cualquiera sabe, si cancelo mi plan antes del plazo establecido de, por ejemplo, 18 meses, Telcel me cobrará lo que debería yo pagar en ese plazo, aunque no use yo el servicio. “Pero ahora que no estoy dejando el servicio, ¿por qué me cobran esa fianza?”, le expreso. Y agrego también: “La poderosa empresa se está protegiendo imponiéndome un pago, una fianza por la cual no recibo nada, ningún beneficio; eso es un abuso. ¿Me están invitando a que yo me pasé a otra compañía”.

Total que sigo la sugerencia del “asesor” y lleno un formulario que él me proporciona, para que supuestamente los altos ejecutivos de Telcel se enteren de mi inconformidad. Luego, humillado con el abuso a cuestas, calculando que me saldría peor, al menos en ese momento, optar por otra salida, paso a la ventanilla a pagar el abusivo cargo. Todo me llevó aproximadamente una hora, porque las dos veces que hice cola había numerosos clientes, ¿o víctimas ignorantes?, esperando también para pagar su tributo al archimillonario Carlos Slim.

Si cree usted que 200 pesos no son nada es que, en primer lugar, a usted le sobra el dinero; y en segundo lugar peca de ingenuo, o peor, de ignorante. Con su perdón, me explico.

Si tomamos en cuenta una cifra ficticia pero no improbable de 50 millones de teléfonos celulares que tienen contrato con Telcel, y lo multiplicamos por 200, nos da nada menos que ¡10,000 millones de pesos! Suficiente dinero para comprar conciencias y voluntades en órganos como el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia Económica, la Procuraduría Federal del Consumidor, y hasta las Cámaras de Diputados y Senadores, instancias todas las cuales, o alguna de ellas, debió haber revisado previamente el contrato que Telcel impone a sus contratantes de servicios.

A mí no me advirtieron del pago cuando, ilusionado por el discurso del vendedor, contraté el servicio, pero de cualquier manera esa “fianza” que se cobra a principio de cada año es un verdadero abuso, un robo, una condición arbitraria que genera recursos suficientes para alimentar la corrupción, inmenso mal que, junto con la violencia y la impunidad, tiene a millones de mexicanos envueltos en las miasmas de un sistema cínico y decadente.

Si hubiera tan sólo un funcionario decente en las dependencias encargadas de vigilar la forma en que se redactan esos contratos, él se encargaría de al menos preguntarle a la empresa el porqué de ese tipo de cargo. Pero aparentemente no hay ni uno solo.

Y lo mismo pasa con los bancos, todos ellos sin excepción, que usan y abusan del dinero de sus cuentahabientes y usuarios ocasionales o periódicos sin que autoridad alguna les supervise verdaderamente sus operaciones. Así pueden imponer contratos en los que, usted lo puede constatar cualquier día, establecen que pueden cambiar las condiciones en cualquier momento que les parezca, y con cualquier tipo de aviso mínimo, ya sea por correo, por teléfono, o por un simple boletín que publiquen en cualquier parte.

¿Y sabe usted qué es lo peor de este problema? Que la gran mayoría de quienes aceptan cubrir esos cargos abusivos no se dan cuenta de lo que les están haciendo; y los pocos que sí se dan cuenta se enfrentan al muro inexpugnable de abuso y corrupción que han edificado autoridades execrables y empresas vividoras.

¿A usted le parece bien todo eso?

 

Autoridades y empresas coludidas - Contratos abusivos: ¿quién los autoriza?

Por Gínder Peraza Kumán   (Este editorial está basado en un testimonio personal.) Como todos los meses, llego a una de las oficinas de Telcel para hacer el pago mensual de 200 pesos por el plan de servicio que contraté con esa empresa. En la ventanilla, la empleada me sorprende desagradablemente al decirme que mi adeudo es de 400 pesos. –¿Por qué aparecen 200 pesos más? –le pregunt

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