La General Motors, un ícono de la industria
de Estados Unidos, se acogió ayer a la ley de bancarrotas, agobiada por
deudas que suman casi 173,000 millones de dólares y por la pujante
competencia de los autos japoneses que se han adaptado mejor a los
requerimientos de los consumidores cada vez más exigentes.
En el
fondo de la quiebra está la falta de visión de sus directivos para
cambiar un sistema de producción de automóviles anquilosados en el
pasado, lo que acabó por tumbar a un gigante que, aunque parecía
demasiado grande para caer, entró al siglo XXI con los pies de barro.
Ernesto
Hernández, director de comercialización de GM México, afirmó que no
habrá cierre de ninguna planta en suelo mexicano. También descartó que
el probable cierre de 14 plantas en Estados Unidos signifique un riesgo
de desabasto de modelos o refacciones en México.
Mauricio Kuri,
gerente de relaciones públicas de GM México, manifestó que la quiebra
"es un recurso legal que utilizan las empresas para reorganizarse".
Se
mantiene sin cambios el calendario de paros técnicos anunciados a
principios de mayo (algunos se inician hoy) en las plantas de Silao,
Ramos Arizpe, San Luis Potosí y Toluca.