Internacional
Corea del Sur tiene un nuevo presidente, Lee Jae-myung
Si hay una característica que define a Lee Jae-myung, el nuevo presidente de Corea del Sur, es que es un sobreviviente.
Ha sobrevivido a cargos penales, a un apuñalamiento casi mortal y a la ley marcial promulgada por su enemigo más acérrimo, el expresidente Yoon Suk Yeol. Ahora se enfrenta a la que puede ser su prueba más dura. Debe liderar una nación profundamente dividida a través de enormes desafíos, tanto en el interior como en el extranjero.
Pero es larga la lista de problemas a los que se enfrenta Lee.
La agitación política desencadenada por la efímera declaración de ley marcial de Yoon y su posterior impugnación y destitución ha dejado al descubierto un país profundamente fracturado entre la izquierda y la derecha, entre generaciones y entre géneros. Corea del Sur se enfrenta a la creciente presión de su único aliado militar, Estados Unidos, incluso mientras crece la amenaza nuclear de Corea del Norte. El presidente Donald Trump no solo ha abofeteado la economía surcoreana, impulsada por las exportaciones, con fuertes aranceles, sino que también le ha exigido que pague más para mantener a los soldados estadounidenses en su territorio.
Lee advirtió que el segundo gobierno de Trump introducía “la ley de la selva” en las relaciones internacionales. Pero Lee, de 61 años, quien llegó a convertirse en el carismático líder del mayor partido político de Corea del Sur tras haber trabajado en una fábrica clandestina en su adolescencia, dijo que también estaría a la altura de este desafío, con una “diplomacia pragmática centrada en el interés nacional”.
“Me arrastraré entre sus piernas si es necesario, si eso es lo que tengo que hacer por mi pueblo”, dijo Lee esta semana sobre Trump. “Pero tampoco soy un pusilánime. Corea del Sur también tiene bastantes cartas que jugar en las negociaciones de toma y daca”.
Para Washington, Lee podría representar un cambio brusco respecto a Yoon, quien se enemistó con China y Corea del Norte y alineó a su país más firmemente con Estados Unidos en la competición estratégica entre Washington y Pekín. Yoon también obtuvo el aplauso de Washington por dejar atrás los agravios históricos de su país para mejorar los lazos con Japón, el antiguo amo colonial de Corea.
Lee y otros dirigentes de su Partido Demócrata no están tan entusiasmados con la idea de acercarse a Japón, al que acusan de no haber aclarado las brutalidades que infligió durante su dominio colonial. Lee ha dicho que también intentará reparar los lazos con Corea del Norte y China, el mayor socio comercial de Corea del Sur, al tiempo que mantiene una sólida alianza militar con Estados Unidos.
Esta postura podría hacer saltar las alarmas en Washington. Funcionarios estadounidenses han instado a Corea del Sur a aumentar la cooperación trilateral con Estados Unidos y Japón para contener a Corea del Norte y China. Incluso antes de que Lee ganara las elecciones, Washington lanzó una advertencia.
“Sabemos que a muchos países les tienta la idea de buscar tanto la cooperación económica con China como la cooperación en materia de defensa con Estados Unidos”, dijo el sábado el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Pero “la dependencia económica de China”, advirtió, “solo profundiza su influencia maligna y complica nuestro espacio de decisión en materia de defensa en tiempos de tensión”.
Lee ha rechazado la acusación de sus enemigos conservadores de que era “pro-China” y “anti-Estados Unidos” al subrayar repetidamente la importancia de la alianza con Washington y la cooperación trilateral con Estados Unidos y Japón para la seguridad regional.
“Pero eso no significa que tengamos que enemistarnos con otras naciones”, dijo.
La agitación política de Corea del Sur comenzó cuando Yoon declaró la ley marcial en diciembre para intentar expulsar a Lee y a otras “fuerzas antiestatales” de la Asamblea Nacional, quienes, aseguró, habían utilizado repetidamente su poder mayoritario para obstruir sus políticas. La osada medida de Yoon indignó a los surcoreanos, que inundaron las calles. Yoon fue sometido a un proceso de destitución por la Asamblea y en abril fue oficialmente removido por el Tribunal Constitucional, lo que abrió el camino a las elecciones del martes.
Durante su efímero gobierno militar, Yoon había planeado detener a Lee, según los fiscales. Pero Lee fue el mayor beneficiario político del dramático colapso de la desacertada ley marcial de Yoon, ya que muchos surcoreanos lo veían como el único político con suficientes recursos políticos para dirigir el país.
“La gente está tan conmocionada por la ley marcial y sintió tal amenaza a su democracia que castigar a los responsables fue el tema dominante en las elecciones”, dijo Park Sung-min, director ejecutivo de Min Consulting, una empresa de asesoramiento político con sede en Seúl. “Todos los posibles recelos que la gente pudiera tener sobre la política exterior y económica de Lee Jae-myung y sus problemas legales pasaron a un segundo plano”.
Lee asume el cargo bajo una profunda incertidumbre legal. Ha sido juzgado por varios cargos, entre ellos acusaciones de soborno y violaciones de la ley electoral, y se debate si los procedimientos deben continuar o aplazarse hasta después de su mandato de cinco años. Sus críticos conservadores lo han acusado de utilizar las elecciones como escudo contra sus problemas legales. Lee insiste en que los cargos penales que se le imputan carecen de fundamento y tienen una motivación política.
Las opiniones ampliamente divergentes sobre los problemas legales de Lee son emblemáticas de la polarización política de Corea del Sur, la cual se ha acentuado en los últimos años. Independientemente de quién ganara las elecciones, una gran parte de la población no habría aceptado el resultado. Lee prometió aliviar el problema mediante el fomento de la “unidad nacional”.
Ha dicho que no buscará venganza política, pero la oposición de derecha se ha mostrado escéptica, y ha citado algunas de las palabras de Lee. Ha prometido “descubrir” y “castigar” a quienes colaboraron con Yoon en su declaración de la ley marcial.
Casi todos los predecesores de Lee intentaron reforzar su control político al investigar a los presidentes que les precedieron en nombre de la “liquidación de los errores del pasado”, una frase habitual en la política surcoreana. Esto ha creado un círculo vicioso de venganza política. De los nueve presidentes que han ocupado el poder en el país desde 1980, seis se han enfrentado a duras represalias políticas: dos fueron expulsados de su cargo mediante un juicio político, y cuatro fueron condenados por cargos penales y encarcelados después de dejar el cargo. Otro expresidente se suicidó mientras era objeto de una investigación penal.
“Será difícil para Lee Jae-myung encontrar un equilibrio: por un lado, debe castigar a los implicados en la insurrección durante la ley marcial y, por otro, debe evitar que parezca que se entrega a una venganza política”, dijo Ahn Byong-jin, profesor de ciencias políticas de la Universidad Kyung Hee de Seúl. “Probablemente asuma el cargo en un momento más difícil que cualquier otro líder surcoreano en los últimos años”.
En última instancia, Lee será juzgado por su desempeño en la reactivación de la economía surcoreana, según los analistas. Los surcoreanos señalaron que la solución de la crisis económica es la tarea más urgente del nuevo líder.
“Las elecciones se centraron en castigar la ley marcial”, dijo Shin Yul, politólogo de la Universidad Myongji de Seúl. “Pero lo que más desea el pueblo es estabilidad y una mejor economía”.