Editorial
Shagra VS Milpa – Ernesto Adair Zepeda Villarreal
Shagra VS Milpa
Ernesto Adair Zepeda Villarreal
Fb: Ediciones Ave Azul X: @adairzv YT: Ediciones Ave Azul Ig: Adarkir
Uno tiene una mirada un tanto chauvinista del mundo más por falta de perspectiva que por nacionalismo. Pasamos bastante tiempo asumiendo que el entorno dentro del que existimos es el centro natural de las cosas, que la comida que degustamos es la mejor sazonada, que las personas que conocemos son las más increíbles. Y aunque por un lado no deja de ser cierto, parcialmente, en otro sentido es de lo más falso. La ignorancia es valiente, reza el adagio. Uno de los mitos más propios de nuestra cultura, centralista hasta en el nombre, es que poseemos uno de los espacios más biodiversos de la geografía, trasladado a las prácticas culturales de la identidad rural. Aunque no es del todo cierto. Antes de que me crucifiquen, tampoco niego la relevancia cultural, y su enorme papel en los sistemas agroalimentarios de millones de personas en nuestra zona (México-Guatemala), pero la milpa no es el gran espacio que muchas veces se endiosa desde la academia. Tranquilos con las antorchas. La milpa se define como un espacio bio-cultural que provee de alimentos, vinculado a la tradición alimenticia y cosmogónica de los pueblos indígenas-rurales de Mesoamérica. Y tiene la peculiaridad de que suma básicamente tres cultivos esenciales (maíz-calabaza-frijol) y algunos secundarios dependiendo de la precisión geográfica (frijol, chile, chilate, etc.).
Estudiar la milpa es por demás complicado, ya que no existe ni un arreglo, formación topológica, técnica o práctica, que sean homogéneas, transversales, lo que la hace un fenómeno bastante rico en su perspectiva social, pero terriblemente difícil de analizar de manera agregada. Y hasta allí está bien, supongo. Dos problemas hay asociados. El primero es que muchas veces no hay consistencia con el uso de la palabra, ya que milpa es también una palabra genérica aplicada al cultivo de maíz, y hay regiones donde ni siquiera es material nativo. Descarnada, la palabra ha perdido un tanto de significancia mística para pasar a ser una curiosidad lingüística de las zonas rurales. El otro problema, es la dimensión política, ya que la milpa (la genuina) se asocia con la pobreza debido a que es un espacio no intensivo enfocado a la provisión de alimentos y no a la productividad. En esos temas no planeo meterme por sanidad mental.
Pero lo que atañe a este tema no es la milpa, sino la shagra, o chagra. Al igual que la milpa mesoamericana, la shagra es un espacio biocultural relacionado a las poblaciones indígenas, pero del lado de los incas. Es un jardín o huerto donde caben una infinidad de especies, más de gusto que de identidad (aunque no está peleado). Mientras la milpa ha mantenido el sistema de tres cultivos básicos, la shagra es una especie de anarco-capitalismo donde lo que crece, meceré estar. Se encuentran allí especies rituales, frutas, verduras, granos y leguminosas, pero también arboles y plantas de ornato. He allí una primera diferencia que aclarar, porque la milpa es un espacio delimitado, y el solar, o jardín familiar, es otro, donde hay especies medicinales y de alimentos fundamentales para la familia. Ambos espacios a veces convergen en el trabajo familiar, pero a veces hay una notoria diferencia de género. En la shagra, el espacio es el mismo, es familiar, y no hay un trazado u orden en la simbra, más que la conveniencia o las fechas ideales de cada especie. Ahí es justo decir que hablamos de dos espacios muy diferentes con objetivos distintos. Otra diferencia es el manejo del maíz en sí. Como buen mexicano, sabemos que la identidad nacional se vincula a lo materiales criollos, y hay un orgullo en su preservación, en su pureza. No así en Colombia, donde yace aquel curioso espacio que nos avoca. En la shagra, el maíz se conserva por colores, gustos, y el goce de la diversidad… para ser mezclado anárquicamente cada cierto tiempo. Aunque el sentido es profundamente biológico, para evitar el empobrecimiento genético, mi mexicanidad simplemente no puede aceptarlo. La milpa es un espacio sistemático, tradicional, de preservación de una línea pura que acompaña a la sangre de cada familia encargada. Y resulta que muy diversos y todo, pero no hay una fidelidad casi religiosa a la genética del maíz por parte de los shagreros. Fura de eso, ese huerto cosmogónico, independiente y altamente contestatario rivaliza en alguna manera con nuestra milpa, para bien o para mal. No queda en mí juzgar, solo se testigo de las diferencias.