Editorial

Un canon en la Literatura infantil y juvenil – NORMA SALAZAR

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Un canon en la Literatura infantil y juvenil

NORMA SALAZAR

normasalazarr68@gmail.com

El siglo XIX fue declarado un siglo de adaptaciones o reescrituras del libro Robinson Crusoe (1719),  “imitaciones serias” de todo tipo en su mayoría de publicaciones que lo único que informan con el original es el nombre, como La familia Robinson suiza (1812), Escuela de robinsones (1882), El Robinson italiano (1896), entre otros permanece el modelo roussoniano del buen salvaje.

Otro enfoque de análisis, el sostén en la ocupación educativa de la Literatura Infantil y Juvenil ha estado presente en mayor o menor difusión y distribución hasta nuestros días.

El territorio de la literatura infantil y juvenil donde concretamente todo es posible como señaló la autora Deborah Stevenson a discrepancia de lo que acontece con las obras clásicas de la literatura universal, los clásicos de la literatura ha sufrido un sin fin de adaptaciones textuales e intralingüísticas como extralingüísticas. La autora refiere a clásicos juveniles pertenecientes a la literatura en donde algunos especialistas de la literatura infantil y juvenil han llamado literatura conquistada desde una representación de los estudios polisistémicos, a medida que iba perdiendo su status de canon al convertirse en una literatura para la juventud sin antes leer una serie de mutaciones que creemos haber leído en nuestra infancia en libros: Moby Dick, Mujercitas, Los tres mosqueteros, Guillermo Tell, La isla del tesoro, Robinson Crusoe, Las aventuras de Tom Sawyer, Oliver Twist, El último mohicano, Ivanhoe.

A la luz de la exhaustiva clasificación de las prácticas hipertextuales propuesta por el crítico y teórico literario francés Gérard Genette en el marco de las correspondencias entre los regímenes juicioso, lúdico, sarcástico y las relaciones de metamorfosis e imitación, toda alteración textual  incluida la traducción, forma parte de uno de estos ordenamientos:

Satírico

Transposición

Travestimiento

Pastiche

Parodia

Imitación.

El educador sueco Göte Klingberg, propuso de forma llana en la literatura infantil el siguiente ordenamiento de las “manipulaciones”, localizó en la literatura infantil y juvenil  ajustes culturales, innovación, aportaciones referentes  estilísticos en desuso, lustración en adaptaciones acorde a los valores morales de lectores potenciales, censura directa y reajustes textuales.

La adaptación de obras literarias a los intereses y capacidades de diversos tipos de lectores se inició en el siglo XVI por medio de los llamados chapbooks, liquidaciones de baja calidad en las ediciones de una extensión de entre 4 y 24 páginas, reducían obras populares de todo tipo desde narrativas religiosas e históricas,  fábulas y cuentos tradicionales alcanzaron producciones masivas a partir del siglo XVIII. John Newbery, editor británico apreciado dentro de la literatura infantil fue el primer editor innovador de literatura infantil y juvenil. Recurrió a numerosas características de los chapbooks como las ilustraciones o el precio accesible, llegó a vender miles de obras dedicadas a la infancia a lo largo del siglo XVIII bajo el antecedente de John Locke de abrir la puerta una educada formación moral para la niñez, a través  de obras asimismo pedagógicas e interesantes.

La escrupulosa selección de los libros infantiles de los que debían ofrecer a las bibliotecas públicas, mientras que las obras eliminadas al no cumplir los diferentes cánones de corrección educativa del siglo XX. Se encontraron títulos conocidos como: Pippi Calzaslargas de Astrid Lindgren, obras de Enid Blyton y de Roald Dahl, esta censura fue desacertada, ya que ausentes de las bibliotecas, las  obras fueron expuestas y vendidas en librerías como si fueran golosinas.

Censuras efectuadas en las obras de Dahl llevaron implícito un indudable menosprecio del entendimiento crítico de los lectores jóvenes, sin duda capaces de discernir entre lo que está bien y lo que está mal. A manera de ejemplo estimable lector, ilustremos una de las obras de  Roald Dahl traducción al castellano, La maravillosa medicina de Jorge.

El niño Jorge vive en una granja con sus padres y su abuela que lo tiene harto del mal humor y egoísmo, asimismo de su actitud hacia él. Toma una decisión de crear una medicina “tan especial” para acabar con la abuela, curarla o lo que resultará de su invento medicinal. Jorge tiene en la mano  por error la taza, la confunde con la taza de té, para sobresalto de él y de la señora Kranky y  deleite del señor kranky se bebe toda la taza, acto inmediato la abuela se encoge demasiado hasta desaparecer por completo.

La generalidad de las obras de Dahl vira en torno a una sola temática que puede sintetizar como las historias de niños rodeados de adultos indolentes y totalitarios que deciden protestar y desobedecer las reglas sociales. No andan en mundos llenos de brujas, gigantes, brebajes mágicos, comarcas ficticias, emociones y aventuras de los que no siempre alcanzan salir ilesos.

Termino ávidos lectores, se continúa con torpeza la nueva moralidad de reescribir las perspicaces obras del británico Roald Dahl para desaparecer concluyentes sesgos que no excluyen la carga heterodoxa, subversiva y colmada de humor en su literatura.

La literatura de aventuras del siglo XIX no eliminó sus aquietadas narrativas colonialistas y racistas, aunque la literatura infantil y juvenil siempre fue un campo próspero para experiencias literarias de todo orden, y esta no ha sido sino otro cauce más de un prolongadísimo camino literario.

 

 

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