Editorial
Sinsabor – Lorena Careaga Viliesid
Ladro luego escribo
Sinsabor
Lorena Careaga Viliesid
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Siempre, cuando pasaban delante de los puestos, le preguntaba a ella si quería algo. Ella invariablemente respondía “Un beso”, y él, sonriendo, la complacía. Era un beso rápido que podía pasar desapercibido. El pescadero, no obstante, los observaba. Aquel roce de labios le parecía provocador, llamaba a la envidia y a la nostalgia. Como la punta de un iceberg, el intercambio lúdico revelaba lo que había debajo y más allá: madrugadas de sexo, café compartido con vista a las montañas, silencios que sobrepasaban las palabras. Entre tanto, ellos, alegres aventureros en pos de hallazgos deleitables, compraban aceitunas negras, té de la India, algún queso de sabor exótico.
Un día, después de tres semanas de ausencia, él volvió solo al mercado. Al pescadero le pareció que el lenguaje de su cuerpo había cambiado, se había vuelto más lento, menos brillante y vital; su mirada vacía se detenía indecisa en la fruta, en la verdura, en la mariscada recién salida del mar. Sin que hubiese comprado nada de aquello, el pescadero lo vio entrar a la licorería. Una discreta banda negra rodeaba su brazo izquierdo.