Editorial

Testigo – Lorena Careaga Viliesid

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Ladro luego escribo

Testigo

Lorena Careaga Viliesid

escribe@malixeditores.com

El Señor Xólotl entraba y salía de las habitaciones azules como perro por su casa. Se había acostumbrado al filoso aroma de la trementina, de las pinturas y la linaza, y husmeaba despreocupado entre los lienzos aún frescos. En uno de ellos, la humana objeto de su amor lo había retratado junto a ella y al mono araña Fulang Chang.

            A veces prefería la tranquilidad del estudio, donde un humano muy distinto escribía cartas y se sumergía en sus ideas. Había llegado hacía varios meses, irrumpiendo en la atmósfera cotidiana y provocando una tensión a la que el Señor Xólotl por fin había logrado habituarse. Aunque olía diferente y emanaba de su cuerpo una violencia contenida, el Señor Xólotl confiaba en él y se dejaba acariciar detrás de las orejas. Cuando le hablaba con aquellos sonidos extraños y guturales, era como si cada sílaba susurrada bailara en el aire y tejiera hilos invisibles en su corazón, y eso lo relajaba.

Una tarde, otro humano que también amaba a los perros y cuyas visitas se habían vuelto habituales, entró al estudio empuñando un piolet.

El Señor Xólotl percibió la muerte y luego el golpe. Se acercó despacio a lamer la sangre que goteaba desde el escritorio.

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