Editorial

Pipitskanimej, Golondrinas de Eugenio Valle Molina

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Pipitskanimej, Golondrinas

de Eugenio Valle Molina

 

Icela Lightbourn Soto

Agosto 21, 2025

Casa del Poeta

 

Kualitiasij

Kualitiasij

 

Bienvenidos sean, en náhuatl,

(según mi traductor de Google).

 

Hoy estoy aquí para celebrar Pipitskanimej, Golondrinas, un libro de breversos en náhuatl y en español del poeta, mi amigo y maestro, Eugenio Valle Molina y lo haré, principalmente, leyendo sus palabras.

Chiknaui

p.60

(Leer en náhuatl)

En casa intenté leer en voz alta, en náhuatl, algunos de los poemas de Pipitskanimej, Golondrinas. No está nada fácil. Pero me es fascinante notar la frecuencia de la “y”, de la “k” y la “x” en esa lengua; seguro marcan un ritmo, una sonoridad distinta que vive en el alma del poeta. Eugenio me dijo que escribe en náhuatl y en español, de manera indistinta, según el impulso del poema. Al pensar y escribir en dos lenguas, Eugenio lleva dos mundos en su interior.

Regreso al poema Chiknaui,  que significa número 9 (lo vuelvo a leer en español).

El poema provoca en mí una explosión de amor a la naturaleza. ¡De qué manera se embellece a un colibrí nombrándolo “gota de sol”!  Esta imagen metafórica no solo se ve, se siente. Un colibrí en la copa de un árbol, para mí, será siempre una gota de sol que me hace muy feliz.

En una entrevista, Conversaciones con Borges, 1984, Jorge Luis Borges dijo: “la poesía es un hecho poético. Hecho poético que se produce cuando el poeta lo escribe, cuando el lector lo lee, y siempre se produce de un modo ligeramente distinto”. En otro pensamiento más de la entrevista Borges dice: “La materia de la poesía -si es licito que usemos esta metáfora – vendría a ser la emoción.”

Siguiendo estos pensamientos, leo algunos versos más de Pipitskanimej, Golondrinas, ya solo en español, con el afán de mostrar cómo se logra el hecho poético del que habla Borges, cómo la emoción me invade en cada uno de ellos.

Luna llena

p.44

Es un esbozo que debería dar paz o contento, es lo que evoca esa escena idílica. Pero, surge mi emoción y como mi mamá murió hace pocos años, suspiro, me pongo triste y deseo estar en esa escena, con ella viva, viéndola dormir.

Entonces, como dice Guillermo Samperio en la contraportada del libro, sin fuegos artificiales, sin tormentas eléctricas, este Breverso me estremece.

Paseo en Cuetzalan

  1. 30 y 31

Con las primeras estrofas, seguí el dulce paseo de la pareja, se me antojó visitar Cuetzalan y sus alrededores, pero la última estrofa, como un remolino de mar, me jaló a un fondo de dolor. La selección precisa de palabras sugiere y es suficiente para intuir el fin: el café, la luna, el vaso de cristal, el tequila, todo lleva a la nostalgia. La nostalgia que la RAE define como recuerdo de una dicha perdida. Cada palabra es una pincelada del triste cuadro final que forja este poema.

Serenata

p.37

Para los que somos de la vieja ola, los que tuvimos a un pretendiente o novio al pie de la ventana, el título nos lleva a ese evento. Pero, en el poema, con esa brevedad que domina Eugenio Valle Molina, el momento es distinto y aún más tierno: es un encuentro bajo los árboles, tal vez de Cuetzalan. Aquí la serenata es para la pareja.  El verso, “para nosotros”, lo hace personal e íntimo; los grillos y la luna son solo para ellos.

Es importante añadir que esta conjunción poeta, lector, emoción se da ya que Eugenio conoce y sabe utilizar las estrategias literarias para poetizar su vida y su entorno, con su personal ritmo y sonoridad. Es una voz íntima y potente a la cual hay que estar abiertos y dispuestos a zambullirnos y así, compartir su mundo.

Aroma

p.38

Por favor, cierren sus ojos y déjense llevar por el Breverso.

Es una sugerencia; yo cierro los ojos y estoy ahí, veo a la mujer; no importa si es la madre o tía o hermana hincada en su metate, no importa, ahí estoy y ya me invade del aroma del café en un entorno de paz. Espero que ustedes también hayan logrados su imagen.

Verano

  1. 41

Leo y pienso: claro, el verano es luminoso, aunque llueva. Con palabras precisas, el poeta construye la estación, como lo hacen los haikus japoneses. Tuve un profesor, poeta, Jorge Lujan, quien decía que logras escribir algo valioso cuando no es lo esperado como la hermosa metáfora de este poema: “rueda la lluvia”.

Golondrina

  1. 51

Este Breverso es una metáfora de todo lo que significa la llegada de una golondrina: es la renovación, es ciclo de vida, es belleza y, sobre todo, a pesar de los pesares, a pesar de tribulaciones que pueden ser las nubes, la golondrina es el rayo de luz y la luz es esperanza.

Tal vez explico mucho. Esto es para puntualizar el efecto: algunos poemas me llevan a la alegría, a la sensualidad o a la esperanza, Pero, también a la melancolía, por ausencias y soledad.

Kaxtolomeyi – 18

  1. 64

La muerte es eterna, esa pérdida también. La metáfora de la piedra en el corazón es tan efectiva como “la gota de sol” del primer poema que leí, el del colibrí que es una gota de sol, pero con la emoción contraria: es triste, muy triste y puedo ver la piedra sobre el corazón.

En los poemas de Eugenio los sonidos, los aromas, las presencias invaden el alma y claro, nos llevan a Cuetzalan, a su gente y a las entrañas del autor y a muchas emociones.

Reitero, leer siempre será un acto personal al que llevamos todo nuestro ser. No fue lo mismo leer a Romeo y Julieta a los quince que a los treinta que a mis sesentas… esto sin duda.

Entonces, para mí, leer hoy algunos poemas de Pipitskanimej, Golondrinas es la emoción de degustar un buen vino tinto, no más bien un exquisito mezcal de la tierra de Eugenio, que, aunque yo no sea experta, mi boca reconoce su grandeza, y, su efecto, va directo al alma.

Creo que ya se habrán dado cuenta de que los poemas de Eugenio Valle Molina me conmueven. Así que cierro confirmándole al poeta, mi amigo y maestro, Eugenio Valle Molina, que claro que encuentro esperanza para vivir cada amanecer, si puedo extender mi mano, tomar tu libro Pipitskanimej, Golondrinas, y volver a leer…

Por favor, Eugenio, no pares de escribir.

Cariño y gratitud también para ti.

A los presentes, gracias por estar aquí y los invito a leer este libro, que logren su propio hecho poético y queden colmados de emoción.

Tlaskamati, tlaskamati.

Gracias en náhuatl.

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