Editorial

EL VERBO DEL DÍA- Alberto Hernández

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EL VERBO DEL DÍA
**Alberto Hernández**
**a mi abuela Gregoria Orozco**
1.-
Atrapada por el humo la mujer desenvuelve las horas.
Un ruido proveniente del amanecer inclina la balanza de los árboles.
Entonces sale del recinto y encara la tormenta.
Ella, la negra de su heredad, de una cercana esclavitud,
Ahora es dueña del horizonte que mira con los ojos rotos por el fuego.
La mujer, de piernas torcidas por la artritis,
Sube al lomo del caballo ayudada por una pequeña silla de apoyo.
Es pequeña, decidida, con un rebenque en las manos.
Entrecierra los ojos e imagina el número de aves que sobrevuelan el anuncio de la lluvia.
2.-
Habla con fuerza. Los verbos que usa rasguñan con el temple de su mirada.
También es dulce con las manos cuando acaricia el rostro de sus niños.
La mujer se desnuda en la oscuridad
Y un olor venido de otros años se instala en la habitación.
Siente el malestar en los huesos, la mordedura de la artritis,
La posesión inevitable de unas punzadas que la sientan mientras llega la noche.
3.-
Se hizo muy vieja. Las paredes fueron sus mejores aliadas.
Se agarraba de ellas como quien se agarra de una soga para evitar la muerte.
Sus madrugadas eran sueños ruidosos.
Los dolores, los medicamentos inundaban con un olor de hospital en la sombra.
Y ella hablaba dormida. Se quejaba como un niño bajo un árbol seco.
Las mañanas siempre llegan con el postigo abierto.
Entonces se sentaba en el lecho. Miraba sin mirar con el ojo bueno que le quedaba.
Y sonreía porque sabía que el dolor estaba allí.
4.-
Yo no quise ir a su muerte.
Me hizo jurar que no miraría su última cara y pronunció su nombre
Como si ya fuera lápida su cuerpo: Gregoria Orozco.
No quise saber que su silencio habría de silenciarme para siempre.
Pero me la imagino subida en el caballo,
Con las manos en las bridas, con los pies desnudos y las espuelas calzadas
Detrás de un animal invisible.
El verbo de cada día estaba sujeto a cada bocanada de silencio.
Ella hablaba y las bestias del monte recrudecían sus voces.
Hasta que el tiempo lo borró todo,
La casa es una ruina donde habitan animales en vuelo
Y una santa calva que mira desde un altar indeciso.

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