Editorial

Todas mis edades – Por Adriana Cisneros Garza

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Todas mis edades

Por Adriana Cisneros Garza

 

A las mujeres que invocan su sabiduría ancestral

  

Hermana: te he visto hacer magia en el jardín, cada vez que curas a las flores y a las plantas que amenazaban con morir. He observado cómo bailas cantando y riendo, desbordando felicidad, sin zapatos, en contacto con la tierra, escarbando con tus dedos para dibujar una veredita. Sé que floreces y sangras en ciertas lunas, y que te envuelves en un rebozo negro, para olfatear vapores medicinales que desinflamen tu núcleo. Me deleito con tus pócimas curativas, y los alimentos balsámicos en forma de té o ensalada con ingredientes de la milpa. Llevas en los ojos la hechicería blanca de las primeras, y en tus labios el cantar de mágicos conjuros que silbaban los señores. Tus manos borran las dolencias del cuerpo, soy testigo de cómo te transformas, y alada, te adaptas en cada reto o decepción. Confirmo y honro la intuición que te alerta, cuando algo no está bien… eres bella en cada reencarnación, en cada ciclo, acompañada de manadas de lobos, grupos de aves, gatos negros y canes de pupilas escarlata. Cuando nos encontramos en la orilla del río sinuoso, sabemos ambas que podemos contar la una con la otra, despojarnos de la capa, descansar por un momento del disfraz humano, y sobre todo, mostrar abiertamente ante los incrédulos, nuestra escencia pura, que a veces el mundo nos quiere arrebatar, por levitar y ser como las que ardieron injustamente, en una hoguera.

 

Fin.

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