Editorial

Hanal Pixán – NORMA SALAZAR

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Hanal Pixán

NORMA SALAZAR

normasalazarr68@gmail.com

La celebración del día de muertos es un suceso importante, simboliza uno de los momentos destacables por la sociedad en conjunto, se reúnen entorno a la remembranza de los difuntos, asimismo lleva a cabo un orden de objetivos para ratificar los hechos de conducta habitual que sistematizan la coexistencia de la sociedad. Estos actos tienen importancia en desiguales ámbitos: en lo familiar, el hogar, en el panteón sin  perder de vista a la religión. Un ejemplo claro es la festividad del Hanal Pixán que realizan las poblaciones de las comunidades de Hecelchakán, en específico el territorio de Pomuch, ésta ceremonia adquiere un hecho único: el ritual de la limpia de muertos.

La festividad de día de muertos en Pomuch, Campeche tiene una peculiaridad, sus habitantes exhuman y limpian los huesos de sus difuntos, un ritual conocido con el nombre de Choo Baʾak, sus restos son preparados con un insondable respeto, devoción y amor durante el Hanal Pixán (comida de las ánimas), es la conexión con sus difuntos.

El Hanal Pixan expresa un sentido de  vivencia desde la perspectiva del inframundo, fundado en el ámbito ancestral e imaginario de la civilización maya  conjuntamente con el  sincretismo católico  en particular con la espiritualidad entre los pobladores de Pomuch.

Acompañada por la primera lluvia del mes de octubre, durante el inicio del temporal con la nueva cosecha del maíz se preparan los pobladores de la comunidad  para visitar los cementerios y evocar el sentido de la otra vida de sus muertos. Las sociedades indígenas en Mesoamérica han demostrado  que coexiste una relación estrecha por el culto a los muertos y las disímiles fechas del ciclo agrícola con sus complejas celebraciones en las circunstancias que sean  exhortadas.

Este ritual emprende con la cosecha del maíz criollo antes del temporal, es decir, refiere a un alimento primordial en las culturas mesoamericanas, asimismo un uso instrumental agrario común al igual su proceso del molido y consumo. La creación del mundo y del hombre de maíz surge explicada en el Popol Vuh, mientras pasa el tiempo cíclico de cimentación y decadencia del universo por el dios supremo.

“A continuación vino la adivinación, la echada de la suerte con el maíz

y el tzité.-¡Suerte! ¡Criatura!, les dijeron entonces una vieja y un viejo.

Y este viejo era el de las suertes del tzité, el llamado Ixpiyacoc. Y la vieja

era  la adivina, la formadora, que se llamaba Chiracán Ixmucané.

Y comenzando la adivinación, dijeron así:-¡Juntaos, acoplaos! ¡Hablad,

que os oigamos, decid, declarad si conviene que se junte la madera

y que sea labrada por el Creador y el Formador, y si éste [el hombre

de madera] es el que nos ha de sustentar y alimentar cuando aclare,

cuando amanezca!

Tú, maíz, tú, tzité; tú, suerte; tú, criatura: ¡uníos, ayuntaos!

les dieron al maíz, al tzité, a la suerte, a la criatura.

¡Ven a sacrificar aquí, Corazón del Cielo; no castigues a Tepeu

y Gucumatz!”

El maíz simbolizaba la carne con que fue hecho el ser humano, la notabilidad de los muertos en el culto agrícola registra sucesos de la interpretación en sucesos  referente a la cosmovisión y la vida ritual en Mesoamérica.

Termino ávidos lectores, para la civilización maya la muerte era un proceso natural que formaba parte del ciclo cósmico y  este proceso no era el fin, sino un inicio a la inmortalidad del alma, donde viajaban al Xibalbá (inframundo), o al cielo sea cual fuera su motivo de muerte. La tierra solo era un espacio de encuentro, donde se resolvía la dualidad vida-muerte.

 

 

 

 

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