Editorial
La voz del lápiz – NORMA SALAZAR
RADIOGRAFÍAS
La voz del lápiz
NORMA SALAZAR
normasalazarr68@gmail.com
Su figura modesta y rústica con materiales humildes se presenta de forma servicial, pero imponente para vislumbrar la genialidad del lápiz. Aunque simple y común un lápiz puede ser tan oculto e insólito como una batuta asombrosa que se desgasta por abajo. El lápiz no fue creado por una persona, todo lo contrario es la suma de fragmentos esparcidos de discernimiento, conocimiento por separado, resulta incompleto hasta contradictorio, pero unido puede formar una herramienta tan sencilla compleja. La historia y evolución del lápiz data a la Edad de Medioevo, periodo en se utilizó una brocha nombrada penicillum (pincel), como tal el grafito enfundado en una envoltura de madera. El siglo XVI, el alemán Conrad Von Gesner en el año 1565 elaboró un instrumento, un descubrimiento imprevisible. Cuando descubrieron una mina de grafito en Borrowdales, Inglaterra, Von Gesner nombra al elemento de antimonio, posteriormente lo llamó grafito como hoy lo conocemos. Ahora bien, en el siglo XIX, la fabricación del lápiz se generalizó gracias a la aplicación de anilina, para el siglo XX, el año 1915 se concibió el portaminas o ever Sharp pencil con una punta, asimismo el bolígrafo son herramientas para escribir por excelencia.
Palabras, diversos afanes humanos penden de los lápices con gomas, garbos a ellos se escribe y se borra las palabras que comunican narrativas; observar escrituras o reescribir durante un tiempo es otra comunicación a través de una herramienta simple, mientras que con las nuevas tecnologías se eliminan, es lo que hacen las computadoras con la tecla de suprimir sin dejar un borrador.
La era digital, el Internet jamás podrá desplazar al lápiz, el lenguaje del lápiz es único y especifico. El lápiz es más cercano; al escribir y borrar se observa lo más recóndito. Cuando es inadmisible coger el lápiz entre los dedos y es una necesidad acudir a los portalápices que brotan los recuerdos, tales como: quién se lo obsequió, dónde lo compró; las primeras escrituras en una hoja, libreta, etcétera. Los lápices son un testimonio histórico, en pleno siglo XXI conviven en nuestra cotidianidad, acompañan los altibajos del ser humano.
El poeta emeritense Raúl Renán, a temprana edad convivió con un lápiz bien afilado.
Lápiz
“Empujar el lápiz abre un surco en el que mágicamente brotan figuras con sentido particular y, asociadas con otras semejantes, producen significados más amplios. Este juicio de los lapicistas ortodoxos es negado por sus contrarios que opinan que el lápiz tira de la mano para escribir o dibujar lo que venga en gana a su mente de palo. Aún no se acepta del lápiz su aspecto de garrote de la escritura. Apela a los períodos; atranca el curso de la frase y hace cansino el efecto de las leyes gramaticales. Se yergue sobre sí y camina como autómata pendular con su único pie. Es el único andante que deja huella con historia en la cual se lee la intención de su andanza no siempre indigna no obstante que lleva una vida arrastrada. Aloja en su cabeza el recurso de poder borrar su arrepentimiento.”
La Apología del lápiz de Arnoldo Kraus, CONACULTA, (2011) inició con el primer lápiz, siguió con el segundo, después con el tercero y así hasta llegar al último que usó. Su primer lápiz lo guardó en una caja de puros con el resto. Las medidas de éstos lápices son de 3 y 5 centímetros, la mayoría la goma acabada, en casi todos sólo quedaron vestigios de letras, comentó Kraus: “mount”, del hotel Paramount; “lland”, de Holland; “odin”, del museo Rodin, y “oga”, en un lápiz amarillo y gordo, es decir, un My First Ticonderoga, a la postre, mi lápiz preferido, no sólo por los sabores y sinsabores propios de la nostalgia, sino por su grosor, su firmeza y por lo mucho que me ha acompañado”.
Apología del lápiz, afirmó: “¿Se sufre por un lápiz moribundo? Guardarlo o tirarlo es parte de la vida. Aunque la costumbre, que en ocasiones no es otra cosa que inercia, sugiere tirarlos en vez de guardarlos, yo los guardo. Guardar forma parte de la nostalgia y de la melancolía: entre ellas se retroalimentan y comparten rincones. Algunas personas guardan por ser nostálgicas y algunos nostálgicos guardan para alimentar su melancolía…”
El lápiz no sólo es lápiz como objeto acompaña al papel para dar escritura, son un alma en hojas, libros, libretas de notas conforman parte del tiempo. La escritura fluye como un testigo del tiempo para convertirse en memoria. Un lápiz es parte de un ser humano donde se van acompañando las ideas se van conformando las palabras, parte esencial del razonamiento, dependen de ellos crear. La otra disciplina visual depende de un lápiz y parte de la lectura y la relectura de los libros son a través de los lápices escritos, dibujados en hojas, en pegatinas, en servilletas. Gracias a los lápices los libros se leen y el lector se ennoblece a través de la lectura, la observación, observa acontecimientos y algunos cuestionamientos.
Leer, contemplar las páginas de los libros por medio de los lápices es echar un vistazo al vasto universo para admirarlo.
Termino ávidos lectores, el lápiz es un instrumento poderoso que simboliza la creatividad, la corrección y la capacidad de recrear mundos imaginables. Asociado con la escritura de la propia vida, el aprendizaje a través de la corrección de errores y la pujanza que germina de las dificultades y alegrías.