Editorial
El significado de luz en la poesía – NORMA SALAZAR
RADIOGRAFÍAS
El significado de luz en la poesía
NORMA SALAZAR
normasalazarr68@gmail.com
Un viento suave palpa mi semblante
elevo palabras al sol,
luz interna de mi alma
brotan emociones.
Recompensa infinita
que eleva mi risa,
primorosa luz que se desborda
en los laberintos de mi ser.
Norma Salazar
El Génesis, dice: “Y dijo Dios: hágase la luz y la luz se hizo”, referente a la luminosidad. Ahora bien, más allá de la perspectiva íntima, la luz en el género poético trastoca ligeramente lo astronómico y lo universal utilizando metáforas en las travesías, el asombro, lo humano, la psique y la conciencia a través del lenguaje y la condición efímera del ser humano ante la extensión del cosmos.
La luz es un conector escritural, es decir, puede establecer un enlace entre el poeta y el universo a plenitud para crear el poema en completa armonía con el mundo, la luz es una revelación de la realidad que espera forjar imágenes, símbolos en palabras correctas.
Asimismo, la “luz” es una palabra que protagoniza una connotación establecida en el poema, porque es un catalizador de pulsiones, sentimientos, en diversas ocasiones es corolario del sentimiento en el poeta de una tensión inquebrantable entre dos polos (alto/ bajo, espiritual/ carnal, luz/ tiniebla) origen de la tradición órfico pitagórica y platónica.
“El hogar y la lámpara de resplandor pequeño;
la frente entre las manos en busca del ensueño,
y los ojos perdidos en los ojos amados;
la hora del té humeante y los ojos cerrados
el dulzor de sentir fenecer la velada,
la adorable fatiga y la espera adorada
de la sombra nupcial y el ensueño amoroso (…)”
Paul Verlaine
La luz no aparece sin razón ni surge escuetamente en el poema, sino que, en ocasiones, toma la forma de algo más, en algunos casos, de la lámpara en el espacio poético planteado.
Estos versos del poeta francés Verlaine, crean una atmosfera semántica, interpretando el hábitat de un matrimonio. Describe una fila de esencias e imágenes extendidas alrededor que envían al lector a la alcoba y entrelazan una atmósfera íntima donde el Yo poético ansía el encuentro con “los ojos amados”.
Los instantes ocurren durante la noche calados en la oscuridad, la estancia alumbrada delicadamente y vista por la luz que resulta de la lámpara que, anexadas a otros compendios recrean una atmósfera sensual en el lecho nupcial.
Termino ávidos lectores, el símbolo de la luz unido al fuego a la noche involucran una presión amorosa de unificación del Yo con un cuerpo deseado adquiere una dimensión cósmica y trascendental.
Un proceso del lenguaje propio, el Yo lírico muestra el deseo amoroso de unión con un objeto de deseo que sin desbocarse de lo inseparable y corporal logra condiciones luminosas y muestra el presente y ausente de la representación sincrónica.