Editorial
Huachicol poético – Ernesto Adair Zepeda Villarreal
Huachicol poético
Ernesto Adair Zepeda Villarreal
Fb: Ediciones Ave Azul X: @adairzv YT: Ediciones Ave Azul Ig: Adarkir
Pocas cosas logran escapar de las complejas redes de la comedia humana, como tuvo a bien llamar Balzac. La literatura no es la excepción. Aunque cabe aclarar una precisión: hablo del mecanismo, no del contenido. La edición de libros ha sido muchas de las veces un proceso capital en la graduación de los aspirantes a escritores, que ven reflejado en papel la concreción de un sueño trabajado largo tiempo. Es un trabajo digno el de quienes realizan la creación de uno de estos objetos. Y sí, ver impreso en un artefacto así lo que hemos escrito tiene un efecto catártico; a veces liberador, a veces terrible, que puede guiar o destruir proto-carreras. Por eso la importancia de los libros, las plaquettes y las antologías. Muchas veces son un muestrario donde se reúnen voces a presentar, conducidas por una rigurosa selección basada en criterios técnicos, estéticos o temáticos. Incluso, las hay que son más políticas, gremiales, entre invitados de la misma cofradía. Tampoco tiene nada de malo. En fin, apostar por un “libro” siempre rinde sus frutos, para bien o para mal. Y claro, no tiene nada de malo buscar hacer un medio de vida con ese esfuerzo.
Tarde o temprano, aparecen otra case de libreros (quienes hacen libros), que buscan más una mercancía que un goce honesto. Bastante sencillo de identificar. Invitaciones laxas tendidas por las redes sociales, convocatorias poco claras o cuando menos confusas, y la imperiosa necesidad de realizar aportes para la impresión exigidos mucho antes que cualquiera de los textos a compilar (bastante restrictivos, la mayoría de las veces). No se malentienda, así también funciona la autogestión, cuando varios individuos unen sus capacidades monetarias para concretizar un proyecto. Es un mecanismo útil, necesario. La diferencia yace en el monto, en la forma. Lo que a bien ha tenido el poeta Francisco Navarro de llamar el “huachicol poético” es una estrategia de mercantilización de la ilusión, con cuotas ridículamente altas, un par de páginas, y poco menos de respeto a los compilados. A cambio de una suma desproporcionada, uno o dos ejemplares de un libro poco cuidado, sin estructura, apenas medio revisado el documento (o ni eso). Si es bueno o malo, yo no lo sé. Cuando menos me parece altanero. En términos del oficio y quien lo ejecuta.
Estos huachicoleros de la poesía buscan apresar a los incautos, así que hay una culpa compartida. Por un lado, la estrategia de recaudación semi parasitaria; por el otro, la necesidad de formalizar sus textos. No se confunda con el costo de producción de un libro, donde cuentan los materiales, el trabajo de editores, ilustradores y la propia imprenta. Al fin de cuentas es un servicio comercial, como tantos otros. Sólo divago al pensar en la industria subyacente, en la voracidad de algunos cuantos, en el desprestigio que echan encima a las pequeñas casas editoriales. La frontera la definen claramente los resultados, la contrapropuesta del producto, la cantidad de hojas, la calidad de materiales, la solemnidad en el trato y la divulgación. No es necesario apuntar ningún nombre, la experiencia hace que salte en nuestra perspicaz memoria uno que otro caso. No es que me moleste en lo particular el tema, sino quizá la falsedad de la presentación. No tendría de malo presentarse como mercaderes de sueños en vez de autoproclamados gestores culturales. Quizá ya soy muy viejo para ese simulado juego de sombras.