Editorial
Compañero de alcoba – Por Adriana Cisneros Garza
Compañero de alcoba
Por Adriana Cisneros Garza
– ¡Es el número sesenta y nueve, chicos! –exclamó la hotelera con picardía, mientras entregaba la llave al muchachito.
Su acompañante se acomodó los lentes oscuros y caminaron por el mugriento pasillo, hasta llegar a una puerta despintada. Entraron, la chica puso el seguro, caminó al baño para retocarse el maquillaje y aplicarse desodorante entre las piernas.
Popo encendió la televisión en un canal porno, aunque no requería del estímulo visual: estaba duro desde que pagó el cuartucho. Se quitó los jeans, camisa de cuadros, la trusa nueva. Cuando Irma salió sin ropa, brincó encima para besarlo y clavarle las uñas que lucían esmalte descarapelado, pero, sentirlas rebajó el deseo del valedor.
– ¡Mmm! Pa’ eso me gustabas, flaco, ya ni la chingas… ni la vuelta y la encuerada.
– ¡No me había pasado gorda, te lo juro. Ha de ser porque no me dejaste ver el conjuntito de encaje. Ven, pégame tantito, verás que así me recupero. Nomás no me dejes solo. ¿Qué dirán en la entrada? ¡La ruca de la recepción está en todo!
– ¡Te hago el paro nomás porque me compraste calzones y brasier! – le dio de cintarazos al Popo, quién luego de dos tundas con maldiciones y manoseadas en las bolas, logró endurecer y lubricar.
– Chúpalo todo mamacita, así pelón… no le pongas gorro, porque me emputa eso.
Ésa era su despedida, el Popo viajaría a la ciudad de México al día siguiente para que lo capacitaran en su nuevo trabajo de chofer. No cogieron igual que antes. ¿Sería porque la Irma se había rasurado todo el pubis?… Después de cinco rounds, él estaba dormitando; la deslechada lo cansaba, pero ella apenas calentaba su motor, y como ya sabía que la iba a dejar así insatisfecha (como siempre), prefirió irse mojada a su casa.
– Vístete papi, ya nos tenemos que ir, las pastillas me cansan un chingo… quiero hablar contigo antes de irte, panzón…
Popo, más dormido que despierto, escuchaba a lo lejos la voz de su vieja… puros balbuceos, pensaba. Se giró en el colchón cubierto de plástico para acomodarse, y descansar mejor. Cuando despertó, ya era de noche, Irma no estaba y en el piso había tirada una prueba rápida de VIH, positiva.
Fin.