Editorial

Yun Hyong-keun el pintor de la tranquilidad – NORMA SALAZAR

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Yun Hyong-keun el pintor de la tranquilidad

NORMA SALAZAR

normasalazarr68@gmail.com

 

Yun Hyong-keun, un pintor que sobrevivió  las consternaciones  a mediados del siglo XX, resistió la ocupación japonesa y la Guerra de Corea, vivencias incomprensibles que lo marcaron y lo llevo a su ethos visual. Al ingresar en la Universidad Nacional de Seúl bajo la tutela del prestigioso pintor Kim Whanki, Yun desarrolló un estilo nada pomposo a partir de la década de los 70ʾs, su obra madura que se centró en lo que la nombró  “azules ultramarinos” y “ocres quemados”, pigmentos derivados de elementos naturales como los minerales del suelo utilizados en capas que recapitulan los períodos por la caída y la rehechura.

Ahora bien, el origen esencial del Dansaekhwa es la negación al espacio ilusionista la aceptación del gesto con un diálogo entre la estética tradicional coreana, además el vacío en la pintura de tinta. Yun Hyong-keun resaltó en sus lienzos meditabundos la abstracción a través de una lente única y oriental.

Yun Hyong-Keun nació en el año 1928 en Cheongju, brotó como una voz céntrica para el movimiento Dansaekhwa una tradición de pintura monocroma coreana destacando la materialidad, el proceso y la profundidad espiritual por arriba del expresionismo occidental. Su obra se identificó por formas verticales austeras pintadas en ocres terrosas y azules profundos trascendiendo la composición visual para mudar en una búsqueda filosófica referente a la naturaleza, la existencia y el tiempo.

Para los coleccionistas del arte que buscan emociones de calidad, la obra de Yun Hyong-keun brinda un inicio profundo al modernismo coreano donde la sencillez deja no quitar ojo a una complejidad perenne. Logró con sus texturas independientes un proceso minucioso de empapar el lienzo con pintura al óleo diluida accediendo que se infiltrara y manchara, para luego repetir la aplicación y construir densidad y profundidad. Una técnica que hace remembranza a la praxis y la caligrafía de tinta coreana, teniendo como un resultado en superficies muy sólidas como efímeras, bordes que se disipan en el soporte. Los colores principalmente ocre quemado (un marrón rojizo) y azul ultramarino simbolizan la tierra y el cielo, aferrando sus abstracciones en una cosmología natural.

Su obra atrae a una contemplación pausada, ya que las tenues variaciones en tono y saturación se revelan con el tiempo.

Otra observación a destacar en la obra de Yun Hyong-keun es que inesperadamente sus pinturas son determinantes por sus formas rectangulares verticales a menudo narradas como “portales” o “puertas”, sobre lienzo o papel sin tratar.

Como nombramos anteriormente el movimiento Dansaekhwa (pintura monocroma), surgió en Corea en los años 70ʾs, junto a pintores como Lee Ufan y Park Seo-bo. Un distintivo coreano de la abstracción que impugnaba convenciones pictóricas occidentales en favor de la materialidad, el proceso y la profundidad espiritual, los artistas de Dansaekhwa exaltaban acciones monótonas al empujar un pincel o mojar el papel como una representación zen. Yun Hyong-keun en sus aplicaciones estratificadas de pigmento dio cada trazo una prueba de entereza e introspección por engrandecer lo estético en las pinturas encarnando una cosmovisión donde el arte es el medio para conectar el cosmos, una percepción afincada entre el pensamiento neoconfuciano y budista.

Termino ávidos lectores, las pinturas de Yun Hyong-keun fuero antes ignoradas en Corea, ahora son aclamadas por su garbo atemporal y compromiso filosófico, un contrapunto al silbido de la vida contemporánea, cautivando a devotos que buscan el arte con firmeza histórica y calma contemplativa. Asimismo, el interés internacional por el movimiento Dansaekhwa ha aumentado en las exposiciones más importantes de instituciones culturales, museos como el Tate Modem y el Museo Guggenheim.

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