Editorial
El cáncer de mama y la belleza femenina – Por Adriana Cisneros Garza
El cáncer de mama y la belleza femenina
Por Adriana Cisneros Garza
Todos conocen los estragos que conllevan las terapias para tratar el cáncer de mama: mareos, náuseas, fatiga, vómitos, pérdida de apetito, y caída de cabello. Es complicado haber pasado primero por una cirugía para quitar los tumores, ver nuestros preciosos senos con los agujeros de los drenajes, después las cicatrices, o peor aún: extirpación de uno o dos pechos. Imaginen tener que enfrentar eso, y sumar la pérdida de nuestro hermoso cabello… es algo que a mí me destruyó por completo. Cuando comenzó, lloré hasta que mis ojos se hincharon como globos, me daba vergüenza que me vieran sin pelo. Una amiga estilista me lo cortó bien chiquito, estilo rockero, rapado de los lados, para lucir moderna y rebelde. Siempre le daba mantenimiento, pero yo me sentía niño… a pesar de los cumplidos que me hacían. Un día decidí hacerme una sesión de fotos, para recordarme así, aunque doliera todo. Me vestí completamente de blanco, pinté mis labios de rojo intenso, aretes grandes, dorados, descalza, y en la playa… por un pequeño instante intenté liberarme y agradecer a Dios que seguía viva.
Después de 6 años y medio, y de realizarme múltiples exámenes, exploraciones, mamografías, ecografías, entrevistas con médicos, y recibir quimioterapias, radioterapias y hormonoterapias, me dieron de alta, estando limpia de cáncer. No pude tocar la campana de la victoria, porque en el hospital donde me atendían no tienen. Recibí la noticia con mucho gusto, pero con poquísimo cabello. Jamás volvió a salirme el que tenía, ni creció como antes. He padecido otras enfermedades que también me han afectado en eso, por eso nunca volví a ser la de antes… extraño mi hermoso y largo cabello negro.
Hoy que escribo ésto, me hicieron un regalo maravilloso: una bellísima peluca de cabello natural, largo, negro, justo como yo lo tenía antes. Me ayudaron a colocarla, cerré los ojos con miedo, me temblaban las manos, después me maquillaron y me arreglaron las uñas. Cuando abrí los ojos, era yo, la de antes… la mujer joven, bonita y saludable. La soñadora que siempre sonreía, no pude contener las lágrimas… me di cuenta que siempre ha estado allí esa hermosa chica. Aunque hoy esté llena de cicatrices, soy yo, Adriana… con cabello o sin él, le gané la batalla al cáncer de mama. ESTOY VIVA.