“El retorno y otras nocturnidades” de Ney Salinas
Ernesto Adair Zepeda Villarreal
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“Ojalá todo haya sido una pendeja pesadilla.”
En alguna ocasión se me había permitido leer uno de los borradores iniciales de este libro. Agradezco la confianza y la amistad de su autor, Ney, de permitirme leerlo en aquella ocasión, donde no pude tener la experiencia debida de todos sus relatos. No peco de favoritismo al afirmar que es un libro que debe leerse. Es él quien nos deja chupar el diablito, buscando el rostro de ese escurridizo Dr. Lemus que se viene asomando página a página. Las historias que pueblan los pasillos de esta compilación de relatos son la mística de un hombre que ha sabido mezclar entre el mundo de la ciencia y de la fantasía rural. Una realidad que se desnuda por completo en las calles del Sur, de ese Chiapas que le ha forjado el carácter; Tuxtla o de San Cristóbal, de Arriaga y Tiltepec. Estas historias son un digno preámbulo a cualquier autor americano de NY o de Los Ángeles, con la simple diferencia que se trata de una de las tierras olvidadas de México: la desgraciada Chiapas. Doblemente mexicana, y doblemente despreciada. La historia de Chiapas es una de vejaciones y distancias, de horrores cometidos contra su población, y de los horrores de la modernidad que no ha pisado sus campos. Parte de esto es lo que encontramos en este libro.
Ney es un escritor de mundo, a su pesar. Habla y piensa como lo hicieron los cosmopolitas de París, Barcelona, Dublín, Querétaro o San Francisco. Y eso se puede leer entre los renglones. Es un autor que habla del dolor de existir, aunque piensa que se arraiga a su propio pueblo. Tiene la maldición de ser más universal de lo que quiere. Y esto lo podemos disfrutar en su prosa fresca, y por qué no, a veces pícara; que incluso cita a Kim Basinger en la barra de un bar. También nos habla del joven Ingeniero que visita Canadá, y que se sumerge en los misterios de la selva como lo haría Lovecraft, huyendo de la maldad de ciertos hombres que saben más de lo que se debe, o que deben matar a la mujer que aman, descubriéndose a sí mismos en el trayecto, o a seres de otro lugar distante. Ney nos ofrece una secuencia de historias independientes que dibujan los bordes de su mente. Además, ¿a quién no le gustan los cuentos en los que salen gatos?… o incluso Dragonas rubias.
También es un hombre de música, apasionado por el Jazz y el Rock; lo que debería ser suficiente para que nos caiga bien. En los relatos vemos los pasajes y las referencias evidentes que se conectan unas con otras para establecer un soundtrack que merece el libro. Esa es la atmosfera que nos entrega, el mundo de barbudos como ZZTop y Satrani, acompasados por el Roadhouse blues, que desemboca en los Héroes del Silencio y B. B. King, entre muchos otros. Es un escritor que nos recuerda la profunda muesca hendida entre música, buena música, y literatura; y que nos da pequeñas pistas entre los párrafos, como guiñándonos el ojo. Y antes que nada más ocurra, las mujeres y los dioses-demonios, nos muestran esa dualidad de la identidad prehispánica que persigue a los hombres de esta tierra, la tierra en general, llena de mitos y figuras universales, de conocimientos ancestrales y sueños.
El libro de Ney es uno que rescata la prosa Chiapaneca y que nos hace voltear a ese estado, tan lleno de poetas. Ney nos muestra de qué son capaces los escritores del rincón más lejano en esa dirección, poniendo de manifiesto que ellos también saben crear literatura y muy buena. No por nada es pupilo del Maestro Óscar Palacios. Sin duda un libro al que se le debe dedicar tiempo, y cuyo único defecto es la brevedad. Así es esto, hay que aguardar a que salga la siguiente compilación.
La fotografía de portada pertenece a Josefa Salinas Domínguez, directora del proyecto cultural Maya Cartonera, mientras que la contraportada fue obra de Verónica López Castillejos. El prólogo fue hecho por Diana Ivonne Martínez Padilla. Su libro fue maquilado e impreso en Jalisco, durante Julio 2013; y ha sido reimpreso en varias ocasiones.
