Editorial

El artista que desafió el olvido – Gloria Chávez Vásquez 

El artista que desafió el olvido

Gloria Chávez Vásquez 

El olvido es el pecado de los ingratos e insensibles. Afortunadamente es imposible

olvidar a aquellos que se inmortalizan con sus hechos y obras. GCV

El retrato como género artístico, fue una de las expresiones culturales más importantes en el mundo del siglo XIX. Y los amantes del arte detectaron pronto, en la obra de Epifanio Garay Caicedo (Bogotá,1849-1903) la habilidad psicológica y espiritual conque el artista daba vida a los protagonistas de sus cuadros.

Pintor académico por excelencia, su talento, habilidad, técnica, calidad y belleza, lo colocaron en la historia del arte colombiano. Mago del color en el lienzo, cultiva, además, los temas míticos, históricos y religiosos. El más conocido es La mujer del levita de los montes de Efraím, inspirada en el relato bíblico (Jueces 19) y objeto de gran revuelo en la Exposición Nacional de 1889, por ser el primer desnudo femenino expuesto públicamente en Colombia. Parte de la colección Garay en el Museo Nacional, su perfección y sutileza sigue conmoviendo al espectador contemporáneo.

Genio artístico

Educado en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y la Academia de Música en Bogotá, Epifanio pinta desde muy joven, ya que su padre, Narciso Garay, lo adiestra en el dibujo y le paga estudios con el pintor y escritor José Manuel Groot. El chico tiene talento, además, para la música y en su adolescencia aprende a cantar ópera y a tocar violín y piano.

A los 19 años se traslada a Panamá, donde contrae matrimonio con Mercedes Díaz Remón, (1873). De esta unión nacen sus dos hijos, también artistas: Nicole, pianista y compositora, y Narciso, violinista, escritor e investigador de la música y el folclore panameños.

En 1874 viaja a Nueva York para estudiar canto, pero para 1881 ya se ha apasionado por la pintura y, becado por el gobierno colombiano, se matricula en la Academia Julian, de París. Sus maestros son Adolphe William Bourguereau (1825-1905) y León Bonnat (1835-1932) con quienes aprende todos los secretos del oficio. Reproduce cuadros famosos e incorpora la fotografía en el retrato. Canta en la ópera, con el nombre artístico de Garini, lo que le permite viajar extensamente. Mientras tanto sus obras absorben la sofisticación y el aspecto mundano de la ciudad de las luces. Exhibe con éxito “La llavecita” o “Recreación”, en el Salón de París (1885), año en que se desata la guerra civil de los liberales contra la Regeneración en Colombia.

El arte vs las guerras

Frustrado, regresa a Bogotá. Su biógrafo Roberto Pizano describe el desencanto del artista, como un “descenso derrotista”, en una época en que muchos subestiman la pintura como oficio o profesión. Durante una temporada cría vacas en las orillas del Chagres (Panamá). Pero en 1887 se asocia con Carlos Endara para crear la empresa Garay & Endara, una academia de dibujo con taller de pintura y fotografía artística. Para 1890 ya ha realizado muchas de sus obras más famosas, incluyendo pinturas al óleo de Simón Bolívar y los presidentes Carlos Holguín, Manuel Antonio Sanclemente y Rafael Núñez, protagonista de la gran reforma a la constitución de 1886. En Cartagena hizo varios retratos a personajes de la ciudad y pintó el inmenso óleo de Bolívar en la Batalla de Boyacá, que permaneció hasta el año 2015 en el Salón Amarillo, de la Gobernación de Bolívar.  Sus reveladores retratos del carácter de esas y otras figuras políticas, se convierten en símbolos de la identidad nacional.

Pronto se le reconoce en su patria como un gran retratista. Dicta clases particulares de dibujo, pintura, canto, violín y piano, contribuyendo así, a la cultura capitalina de fin de siglo. Como profesor y director de la Escuela Nacional de Bellas Artes (1894-98), Garay fomenta la vocación de los artistas de provincia, promueve la creación de becas para estudiantes y contrata al profesor alemán Felipe Eduardo Lehner para ensenar el arte de la litografía.

En medio de ese capítulo extraordinario de formación humanística en Colombia, irrumpe la Guerra de los Mil Días y la Escuela de Artes es clausurada.

Oprimido por el clima aciago de un país en conflicto, Garay pinta personajes y escenas de la sociedad bogotana. El pintor refresca con su arte y con su espíritu. Es el epítome del gusto, la sensibilidad y la cultura. Es diestro en el manejo de la perspectiva y la idealización del cuerpo humano; las expresiones teatrales, las posturas de los personajes, y la sensualidad que transmite la figura de la mujer. La élite ve en la posesión de uno de sus cuadros una forma de status social. Sus cuadros son un testimonio de la vida cultural y los personajes que forman parte de ella en el despertar del nuevo siglo, cuando empieza a aparecer en el arte colombiano, la casta de los comerciantes y los habitantes de la periferia.

La memoria contra el olvido

Semanas antes de la secesión del Istmo de Panamá (noviembre 3, 1903) de Colombia, muere Garay, el 8 de octubre, a los 54 años. Es enterrado en el Cementerio Central de Bogotá.

El busto de Epifanio Garay Caicedo, obra del maestro Silvano Cuéllar, preside en la actualidad, la entrada del Museo Nacional de Bogotá, enclave de una vasta colección de las pinturas del artista. La Universidad de Bellas Artes de Cartagena le rinde homenaje a través de la medalla que honra a artistas y gestores culturales. Muchas de sus obras se exhiben en Panamá, donde residió. El retrato original de Rafael Nunez (1891) reposa en el Museo Nacional de Bogotá, y una réplica se exhibe en la Casa Museo Núñez, en Cartagena.

En 1943 la Universidad de Panamá expuso 40 óleos de Garay, incluyendo colecciones privadas. Mencionando el óleo conocido como la Virgen del Rosario o la Reina de los Cielos, Narciso Garay Díaz, hijo del pintor, recalcó la labor de su padre como restaurador de antiguas obras de arte religioso, la mayoría de ellas del periodo colonial hispánico.

El programa Señal Memoria transmitido en los años 50s por la Televisora Nacional de Colombia conserva un segmento de Pintores colombianos, en el que la crítica argentina Marta Traba, aborda y contextualiza la obra del artista.

Curiosamente, con el correr del tiempo, varios de sus cuadros han sido objeto del robo o la “desaparición”, entre ellos un autorretrato y una pintura de María Magdalena. En mayo de 2015 el lienzo de Simón Bolívar, fue sustraído del Palacio de la Proclamación donde se encontraba. El cuadro es recupera en marzo de 2016. El ladrón es capturado mientras tramitaba la venta del lienzo por 150 millones de pesos. El legado de Garay es extenso. En Santander, el retrato de San Ignacio de Loyola, es propiedad de un colegio jesuita. En Bogotá, tienen su hogar los héroes de la Independencia, Policarpa Salavarrieta y Antonio Nariño, en el Museo Nacional y  San Juan Evangelista es parte del tesoro artístico de la Catedral.

El notable historiador y sociólogo Luis López de Meza, escribe un ensayo en el Boletín Cultural del Banco de la República (Bogotá) en el que afirma: “En Colombia, el arte grande de fin de siglo reapareció definitivamente con Epifanio Garay y su galería de retratos”.

La corriente costumbrista de la época influyó en las obras de Garay realizadas durante su juventud, como “Por las velas el pan y el chocolate” (ca. 1870) una escena cotidiana de la Bogotá de la segunda mitad del siglo XIX.

Por las velas, el pan y el chocolate / Yo combato, tú combates, él combate…

El verso, escrito por José Manuel Marroquín (1827-1908), escritor, periodista y presidente de Colombia, describe la tranquilidad y el sosiego de la vida tradicional, interrumpidos constantemente por las guerras civiles en Colombia.

https://www.bing.com/images/search?q=pinturas+de+epifanio+garay+caicedo&form=IACFSM&first=1

Gloria Chávez Vásquez, escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos. Autora de Cuajada, El conde del Jazmin, Herencia Books, N.Y. 1999; Las Termitas, Union de Escritores Colombianos, Bogotá, 1978; Caliwood, White Owl Editions, NY. 2019.

 

 

To Top