La Gran Pintora
A Pulso de Tinta
Gabriel Avilés
Extraño esos días en los cuales, susurrabas eres el nuevo Chagall en nuestra habitación. Ambos reíamos como desquiciados amantes en una amoralidad que servía de inspiración.
Repetías sin parar: Amado, no me abandones nunca.
Pasaba a un segundo plano, los desplantes, caprichos y niñerías que te hacía delante de las personas, con tal de ser, el centro de tu atención como fue desde el principio de nuestra historia cuando me acerque a la gran pintura para mostrarte mis trazos que vanagloriaste para tenerme cerca.
Dijiste que mi talento era excepcional, un gran pintor naciente, gracias a esas líneas, un excelso joven bañado por las musas. Creí esas frases, sentía como el mundo se ponía a mis pies, algo irreal pero verdad en mi.
Las pasiones se adueñaron de nosotros, los aposentos servían para desfogarnos, poco importaba, tu esposo e hijos, mi progenitor, la sociedad. Me volví tu lacayo, siempre a tu disposición, subyugando nuestros cuerpos hasta que el cansancio vencía, sin embargo, el malnacido tiempo no dejaba de fastidiarnos, hasta volvernos amantes polvorientos
Volviste a tu grandeza y yo, a ser un pobre principiante buscando una oportunidad, hoy sin tu mirada y con mi falta de imaginación.
Imagen tomada de Internet

