UN AROMÁTICO CAFÉ
Gloria Mejía
Salón Paraninfo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Sábado, 7 de junio de 2025.
Un aromático café, me acompaña en el momento que leo este poemario “Pipitskanimej Golondrinas” y otro, para escribir esta presentación.
Lo escogí con olor a sierra, a Pueblo Mágico, al entrañable Cuetzalan.
Al aroma de sus letras, al olor de la lluvia típica que suele acompañar al poeta, en sus escritos y en su vida cotidiana.
Lo imagino entre el aroma del café de olla, con su madre elaborando las tortillas o desgranando el maíz.
Lo imagino tan real, con su padre, quien contaba historias de aventuras vividas.
Desgranando las mazorcas, chupando a escondidas los granos del aromático, con el que creció.
Mientras saboreo mi café, y doy pequeños sorbos, se me viene un cúmulo de imágenes que el poeta me regala.
Y danzo entre sus letras.
Entre el ritmo de la lengua materna.
Entre la traducción, que me hace tratar de leer, por el gusto de sentir, otra forma de expresión de su poesía.
Me lleva con su ritmo a provocar olores, ahora la naranja. Y es que hace jugo con las metáforas vertidas en el desayuno. En donde coloca pinceladas de erotismo, en un perfecto movimiento de vivencias, de sus alegres aventuras.
Los sonidos son vitales. Y las aves en el campo y en ciudades pequeñas, son el acompañamiento del poeta. Para que su imaginación se desborde en esos toques sensibles y sensuales.
Que le regalan las personas.
En este poemario, el poeta pinta lo que hará feliz a su padre, don José Eleuterio, y es la jubilación, en ella ve el rostro de su padre, padeciendo un trabajo citadino, y añorando el campo. Siempre el campo, para los que nacieron en la tierra, y tuvieron que irse a tener mejor sustento.
Al mismo tiempo observo el vaho que sale por la taza de café que me estoy bebiendo.
Y su poesía me sumerge en la añoranza, en lo vivido, en lo que jamás se podrá olvidar.
Este libro, no solo guarda las historias del poeta. Hay en él, instantes amorosos, que traspasan las confesiones.
El poeta ha escrito con la vena. Con su sangre, con los orígenes que lo vieron crecer.
Este libro, nos muestra la facilidad que tiene el poeta para enamorarnos, usando todos los sentidos.
El poeta ve a través de su poesía, no solo se regala imágenes, nos las comparte. Nos hace partícipes de lo vivido.
Viaja de su pueblo a la ciudad que alguna vez fue transparente.
Pero siempre regresa a sus orígenes. Y ahí, retoma el aire.
Este poemario, se disfruta más con una taza con café.
Con el sabor de una naranja.
Con los recuerdos de sus padres, con lo entrañable que es regresar al pueblo, al campo.
Al erotismo utilizando pinceladas suaves.
A frases cortas.
Al canto de su nombre cuando deja una nota grabada, con espectacular voz, su servidor EUGENIO VALLE MOLINA.
Con la gratitud de mi alma. De poeta a poeta, Gloria Mejía.

