Quinto piso
Por Adriana Cisneros Garza
Dentro de 6 meses, cumpliré 50 años de edad… subiré al quinto piso, como se dice.
Eso me ha puesto a meditar en mi vida. Y me doy cuenta, que ha sido sumamente emocionante, a pesar de los momentos difíciles que he experimentado.
La dicha que poseo, no se puede medir por las parejas que he tenido, tampoco por hijos o trabajos. En lo que vale la pena detenerse a pensar, es en los momentos mágicos que me han cortado la respiración, por admiración, sorpresa, amor, por gratitud, y sobre todo por haber sentido y vibrado de pies a cabeza, con emoción inmensa en el corazón, y donde he podido expandir mis sentidos y conciencia.
Soy lectora desde niña, escritora de literatura, fotógrafa, viajera, y amo hacerlo. Mis ojos han visto tanta maravilla: islas mexicanas, rodeadas por mar celeste y amoroso. He caminado por la sierra oaxaqueña en invierno, entre sus campos de amaranto, mi cuerpo se ha sumergido en cenotes, en playas, en ríos, en lagunas tibias de arenas exfoliantes. He ascendido por caminos empedrados, hacia las altas montañas veracruzanas, he bailado en muchos lugares, hasta que me han dolido los pies de cansancio. Mis botas dejaron su huella en las dunas de arena, de una ciudad fronteriza, me he sentado a recibir el amanecer, en donde llegan los primeros rayos del sol, de todo México. Y me han coloreado aquéllos atardeceres anaranjados, en el ranchito natal de mi papá… maravillosos como el río caudaloso donde jugaba con mis hermanos, en la tierra bendita que vio nacer a mi madre. He montado a caballo, convivido con animales, he sido una con el viento silbador. Y me he sentido pequeña y frágil, cuando he estado ante las imponentes ruinas arqueológicas que he visitado. Mis ojos han visto tantas maravillas, que mis manos han sido presurosas para disparar mi cámara e intentar capturar todo.
Cuando me doy cuenta de lo fantástico que he visto, donde he estado parada, mis ojos lagrimean por la satisfacción enorme de estar VIVA, VIVIENDO, OBSERVANDO, AMANDO, COMPARTIENDO, FOTOGRAFIANDO, ESCRIBIENDO, LEYENDO Y COMPARTIENDO un poco de lo que soy, de lo que hago. Porque, una vez, alguien me dijo que yo no valía nada, que no era nadie… y le creí.
Pero, el tiempo me ha enseñado que nada ni nadie pone en duda mi valor, me siento orgullosa de lo que soy ahora: una mujer sensible, humana, generosa, alegre, sobreviviente de cáncer, de covid, de violencia familiar, sobreviviente de un terremoto, de una mordedura de perro… y agradecida de que pronto va a cumplir sus primeros 50 años de vida. Ahora, debo encontrar la manera de festejar… no sé cuándo comience, ni cómo, pero de lo que estoy segura, es de que me hincaré para bendecir tan hermoso momento. Porque el Universo, Dios, y la vida, han sido generosos conmigo. Con ésta mujer-bruja que también ha llevado sanación al doliente, sabiduría al negado, fe al incrédulo y amor a cada lugar al que llega.
Esa soy yo.

