Editorial

Los caminos del arte – A Través de la Pluma

Los caminos del arte

Mariel Turrent

A Través de la Pluma

La semana pasada visité la exposición Apariencia desnuda: el deseo y el objeto en la obra de Marcel Duchamp y Jeff Koons que ofrece el Museo Jumex, una muestra de piezas impresionantes y monumentales, que me parecen de una belleza estética impactante, aunque no logro entender qué comunican y me incitan a pensar en cuál es la función del arte en la actualidad.

En los últimos quince años he recorrido museos de tres continentes y me encuentro que el arte contemporáneo parece estar tomando caminos diferentes para llegar al público. Las salas lejos de exhibir obras de pintura y escultura tradicional y estéticamente hermosas ofrecen experiencias sensoriales. Buscan provocar emociones, estimular los sentidos, causar polémica. Supongo que, al igual que yo, el visitante promedio (con esto me refiero a la gente común y corriente y no a los estudiosos de la materia)  que entra a una sala de exposición y se enfrenta a un piano patas para arriba suspendido del techo que toca una melodía y de pronto se precipita en caída libre —muy a la Tom Cruise en misión imposible— para sacarle tremendo susto antes de quedar suspendido a un par de metros de su cabeza, se pregunta qué diablos hay de arte en ello; ¿cuál es la diferencia entre eso y la casa de los sustos en un parque de diversiones?; ¿por qué toda la basura que saco del cuarto de los tiliches no es arte y la que apiló Ide Ekblad, en una sala del Museo Rufino Tamayo sí lo es?  ¿Qué estamos perdiendo de vista los espectadores? ¿Qué parte de la estética o del mensaje, no nos está llegando?

Me parece que el arte está tomando caminos distintos y novedosos de denuncia y provocación. Y eso es lo que veo yo en esta exposición de Koons y Duchamp. La exposición ha sido cuidadosamente planeada para confrontar a ambos artistas: la investigación que Duchamp inició en 1913 sobre la relación que tienen la sexualidad y el mundo de las mercancías, y el mundo de deseo en los objetos producidos en masa que comenzó a explorar Koons en 1960. A pesar de que claramente encuentro una sexualidad provocadora e inducida en la mercadotecnia actual, no alcanzo a ver la relación del coito con los aparadores de la época de Duchamp, ni con los objetos en serie que reproduce Koons. Sin embargo, puedo ver ahí una denuncia. Con su obra Fuente, Duchamp se rebela ante esta tendencia a que la firma de un artista valga más que su obra. Por eso no solo reproduce un mingitorio, sino que le imprime una firma grande y negra que no es la suya. Increíblemente este objeto que ahora se expone en el Museo Jumex, en 1917 obtuvo el premio Turner —equivalente al Oscar del arte británico— dejando muy atrás las obras de Matisse, Warhol y Picasso entre otros.   Lo mismo sucede con Koons, quien se rebela contra la sobreproducción de objetos al presentar su escultura Hulk hecha de acero, que pesa dos toneladas y a la vista parece un inflable ligero de un plástico delgadísimo.  Play-Doh, otra de sus obras, es una monumental montaña de piezas de acero diferentes apiladas y ensambladas por gravedad cuya ingeniería tardaron dos décadas en desarrollar.  Simula esa masa del mismo nombre que usan los niños para jugar y surgió del momento en el que peleaba por la custodia de su hijo. Sus reproducciones de globos metálicos, Rabbit, Balloon Dog, Moon, son impactantes y me parecen sumamente originales además de que admiro su técnica. Sin embargo, no me comunican otra cosa que este malestar por el materialismo sin sentido en contraste con el asombro de lo que parecen ser y no son. La pregunta que aún me sigue dando vueltas en la cabeza es ¿dónde vieron los artistas el erotismo en estos objetos? Si alguno de mis lectores me puede ilustrar, quedaría yo muy agradecida.

Aunque mi columna concluye arriba, aprovecharé este espacio extra para descargar mi furia y denunciar la nostalgia que sentí al salir de esta exposición y pensar que tal vez será la última. El enojo que me provoca saber que nuestro señor presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha quitado tanto apoyo a la educación, a las artes, a la cultura. ¿Cómo denunciarían Duchamp y Koons la cantidad de medidas estúpidas que está tomando nuestro gobierno? Y eso solo en el rubro de la educación y las artes porque es el que me corresponde en esta columna. Pero me gustaría también denunciar las carencias que empiezan a verse en otros sectores, como mi experiencia en el ya caótico aeropuerto de la Ciudad de México. Nunca había visto tantas personas sentadas en el suelo por las cancelaciones de vuelos, ni sufrido filas kilométricas en los mostradores provocadas por los retrasos.  ¿Será que López quiere hacerse el artista y nos quiere introducir en la experiencia sensorial de vivir lo más bajo del tercermundismo?

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