Editorial

La Imprescindible Cultura del Café – Elías Mejía Henao

La Imprescindible Cultura del Café

Sería muy desalentador que el gobierno no colaborara con nosotros ya que la industria mundial cafetera no se hace responsable del eslabón más débil de la cadena que es el productor.

Elías Mejía Henao

Gloria Chávez Vásquez

El 25 de julio del 2011, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura) declaró Patrimonio de la Humanidad el paisaje y cultura cafetera de Colombia. Con ese rango, la comunidad internacional reconocía la herencia cultural y precioso legado de los caficultores que incluye paisaje, artesanía, arquitectura, gastronomía, arqueología, música, danza y arte, entre otros aspectos, con los que ameritaba la declaración.

Desafortunadamente, alrededor de ese patrimonio han surgido problemas que amenazan su calidad de vida como el de empresarios extranjeros que compran grandes extensiones de tierra para la siembra del aguacate, un cultivo que absorbe vorazmente el agua de la que subsisten otros cultivos y los habitantes del Quindío. Ante la desleal competencia y la paradójica escasez de mano de obra calificada, consecuencia del desplazamiento demográfico y la llegada de miles de refugiados, los herederos de tierras del café prefieren dinero en mano o convertir las fincas en resorts. La construcción inarmónica con la naturaleza de la región, en zonas como las de Filandia, degradan a diario el paisaje que motivó al mundo a declararlo “intocable”.

A esto se añade el regalo de tierras a indígenas y desplazados que nunca la han trabajado y que terminan por dañar los cultivos; agricultores tradicionales que se quejan de los bajos precios que paga el gobierno por sus fincas o campesinos auténticos que no entran en las listas de beneficiados por la nueva reforma agraria.

Con semejante panorama, solo falta que la UNESCO le retire el privilegiado título al Quindío. Como no sea que intervenga la única entidad que puede salvar la tierra y la misma que ha inspirado esa herencia cafetera.

La federación Nacional de Cafeteros 

Elías Mejía Henao, cultivador de café desde 1968 y actual presidente del Comité de Cafeteros del Quindío es uno de los caficultores del comité departamental responsables de encausar las políticas y decisiones que toma la federación a escala nacional, en relación al cultivo y administración de los recursos.

Como presidente además del 92 Congreso Nacional de Cafeteros, el calarqueño lideró la institucionalidad de la caficultura colombiana, en su reunión anual con el gobierno, en Bogotá, a fines del 2023. El mensaje de unidad y diálogo abierto de los caficultores al gobierno, fue diplomático, rotundo y convincente. Mejía Henao invitó al gobierno de Gustavo Petro a escuchar la historia de la Federación, y reconocer en ella un factor de unidad, un tejido de gremios que contribuye a la economía y a la paz de Colombia.

La FNC esperaba un entendimiento con el gobierno y sus cuatro representantes: el ministro de hacienda, el de agricultura, el de turismo, industria y comercio y el director de la oficina de planeación nacional. Pero la ausencia del presidente de la República en la instalación y clausura del congreso sembró inseguridad, especialmente tras la amenaza de Petro de quitarle al gremio el manejo de los recursos parafiscales del Fondo Nacional del Café.

Centenario cafetero

Como nos informa el líder cafetero, la Federación Nacional de Cafeteros, que cumplirá su primer siglo de existencia en 2027, aglutina 551,000 familias caficultoras en 604 municipios colombianos. Más de la mitad del país. 51 de esos municipios conforman el Eje Cafetero, localizado en los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Valle del Cauca.

Por casi dos siglos, las manifestaciones tradicionales que se congregan alrededor del producto insignia colombiano, representan el simbolismo de la caficultura, dando origen a eventos como La Fiesta Nacional del Café en Calarcá, el Reinado Internacional que convoca a los países productores en Manizales. De ese modo, además, han surgido instituciones como El Parque y Museo Nacional del Café en Montenegro, activos centros turísticos durante todo el año.

Es obvio que la Federación influye en la vida de todo el país: 23 departamentos,15 comités departamentales conformados por 12 personas, 6 principales y 6 suplentes. (Para poder ser comité cafetero el departamento debe producir mínimo el 2% de la totalidad de la producción nacional.) La administración recibe las directrices bajo las cuales se cultiva todo el café del país, del Centro de Investigaciones (Cenicafé) situado en Chinchiná, Caldas. Allí se encuentra la fábrica del café liofilizado, y la Fundación Manuel Mejía, donde, no hace muchos años, la federación educaba permanentemente y durante todo el año alrededor de 350 estudiantes en asuntos cafeteros y de liderazgo. Ahora esa educación se ha ampliado, gracias a la tecnología, para cubrir todo el sector rural de la nación.

Eso hace que la caficultura funcione –comenta Mejía. El Quindío hace parte de la gran familia de la caficultura nacional –añade. Hablamos el mismo lenguaje desde la Guajira, hasta Nariño pasando por la zona antioqueña, la zona centro, y expandiéndose hasta los Santanderes, la parte de Antioquia, que tiene hacia el pacífico pasando por el Quindío. Como el poeta que es, Mejía Henao compara el mapa cafetero con un Cristo: una mano clavada en la Guajira, la cabeza en la Sierra de Santa Marta, donde los Arhuacos y los Koguis también cultivan café. El otro brazo puesto hacia el lado de Urabá y el corazón en el eje cafetero. –Y es que, como lamenta él: los caficultores han sufrido muchísimo a lo largo de toda su historia.

La Federación no es una entidad política, asegura Mejía. Su actividad es gremial y su propósito es construir país. Al caficultor le interesa tener una empresa rentable con la que pueda ofrecer trabajo y producir para exportar el café arábigo lavado, el más suave del mundo, como se conoce, se ha conocido y se seguirá conociendo al café colombiano.

Las ayudas provenientes del Ministerio de Hacienda son fundamentales para el desarrollo de la economía cafetera nacional.  En 2012 por ejemplo, la Federación estuvo al borde de la quiebra. Debido a problemas de precio interno se redujo la producción a 7 millones 700 mil sacos. Mediante negociaciones y un paro, el gobierno aportó un billón 300.000 millones de pesos. En 2013 se pudo renovar y fertilizar de nuevo los cultivos. Dos años después, en 2015, la producción había aumentado a los14 millones 500 mil sacos.

La lucha es cruel y es mucha (canción popular)

A la preocupación de los pequeños agricultores con la volatilidad de los precios, (la libra se cotiza a menos de US$2.00 y el precio interno equivale a un cuarto de ese precio) Mejía responde, que la prioridad del Comité es que haya un precio base que no sea una caficultura de subsistencia sino una de prosperidad. El comercio–explica– es implacable. La caficultura no tiene un precio de venta que sea equivalente al salario que recibe la gente en cualquier parte del mundo –aclara Mejía. Es decir, que esté de acuerdo y cubra las necesidades de la canasta familiar.

En el mundo hay 25 millones de familias trabajando el café en la zona tórrida de Asia, África y América. La empresa cafetera mundial mueve 250 mil millones de dólares. A esas familias les llega el 15%. Alrededor de 2 mil millones de consumidores pueden sentarse a conversar alrededor de una taza de café a soñar y a divagar, pero [los caficultores]estamos a merced de la oferta y la demanda y a expensas de una bolsa de valores.

El trabajo [del gremio] es arduo –enfatiza el dirigente cafetero –. Sería muy desalentador que el gobierno no colaborara con nosotros durante el tiempo que la industria se hace responsable del eslabón más débil de la cadena cafetera que es el productor.

En busca de verdaderas soluciones

Elías Mejía estima que un 20% del más de medio millón de familias que cultivan el café, no son dueñas de la tierra. También le preocupa que los pequeños caficultores, por fatiga o por temor venden sus tierras a la primera oferta. Muchos están cansados de la volatilidad del café y de competencia de titanes de la producción como es Brasil, cuya enorme productividad afecta el precio a nivel internacional.

Pero vender las fincas a empresas extranjeras no es una solución y más bien es un problema, ya que productos como el aguacate Hass se cultiva en zonas altas donde la deforestación afecta la producción del agua que alimenta a la cada vez más numerosa población. Esa condición se agrava con la llegada de visitantes y emigrantes atraídos por la belleza del paisaje, la tranquilidad y la amabilidad de los quindianos.

Ante el temor nacional de que las malas decisiones, que han afectado a países vecinos como Venezuela, toquen a una democracia colombiana que se debate en busca de equilibrio y que por diversos factores económicos ha tomado otros rumbos, este líder caficultor sugiere: La idea es continuar perfeccionando nuestro sistema económico en medio de la geopolítica mundial.

 

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

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