‘Ondulaciones’ de Isolda Dosamantes
Ernesto Adair Zepeda Villarreal
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En Octubre de 2023, la poeta Sandra Galina tuvo a bien publicar el poemario ‘Ondulaciones’ de la poeta tlaxcalteca Isolda Dosamantes dentro de la colección 25 Poetas de la República (Puebla, Puebla), bajo el sello Letras de Barro. Dicha colección reúne a escritores noveles y de trayectoria bajo un mismo estilo con poemarios cortos que sirven de muestrario de las voces actuales del género en distintos puntos de la República. Regresando al libro de Isolda, el diseño corrió por Salvador P. Hernández, mientras que la obra en portada es de Arabia del Bosque Torres Chumacero. A lo largo de sus 42 páginas, Isolda nos comparte fragmentos de muchas de sus publicaciones, abordando un amplio espectro de sus textos publicados y premiados, de su manera de entender la poesía, y de los registros vocales que ha adoptado su quehacer poético. El libro se encuentra dividido en tres secciones principales, con 21 textos poéticos. Aunque la fórmula transversal del libro es la de una especie de popurrí de momentos, sirve como introducción a su obra, que parte de lo bucólico para pasar por lo romántico, por lo social, por lo histórico, aunque siempre aterriza en esa voz universalizada con que la autora mexicana ha construido su carrera.
Además, la vocación de docente especialista en letras mexicanas se hace presente en la sinergia de su lenguaje, Dosamantes es una mujer que, sin abusar de los conceptos académicos o las formas literarias, comparte con el lector sus pensamientos más profundos, sus memorias vivenciales o heredadas, con las que se nutre. Inicia con el poema ‘Sueños en el Hamman’: ‘Hay varios cuartos llenos de agua/ pequeñas fuentes de las que emana hirviendo/ y se desliza por los azulejos transparentes danzando/ entre los cuerpos desnudos de mujeres’. Porque la mujer, tanto la que escribe, la narradora, como la que sostiene la mitad del mundo, e incluso esa identidad de espejo de quien está sujetando el libro en sus manos, es un elemento estructural de la obra de la autora, que siempre se agradece, ya que no necesita ni artificios ni estridencias que la empobrezcan. Aunque no por eso toma una posición pasiva o residual, ya que nos recuerda: ‘—A mi hermana se la robo su novio,/ se fue con él al campo de batalla,/ salió con mis hermanos, ya no supimos nada’.
Otro de sus temas recurrentes son los viajes, la melancolía del viajero que contempla las distancias y se transmuta mediante cada paso que va dando en esas experiencias hasta volverse un extraño de sí mismo, con: ‘Estoy a unos metros del Tánger/ no podré entrar a la mezquita’ y ‘Están los sembradíos del verano bajo mis pies/ el viento revolotea con mi blusa’. Ambos textos hacen uso del viaje como motivo, aunque el primero muestra un choque cultural donde queda reducida la mujer a un objeto pasivo, y el segundo indica la libertad de quien echa a andar sin mayor preocupación que atender los detalles en el camino. La tercera parte del libro, publicado en Argentina como ‘Después del hambre’, en México con ‘Paisaje de la seda’, ‘Musa de musas’ y ‘Apuntes de viaje’ funciona como una vitrina a sus otras obras, sus pieles, las maneras de sus recursos. Así, esta colección de textos muestra una basta calidad en temas y formas. Nos dice: ‘No hay otra palabra que te nombre./ ¡Ah! Pasas tan rápido, implacable, que de pronto me veo a la distancia/ caminando mis calles empedradas’. Su lenguaje no se desluce por ser sencillo, sino que adelanta la maestría con que ha hilvanado las palabras en experiencias que comparte sin mayor envidia.
Aunque breve en su extensión, este poemario, basta para ahondar en su propuesta poética para descubrir una sensibilidad que no es cursi, y una inteligencia que no es pedante. Isolda Dosamantes nos deja entrever el mundo del que da testimonio como si estuviéramos sentados compartiendo una taza de té, elegante, cosmopolita, que lo mismo habla de recuerdos revolucionarios, no necesariamente propios, como de las costumbres de los extranjeros, las sensaciones de descubrir lo nuevo, la melancolía de regresar sobre los pasos de las memorias hurtadas. Además, es una activa participante en encuentros y espacios donde muchas voces se encuentran, para lucirse con la experiencia de una obra bien trabajada. Sentencia la autora del poema ‘Le petir bar’: ‘Mi voz se escucha desde las montañas/ traigo la gaita en el alma/ soy la mestiza de pelo negro’. Entonces la podemos mirar de frente, con esa sobria y compleja sonrisa de quien sabe más de lo que dice. Agradezco a la autora el haber intercambiado libros, lo que me da la ligera oportunidad de mal hablar de su libro, y no dejo de pensar que la he estafado un poco con mis textos menos prósperos. Esta colección es una oportunidad para conocer a la maestra y su obra, la viajera, la mujer consciente, radiante, vestigiosa.
