Editorial

EL WOKISMO: AGRESIVO Y REGRESIVO – Gloria Chávez Vásquez

EL WOKISMO: AGRESIVO Y REGRESIVO

Gloria Chávez Vásquez*

Un periodista y un psicoterapeuta canadienses, definen el wokismo, como “un virus mental” que se rige por sus propias reglas, no necesariamente ligadas a la lógica.  Lloyd Hawkeye Robertson, y Edan Tasca hacen un análisis profundo de este fenómeno que afecta la cultura occidental en un ensayo publicado en la revista Humanistically Speaking (2024).

El wokismo, surge como un movimiento posmodernista y neomarxista, cuyos pilares ideológicos son: a) solo los blancos son racistas, b) una persona con todas las características físicas de un hombre puede ser una mujer, c) la ciencia y la razón son formas de conocimiento de hombres blancos y deben ser desmanteladas, y d) el humanismo ilustrado es racista.

Un virus agresivo

En la década de los 90, se introdujo en el currículo educativo la idea de que “el racismo es un fenómeno exclusivo de los blancos”. Los estudiantes preguntaban: ¿cómo puede ser solo de los blancos si el racismo existe también en otros grupos y contra los blancos en muchas partes del mundo?” Según los wokistas, “estas reacciones son producto de la estructura de poder de la raza blanca» y su única respuesta es que, “aunque practiquen el racismo, los no blancos no son racistas”. La confusa ideología resultaba extraña en aquella época, pero ideas como está, son comunes en la actualidad y están destruyendo gran parte del progreso humano.

El racismo asigna características negativas a otros grupos para hacerlos inferiores, o para hacer superior al propio grupo. Este paradigma asume que los blancos son moralmente inferiores. Por otro lado, la noción de que unas razas son incapaces de cometer racismo les proporciona un “pase libre” para discriminar y odiar no solo a los blancos, sino también a otras razas”. De acuerdo con los autores del estudio, “la afirmación de que solo los blancos pueden ser racistas es en sí misma una afirmación racista”.

Los wokistas no tiene en cuenta que el racismo ha disminuido notablemente en América del Norte durante el siglo pasado. En 1958 solo el 4% de las personas en los Estados Unidos aprobaban los matrimonios interraciales. Para 2013, había llegado al 87%. El psicólogo canadiense-estadounidense Stephen Pinker cita estudios que muestran que la alfabetización y la educación en el mundo han aumentado sustancialmente. Esto indica, además, que la gente realmente educada es menos racista, sexista, xenófoba, homofóbica y autoritaria. Aquellos que se aferran a la noción de que el racismo es el principio operativo de la sociedad niegan este progreso.

La palabra “woke» es un término de la jerga negra estadounidense de mediados del siglo XX que se utilizaba como un código para saber si uno era afín a la “cultura” de otro. Hoy en día el wokismo se autodefine como «cultura de cancelación», «transgenerismo», «corrección política», «política de identidad» e «izquierda identitaria». Como en las sectas, el wokismo promete a sus seguidores una vida mejor, después del apocalipsis o destrucción del orden establecido. Es por eso que, para avanzar esa agenda, Black Lives Matter, acogió en sus filas el transgenerismo, la teoría crítica de la raza, las historias fabricadas, los comités escolares que devalúan la educación de los niños, los profesores que contribuyen a adoctrinar y a diseminar su propaganda.

El wokismo aprendió del marxismo que las palabras se disfrazan con eufemismos para demonizar y condenar o se catalogan de malignas e impronunciables. Sus militantes se identifican por el uso del lenguaje con a) palabras viejas como «racismo» y «violencia» que adquieren nuevos significados, y b) palabras nuevas que no todos entienden, como «cisgénero» y «microagresión». Y debido a que los Woke consideran que las palabras «problemáticas» son una forma de violencia, cualquier desacuerdo lo interpretan como un ataque personal.

Los pronombres también se han convertido en armas de guerra. El abogado de Columbia Británica, Shahdin Farsai, argumenta que el uso forzado de pronombres en los tribunales puede perjudicar algunos casos legales porque obligan a las personas a exponer públicamente su expresión de género.

Los dogmas o ironías del wokismo.

Las palabras «negro» y «blanco» son adjetivos que se refieren al color de la piel. Para los Wokistas se trata de una «esencia» que implica la membresía exclusiva a una raza y define a la “gente de color” en base a la opresión y sufrimiento y no por sus características físicas. Cualquier otro factor, como el talento, la inteligencia o habilidad del individuo, es irrelevante. Como ideología, nos dicen Robertson y Tasca, el wokismo es incapaz de querer nada razonable, excepto en un sentido metafórico manipulable y por eso creen que el racismo es “ascendente” o “sistémico”.

En el caso de los musulmanes, un grupo multiétnico, conformado por todas las razas, el wokismo los trata como una raza oprimida. Pero al definirlos como raza, permiten, ayudan e incitan, la opresión dentro del islam, protegiéndolo de las críticas. Entretanto, dado que los judíos son académica y económicamente exitosos, los Woke dicen que son «blancos» y que forman parte de la clase opresora. Esta declaración promueve más del racismo que históricamente han soportado los judíos.

Por otra parte, el wokismo coloca a los hispanos en la categoría de raza oprimida, aun cuando las raíces históricas de la mayoría de ellos son europeas (es decir, blancas), mientras que las raíces históricas de los judíos son del Medio Oriente. En cuanto a los asiático-americanos, que también han obtenido grandes logros académicos y financieros en EE. UU y Europa, se les etiqueta como «blancos adyacentes», por lo cual son discriminados en el mundo académico.

En la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de 1954 que puso fin a la segregación racial, la doctrina de «separados pero iguales» que permitía escuelas segregadas para estudiantes blancos y negros fue rechazada por unanimidad. Ahora, casi siete décadas después, la segregación racial en las escuelas ha sido reintroducida por el wokismo en nombre de la justicia social.

«Los Woke se autodescriben como «progresistas» o «de izquierdas» y su política de identidad es totalmente radical. El Museo Nacional Smithsonian de Historia y Cultura Afroamericana en Washington fue criticado por una exposición supuestamente progresista titulada “Aspectos y supuestos de la blancura y la cultura blanca”. La exposición presentaba comportamientos como el trabajo duro, la autosuficiencia, gratificación a largo plazo, el seguimiento de horarios rígidos y la valoración de la familia nuclear de padre y madre como «blancura». El argumento Woke es que esperar que los empleados se presenten a trabajar a tiempo y trabajen duro, es racista.

En junio de 2020, la autora J.K. Rowling provocó la ira del wokismo cuando dijo que las mujeres deberían seguir teniendo espacios seguros en los vestuarios que están prohibidos para los hombres biológicos, Rowling fue acusada de «feminista radical trans excluyente» y recibió amenazas de muerte. En este sentido los Woke afirman actuar desde un espíritu de compasión, pero han producido un entorno tóxico de «justicia retributiva” y «cultura de cancelación».

Ann Applebaum (2021) entrevistó a 12 académicos que informaron que lo habían perdido todo (trabajos, dinero, amigos, colegas) acusados por el wokismo de “violar” los códigos sociales que tienen que ver con la raza, el sexo, el comportamiento personal o incluso el humor aceptable. La misma suerte han corrido una multitud de profesionales en los medios de comunicación, el deporte, el entretenimiento y otros círculos, por no ajustarse a las ideas de esta locura moderna.

Los wokistas se niegan a perdonar ofensas reales o imaginarias, por lo tanto, su respuesta social ha sido la intolerancia y el odio. Aquellos que no se adhieren a los principios del wokismo son vistos como malvados, ignorantes o necesitados de conversión. El wokista no considera que los «espacios” son lugares donde las personas pueden tener conversaciones significativas sin la amenaza de represalias. Sus “espacios” están destinados a “ponerse a salvo» de la diversidad de pensamiento. Los desacuerdos no son aceptables.

Pero, como aconsejan los analistas canadienses, si realmente quiere una sociedad compasiva, el wokismo necesita aprender a perdonar, (como lo han hecho otros), los errores y horrores del pasado. Si quiere acabar con el racismo, es necesario que abandone sus prácticas racistas, como la segregación y el esencialismo racial. Si en verdad quiere proteger a los miembros vulnerables de la sociedad, debe esforzarse por proteger a todos, sin discriminar y modificando sus percepciones de lo que constituye la opresión. Necesita, en fin, dar un giro de 180 grados si realmente quiere lograr sus objetivos y para ello necesita dejar de ser un movimiento agresivo-regresivo.

*Gloria Chávez Vasquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

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