Editorial

‘Crónicas de amor, desamor y otras plagas’ de Estela Guerra Garnica – Ernesto Adair Zepeda Villarreal

‘Crónicas de amor, desamor y otras plagas’ de Estela Guerra Garnica

Ernesto Adair Zepeda Villarreal

Fb: Ediciones Ave Azul X: @adairzv YT: Ediciones Ave Azul Ig: Adarkir

 

Recientemente recibí un ejemplar de este libro de la autora mexiquence Estela Guerra Garnica, originaria de Temascalcingo, educadora por vocación y divulgadora por experiencia. Se trata de una colección de relatos que giran en torno de lo romántico, o más bien, de los espacios silenciosos entre líneas. Se trata de una edición con algunos detalles que hacen sonrojar a la escritora, pero que encuentro como estructurales dentro de un volumen único, casi casi de colección. El cuerpo del documento cuenta con 46 textos, que exponen diferentes escenarios sobre el desamor. La pintura de portada es de Lidia Aranda Cruz, y las interiores son de la propia Estela, quien también cultiva la plástica con gran maestría. La primera edición fue de Editorial Académica Española, mientras la segunda edición corresponde a la dupla editorial Cisnegro y Vozabisal en 2020.

El estilo de la autora es el relato tranquilo de quien hilvana una conversación con sus íntimos, exponiendo detalles sobre la vida misma. No abusa ni de la gramática ni de las figuras literarias, aunque la experimentada poeta sabe cómo oscurecer el lenguaje para afilar la punta del bolígrafo. En estas narraciones, una a una, nos va contando pequeñas historias que nada tienen que ver con las otras en apariencia, pero que componen una unidad lógica en la dureza de quien ha decantado las fachadas del amor para ver su dorso: la traición, la decepción, el desasosiego de quien busca y no es correspondido ni siquiera en reciprocidad. El prólogo es de Gwenn-Aëlle Folange Téry.

Aunque el lenguaje es sencillo, la complejidad narrativa exterioriza a la experta, que construye todo el entorno en la síntesis de un par de párrafos. Algunos cuentos dan una aproximación a la insatisfacción de las relaciones humanas, primordialmente, mientras otras se desgranan en el dolor de la asfixia, en la in-saciedad de lo terrible que es descubrir la gota amarga al final de la copa de miel prometida. No obstante, no se recubre de amargura, sino de la sana sabiduría de la mujer madura, que ha aprendido que hay batallas que se ganan, otras que se pierden, y muchas otras que solamente se transitan sin rencor ni glorias. Cuentos como ‘Línea continua’ son cartas-epílogo de lo que aconteció, acaso un rumor, mientras otros son el reconocimiento tácito de que somos espectadores de nuestras merecidas desgracias, como en la ‘Sirenia’. Algunas otras historias tienen un toque más mágico, una mística femenina que revela lo inesperado, y que se adosa a la colección por sus elementos más delgados.

Uno de los elementos que más me gustaron de su obra es esa manera tan decantada de asumir la desgracia como algo inevitable, estoica acaso, y que pasará, junto con la juventud, la belleza y la necesidad del amor. Aunque no deja de admirar y desear a ese mítico unicornio que es el ser amado, deseado, que reconstituye el cuerpo herido y lo rescata de esa orfandad sensorial de la inapetencia. Particularmente, los hombres que son sus personajes se manifiestan en su naturaleza, pero no juzgados con el odio de las mujeres jóvenes, sino con la decepción de quien ha caminado la vereda lo suficiente para reconocer sus detalles más minuciosos. Así, los personajes que construye juegan ese rol de víctimas y victimarios, según la situación, pero sin que por ello medie el arrebato o la intransigencia. En los cuentos que no son estrictamente relacionados con el amor, este es un elemento causal que guía los hechos (como en la historia de la Virgen), en que la realidad se plasma con el debido detalle, terrible, de la cotidianidad.

El libro es agradable, con muchas historias memorables, y otras tantas que exigen la atención profunda a los detalles. Pues en su estilo narrativo, Estela puede dar giros completos en lo que está contando, en sus implicaciones, en su verdadero objetivo. Esa aparente sencillez es también una herramienta de la profesora, que sabe que quienes ponen atención en el momento adecuado pueden descubrir la verdad en lo que tienen en sus manos. Sin duda, es una colección narrativa que da más lecciones de las que parece, donde el narrador, esa figura espectral pero embriagante, demuestra la valía de la pluma que la ejerce, de la feminidad trabajada en la decepción, que busca y se recompone en cada fragmento de vidas que compone su cuerpo extendido de papel.

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