Editorial

Confesar los sueños – NORMA SALAZAR

RADIOGRAFÍAS

Confesar los sueños

 

NORMA SALAZAR

¿A qué nos referimos  con la autenticidad de los sueños narrados?

La certeza entre un sueño inventado y efectivamente soñado, es sin duda una narrativa abundante de lo que pensamos, aún más las condiciones ante sucesos. Asimilar la concordancia del sujeto avispado con su experiencia onírica, declara a través de su discurso conjeturas que los textos meditados cuentan justamente esta vivencia: relatos impersonales, las representaciones literarias del sueño, con el mismo designio que si procediera de un relato personal, la cualidad en que rehabilita mediante el lenguaje, por lo tanto, asigna como eje de análisis inviolable al relato en primera persona que personifica el modo natural. “El relato de un sueño es un relato como los demás”, afirmó Paul Valéry, la declaración de Valéry insta un contexto en los Cahiers, la interposición del recuerdo y el lenguaje trastorna de raíz lo más pulcro que podría acopiar en la observación. La capacidad de resonar, informar e identificar como un “sueño” indiscutibles secuencias de imágenes, más o menos coherentes, acontecidas mientras estamos dormidos involucra tanto la coexistencia de funciones de mayor o menor complejidad, como una condición culturalmente precisa ante un carácter particular de experiencia subjetiva.

Ahora bien, la producción literaria como testigo para instituir un veredicto aplica la condición del sueño en tal o cual instante, obviamente hay riesgo de confundir un diálogo atrayente con la verdadera forma de pensar del momento, como escribiera Roger Vitrac, Connaissance de la mort       

 

“Tuve un sueño singular […] Yo no estaba muerto, pero había

perdido la vida […]  De pronto, un hombre que se parecía a ti,

pero que no tenía ni tu cara, ni tus gestos, se levantó de entre

las olas y vino hacía mí. No llevaba ropa, y sin embargo

no estaba desnudo…”

 

Como se ve el punto de conexión erige una analogía de aprobación cuasilógica entre las propuestas contradictorias y exigen a examinar la idea de una viable semejanza entre datos que habitualmente se excluyen. El aspecto del conector muestra que el suceso lógico se revela y se trata, lo cual, claro no elimina la contradicción de fondo, pero lo redime en una colocación virtualmente racional que prevalece y continua con el relato. Desde la directriz semántica y estricta coherencia, en el  sueño no existe un principio de identidad; el principio onírico solicita que todo sea posiblemente correcto, un ejemplo lo observamos en Rèves, Littèrature, R. Desnos

“Caigo dentro de un pozo que es a la vez una hoja de papel”

 

El que sueña toma el sueño tal y como viene, para él o ella no hay limitaciones antepuestas a los contextos que manifiesta, no hay reglamentos ni juicios que aseguran lo bien asentado de las imágenes oníricas, a los ojos del que sueña nada se anula porque no hay ninguna acuerdo ni exactitud que se tenga que respetar, observemos el siguiente fragmento de A. Gide, Journal, 8 de marzo de 1936

 

“Mi sueño me había transportado a un gran salón lleno de gente.

Yo fumaba un enorme cigarro y esto me parecía de lo más natural,

cuando  yo no he encendido un cigarro más de tres veces

en mi vida”

 

De hecho, la singular rectitud del que está soñando ante la condición onírica compone un punto de discrepancia evidente con los comportamientos del ser consciente. La conciencia reprocha por las inverosimilitudes disimuladas en el sentido y el ser despierto se apodera de enfrentar a la satisfacción de la mente soñante, los almacenamientos dictados por su actual lucidez, Valéry expone la concia y su vivencia sin tapujos en el siguiente ejemplo

 

“Un tranvía que espero, llega demasiado rápido… pero no, frena,

voy  a tomarlo… pero no, pasa a gran velocidad y he tenido

tiempo de tomarlo”

 

Es cierto que el carácter de los sueños puede fructificar el eje del relato en presente, la vivencia onírica precisa lo imaginario. Se libera con duda en la estructura que ha guarnecido en la mente y el clímax del sueño está habituado de innegable visión de las cosas más que de las cosas en sí.

Termino ávidos lectores, el poder de soñar, evocar el sueño es distintivo de un objeto huidizo, reticente, también para un escritor es la inclinación misma de la escritura es el destino de la búsqueda de sí.

 

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