Un poquito a la derecha
Ernesto Adair Zepeda Villarreal
Fb: Ediciones Ave Azul X: @adairzv YT: Ediciones Ave Azul Ig: Adarkir
Lo de hoy son las batallas culturales. No, la guerra cultural, según le llaman. Porque debería ser eso, dicen quienes están atorados a mitad de esa gresca de inadaptados. Curioso título nobiliario de la batalla entre los extremos, ya que sólo tienen sentido en el mundo al librar una pugna casi santa que les dé sentido a sus propias opiniones. O eso pienso, como tibio que soy, en la comodidad del centro. Derechas e izquierdas se asumen los salvadores del mundo, enarbolando peleas simbólicas de lo más valioso, con ese picarón uso del lenguaje para envolverse en la defensa de la libertad (asegún) de algo. Los demás, no contamos, porque eso también es un pecado. O eres zurdo o eres facho, porque el pensamiento simple es lo suyo. Quizá ya no exista realmente esa banda política, pero somos muy perezosos para reclasificarla, y tomo tiempo. Así que queramos o no, hemos terminado batidos del excremento de los caballos. Lo malo, es que a veces cuando quieres obligar a alguien a determinar un bando, puede que no sea el que más te agrade. Así, que les aviso que somos los malos ahora. Y eso no es ninguna desfachada declaración o salida del closet de alguna agrupación política.
Hace como 10 años, algunos filósofos y comentócratas reflexionaban que la izquierda moderna, en particular el feminismo, generaría un efecto negativo como respuesta (cosa obvia) a su extremismo rampante. Pocos lo leyeron, a nadie le importó. Una década después, vemos el desagarre de mantos por la victoria de partidos políticos de derecha, o personajes cuando menos curiosos. También las estadísticas horrorizan a algunos burócratas, la ponderar que el voto joven parece más enfocado en los deseos tan capitalistas de alcanzar un empleo, tener una casa, o semejantes. Egoístas, hijos de la recesión, de las crisis recurrentes, y de las ocurrencias, esa eterna crisis recurrente de cualquier gobierno. Está avanzando la derecha, dicen los de izquierda, y está avanzando al mismo tiempo la libertad frente a la demencia, dicen los otros. La verdad es que sólo es un péndulo, sin más, como ha pasado tantas veces ya. La historia es curiosa, y lo más certero sería hablar de los ciclos. A los economistas nos gusta hablar de ciclos: ciclos económicos, siclos sociales, y por qué no, hablar ahora de los ciclos políticos. Es lógico, además. No por nada la gente vota por un espectro u otro (que ya solo mantienen los títulos, no los ideales o la profundidad) dependiendo de la bonanza o crisis económica. Puede que sea espuria, pero hay una correlación ahí.
El asunto es que los malos son en todo caso, quienes no tenemos vela en el asunto, porque nos importa tan poco. O también podemos decir, quienes nada teníamos que ver y a quienes nos han estado picando la costilla por tantos meses, e incluso años. Porque si no eres un grupo capitalizable, eres malo, si no sigues un discurso, eres malo, y si no te prestas a su visión del mundo, eres obviamente parte de los otros, los hijos de satán (léase de izquierda a derecha y viceversa). Mientras seguimos con la vida diaria, tratando de sobre llevar legislaciones cada vez menos sensatas, y muchas veces, incluso hasta censurables moralmente. La tranquilidad permite que la gente sea ociosa, y el ocio es la madre de la política.
Yo como muchos, no me he movido de mi sitio conceptual político, pero con semejantes tirones de banda de los salvadores del mundo (quien sea que se atreva a ponerse la banda en el pecho) hemos de quedar en algún lado. Y pareciera que por ahora quedamos un poquito más a la derecha, porque los jóvenes, las masas de algunas de las democracias más prominentes (nominalmente, no sé si sean democracias), parecieran más interesados en luchar contra el sistema (porque nunca estamos contentos; o quizá no se pueda tener contentos a todos, y surja de allí la principal contradicción de nuestras sociedades). Por su puesto, eso ni es importante, y está bien. La ola viene de regreso, como se profetizó tan obviamente una década atrás, y yo sigo de pie jugando en la arena viendo a la serpiente en el péndulo.
