TANATOLOGIANDO
LAURA SALAMANCA L.
EL MIEDO A LA MUERTE
Desde que nacemos estamos condenados a morir, y todos sin excepción hemos tenido miedo a la muerte en alguna de nuestras etapas, pero la muerte no es la fuerza todopoderosa que nuestro miedo nos dice que es, ya que en la naturaleza la muerte es parte de un ciclo de nacimiento y renovación, una transformación hacia diferentes configuraciones de energía, y para liberarnos de la muerte es necesario observar que todo se basa en una visión muy selectiva de la realidad a la que todos hemos estado condicionados por nuestros padres y abuelos, antes de que tuviéramos la alternativa de elegir conscientemente.
Lo que realmente nos duele no es la muerte en sí, sino el miedo a su inevitabilidad y la forma de cómo lo haremos y al transcurrir los años y vernos llegar al envejecimiento nos recuerda la muerte y nos obliga a voltear a ver una separación que se abrió en la niñez y que nos recuerda cuando en nuestra vida murió el primer objeto amado.
No nos detenemos a pensar que en el cuerpo hay millones de células que van muriendo día a día y otras van naciendo y regenerando órganos que nos ayudan a vivir por muchos años. Igual en la vida social, proyectos mueren y otros nacen, trabajos terminan y trabajos empiezan, relaciones mueren del todo, otras permanecen quizás a lo lejos y otras siguen. La muerte vive entre nosotros.
Sin embargo hay fuerzas inconscientes que trabajan dentro de nosotros, todos podemos aceptar que un día moriremos pero al estar muy cercano a la muerte o a una persona cercana a la muerte mantenemos oculto el pavor que nos da, pero mantenerlo escondido no quiere decir que lo estemos controlando sino que, es el miedo él nos controla a nosotros y es que la creencia en la muerte nos crea limitaciones que no necesitamos.
Pero para algunas personas envejecer y morir es la única puerta de escape que pueden encontrar al llevar una vida poco satisfactoria, este fenómeno juega un papel muy importante para el pronto envejecimiento, para algunas de las personas que se consideran viejas e inútiles y lógicamente en pocos años llegaran a la muerte tan esperada.
Vivir es una forma de cambio, pero ¿cómo podemos aprender a vivir dentro de esta continuidad de la vida? Y es que al morir un ser querido, claro que existe un gran dolor, y es que los sentimientos son naturales, pero éste dolor no tiene que ser eterno, si es que hemos absorbido la realidad de la vida como un flujo eterno donde no hay ni perdida ni ganancia y que está en constante transformación, así como las abejas pueden cambiar su edad a voluntad según lo requiera el panal, en un momento determinado, se vuelven a convertir en jóvenes.
El ser humano ha estado en la búsqueda desde siglos atrás, del no envejecimiento. Y ha encontrado cosas naturales y artificiales, desde remedios hasta implantes médicos o cirugías plásticas, pero el tiempo no perdona y finalmente llevan a mostrar que la edad ha llegado, por mucho que quieran retrasarla.
Pero la mejor forma de aceptarla es la mental, ya que al no sentirse viejo y al entender que mientras tengamos actividad nuestro cerebro será muy difícil que se deteriore, incluso podemos hasta descartar algunas enfermedades. Las tristezas, las depresiones y los malos ratos claro que pueden ir minando nuestro entusiasmo pero es nuestra obligación en esta vida, poder sobreponernos conscientemente a cualquier eventualidad y regresar a nuestro centro, donde prevalece la plenitud y nos sentimos a gusto con nosotros mismos
La mejor forma es buscar un espacio para el crecimiento y éste es la meditación.
El silencio es oro y un gran maestro y para aprender sus lecciones debemos buscarlo en dos momentos del día, antes de salir de la casa por las mañanas y al regresar por la tarde/noche en un inicio de 15 a 30 minutos, dejando el mundo afuera y al cabo de un tiempo estos espacios serán lo más importante en tu vida. Ya que te reconectaras con lo que eres en realidad :una parte del todo.
El saber que somos uno con la vida nos reconforta y nos ayuda a quitarnos el miedo a morir. El saber que entraremos en algún momento a ese flujo de la trasformación de nuestra energía donde podremos tener otro tipo de experiencias diferentes y no sé pero hasta quizás podamos comunicarnos con nuestros seres amados.
La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos
Antonio Machado
Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo
Platon
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