TANATOLOGIANDO
LAURA SALAMANCA L.
EL AMOR EN LA TIERRA DESDE LOS REINOS
En la meditación encontramos todo lo que andamos buscando, lo único que nos detiene es no tener tiempo de dedicarnos a nosotros mismos. Basta aquietarse para poder visualizar nuestros proyectos y la gran mayoría de las cosas que recibimos de la naturaleza y ni nos enteramos, y dejarse llevar en el flujo de la energía que ésta nos genera. Entramos a momentos muy sublimes y cuando lo hacemos verdaderamente conscientes, hasta llegamos a perder la sensación del tiempo y del espacio. Tales momentos son raros, pero cuando ellos nos poseen, nubladamente vislumbramos la luz y “no vemos nada sino luz” pensamientos, palabras sentimientos y emociones, todo se ha ido y la luz es lo único de lo que estamos conscientes. Y al tratar de explicar todo esto, nos damos cuenta de que las sensaciones que pertenecen al absoluto, no pueden ser expresadas; las apariencias del plano tridimensional no son para ser descritas tridimensionalmente.
Como parte de Dios, traemos parte de la creación dentro de nosotros. Y toda creación no es sino fuerza en substancia operando en amor y brillando como luz. Las formas corpóreas no son sino luz de amor en manifestación.
Es el amor que comienza y forma las galaxias y la luz de los soles no es sino la revelación del amor del creador. Los planetas brillan con la luz del amor en descomposiciones de luz. Así es como el pensamiento de Dios es visible, por medio de formas corpóreas. Y en esa mente de Dios no hay sino amor, paz, equilibrio. Por lo tanto busca la luz y cuando ella brille a través de ti e ilumine tu conciencia, encontrarás dentro de su esencia que es el amor que te trae la luz. Entonces sabrás que tú eres amor y que tú eres una parte de Dios en forma humana.
Ahora hablando de los reinos, en el reino mineral aparece como ley de atracción, reteniendo los átomos en estados varios de densidad y cualidad y que a través de la evolución mantiene la belleza de formas que eventualmente se producen en cristales y piedras preciosas.
En el reino vegetal aparece en una forma más alta como la belleza y la armonía magnética que presenta este reino. Aquí encontramos también “el primer sacrificio” dándolo todo a reinos más altos que a el mismo. Por eso al ingerir tus alimentos es importante dar gracias a esas plantas que se han sacrificado para alimentarte.
En el reino animal aparece dando origen a la sabiduría, hija del amor, como creciente consciencia, en la que la inteligencia se manifiesta como instinto y las emociones rudimentarias (la atracción de los opuestos, el amor maternal, el amor de la vida, la lealtad, el instinto de grupo etc.) muestran que la luz comienza a aparecer y el alma comienza a despertarse. En sus formas más altas (el animal domesticado) aquí vemos el nacimiento de la devoción, la obediencia a una voluntad más alta que la suya, el deseo de amar por el placer de ser amado y el darse a sí mismo en servicio.
La voluntad de amar de Dios, recibe su respuesta en la vida de cada célula, y engendra una consciencia creciente que inevitablemente manifiesta, un despertamiento más alto y una sensibilidad creciente, hasta que emerge como la cúspide de toda creación. EL HOMBRE
El hombre es la potencialidad de expresar la gloria radiante de su poder trascendental. Es a través del hombre que Dios comanda la revelación de la luz que es amor por medio del goce, la gratitud y la reverencia.
Pero contemplando el mundo parece imposible dada la conducta humana, comprender que tras tanto caos y trastorno exista amor. Y sin embargo es el amor el que está causando toda esta gran conmoción. No olvidemos que el amor es una fuerza irresistible. Si nuestra respuesta a su influjo es opuesta al amor, tiene que producir como resultado, el fracaso inevitable del esfuerzo de expresar el propósito del creador.
Si tu abres tu corazón a su influjo grandioso, tu sientes la emoción del espíritu en cada fibra de tu ser. Su luz ha llenado tu mente con su sabiduría. Y para encontrarlo has sido llevado delante y arriba a través de los estados elementales de lo que se llama el amor humano. Y a este estado tendríamos que llegar. Solo tienes que buscarlo.
La Ciencia de la Física Mental
Hasta que uno no ha amado a un animal, una parte del alma sigue sin despertar
Anatole France
Cuando el hombre se apiade de todas las criaturas vivientes, solo entonces será noble
Buddha
Los arboles meditan en invierno, gracias a ello florecen en primavera, dan sombra y frutos en el verano y se despojan de lo superfluo en el otoño
Poema zen
