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Justin Bieber sorprende con ‘Swag’ y otras 10 canciones nuevas

Todos los viernes, los críticos pop de The New York Times opinan sobre las nuevas canciones más destacadas de la semana. Escucha la Playlist en Spotify aquí (o encuentra nuestro perfil: nytimes) y en Apple Music aquí, y suscríbete a The Amplifier, una guía quincenal de canciones nuevas y antiguas.

Justin Bieber ha lanzado un álbum de 21 canciones llamado Swag, se trata de una producción sorpresa, llena de experimentos lo-fi y colaboradores inesperados. El cantante siempre ha sido un gran cazatalentos, y ha ideado “Daisies” con el guitarrista de dedos rápidos Mk.gee y el productor Dijon. “Daisies” es un tema sencillo: una única guitarra eléctrica, batería y la voz de Bieber, que utiliza principalmente una progresión de acordes doo-wop vintage (I-VI-IV-V) y yuxtapone vulnerabilidad y fuerza. Bieber suena un poco inseguro, pero consciente de su legitimidad cuando canta: “Sea lo que sea sabes que puedo soportarlo”.

Syd (antes conocida como Syd tha Kid, del grupo Internet) abraza los placeres del momento en “Die for This”. Una caja de ritmos y suaves armonías vocales animan la canción con versos sentimentales como “podemos tener esta noche para siempre” y “esta noche contigo se siente como el cielo”. Está totalmente convencida; ¿habrá convencido a su pareja?

“¿Estoy siendo un poco fuerte?”, se burla Tyla en “Is It”, un flirteo en la pista de baile que también es una insinuación y una afirmación de poder. “¿Es la idea lo que me gusta, o realmente quiero hacerte mío?”, se pregunta Tyla, para luego seguir avanzando. El ritmo es espartano —a menudo solo percusión y unas pocas notas de bajo distorsionadas—, pero un coro de voces masculinas se le une mientras ella toma el mando.

Flo, el trío británico de R&B, hace malabarismos con una situación delicada en “The Mood”: decir que no por una noche, prometer futuros momentos sensuales y calmar el ego, quizá frágil, de una pareja. Con una línea de bajo ronroneante y un tenue ritmo proporcionado por la producción de Kaytranada, se disculpan: “Es que esta noche no estoy de humor”. Pero se apresuran a añadir: “Te juro que eres el único que lo hace bien”. También rinden homenaje a sus modelos de R&B deslizando algunos títulos de canciones antiguas en la letra.

El productor hiperpop Danny L Harle se ha mantenido ocupado como colaborador, pero “Starlight” es su primera canción que llega al número 1 desde 2021, y está repleta de ideas. Con su voz aflautada pasada por todo tipo de artilugios, PinkPantheress canta sobre anhelos fuera de lugar: “He conocido a alguien como tú/ No me corresponde”. La producción de Harle acelera desde el melancólico lamento electrónico hasta el electro-pop maníaco y machacón, esparciendo contramelodías por todas partes.

“Puedes marcharte si quieres, y no tienes que decir por qué”, aconseja Indigo de Souza en “Be Like the Water”, de Precipice, un álbum que se lanzará a finales de este mes. La canción es un mensaje de emergencia —posiblemente un salvavidas— para alguien que tiene una relación problemática, pero también es vulnerable y alentadora. El tema utiliza electrónica junto a cálidos instrumentos tocados a mano, mientras que la voz orgullosamente imprecisa de De Souza ofrece a cualquier oyente una salida a una mala elección que no tiene por qué continuar. “Puedo mejorar sobre la marcha”, decide.

La alienación rara vez suena tan alegre como en “Float”, un adelanto del primer álbum completo de Jay Som como líder de banda desde 2019. (Mientras tanto ha estado colaborando: grabando un álbum como mitad del grupo Bachelor, tocando el bajo en la gira con boygenius, compartiendo un dúo con Troye Sivan). “Float” es un rock new wave optimista, con guitarras entrecortadas a lo Police y gritos sin palabras. Pero incluso cuando la batería y las guitarras entran en acción, Som canta sobre la separación y el creciente distanciamiento: “¿Así es como se supone que debe ser?/ ¿Medir tu miseria?”. La exuberante música tiene que luchar contra sus dudas.

Dos ágiles e imprevisibles adeptos del estudio —el bajista Pino Palladino (D’Angelo, Nine Inch Nails, Adele) y el compositor, guitarrista y productor Blake Mills (Alabama Shakes, Perfume Genius, Lucy Dacus)— presentan su segundo álbum en colaboración, That Wasn’t a Dream, con “Taka”. Es un instrumental global-funk que parece tomar forma sobre la marcha como una composición de Weather Report. Sus riffs de bajo modales, de seis tiempos, aluden a la música gnawa marroquí; melodías aflautadas, que pueden ser Mills utilizando un sintetizador de guitarra, van y vienen. Pronto la base armónica empieza a cambiar, subiendo y subiendo; todos siguen el ritmo.

Digable Planets, el grupo de hip-hop de los noventa, a menudo utilizaba vamps de jazz para llevar sus rimas; no son los únicos raperos que lo hacen. Ahora, el batería y productor Kassa Overall ha recuperado para su grupo de jazz “Rebirth of Slick (Cool Like Dat)”, de un próximo álbum suyo de versiones instrumentales de canciones favoritas del hip-hop. Acelera el tempo y añade un complicado ritmo saltarín mientras reconecta la canción con el jazz modal de los sesenta, con acordes de piano en cascada y saxofones rugientes. Hay suficiente gancho de los Digable Planets para, quizá, atraer a nuevos oyentes de jazz.

El segundo álbum de Noah Cyrus, I Want My Loved Ones to Go With Me, está impregnado del folk-pop de Laurel Canyon, con instrumentos acústicos en el centro de intrincadas ilusiones de estudio. En la espeluznante “Long Ride Home”, canta sobre la total desolación que sigue a una amarga disputa, posiblemente asesina: “Espero que esto sea el fondo, pero me temo/ que no hay nada para luchar aquí abajo”. Los versos tranquilos irrumpen en interludios orquestales. Sin embargo, la cantante termina sonando aún más sola.

Un rasgueo rápido y duro y un zumbido penetrante definen “They Shall Take Up Serpents” de Hillbilly Ragas, un álbum de guitarra solista que se lanzará en septiembre. Como Sandy Bull y Robbie Basho en los años sesenta y setenta, Sir Richard Bishop se inspira en el folk, el jazz y la música india mientras saborea la resonancia y la propulsión de unas manos rápidas sobre cuerdas de acero. “They Shall Take Up Serpents” despliega una serie de pequeños motivos modales, uno tras otro, en frenéticas notas sueltas de trémolo y acordes de seis cuerdas, cambiando constantemente la textura pero sin romper nunca el impulso.

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