¨Rastros y rostros¨ de Ney Antonio Salinas
Ernesto Adair Zepeda Villarreal
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Editado en 2025 por Pinos Alados, el autor chiapaneco Ney Antonio Salinas nos trae una colección de relatos breves que no sólo son diversos e interesantes, son una delicia para apreciar su técnica narrativa. El diseño estuvo a cargo de Rosa Espinoza. El libro se compone de tres secciones, en donde se distribuyen 33 historias, que van desde la jocosidad infantil hasta los escombros más dolorosos de nuestra modernidad nacional, con ese tono tan único del lenguaje chiapaneco, que le da valía al relato rural, y peso al drama cuando es necesario. A diferencia de otras ocasiones donde el autor Tiltepeco nos ha mostrado su técnica de novela negra, en este caso abreva de la nostalgia para ensamblar los paisajes vivenciales, es bucólico en las transparencias de los diálogos, con un toque campesino, y la mayor de las veces un oficio de cronista de las ocurrencias existenciales de sus personajes. Además de ser textos de lectura ligera, lo que los hace bastante asimilables, el contexto ayuda a comprender el lenguaje local, que es otro personaje a través del libro. Ney no esconde el habla popular, los lugares seguros y sus giros, el argot, el caló más honesto posible.
Cada una de las narraciones manifiesta distintos tonos narrativos, según el personaje en turno, que van desde la sátira más directa (como el mítico Tío Juan), hasta la cruda desnudez de la crueldad aberrante (El ausente). El orgullo regionalista no es pesado, al contrario, ya que no sólo vuelve tangibles a sus personajes y sus dolencias, trasladados a una vitalidad que cobra forma desde las páginas, como en el Chacalanga. Convierte aquel Estado, sus pueblos, sus callejas, en una entidad universal que podemos reconocer como propia, la única que existe en verdad. La mayoría de los textos son humorísticos, pero no por eso burlescos o ramplones. La comedia viene desde lo verosímil, la realidad que se cuece en las historias expuestas, y que atraviesa el corazón de los personajes uno a uno hasta formar el terrible rosario de malestares que unifica el volumen. Aunque no por ello se pierde la esperanza de leer en la siguiente página que algo salió bien, que los cuentos de hada sí existen. Otro eje importante son las mujeres. En textos como “Mara, regresa”, “La contrapropuesta” o “La hora del café”, se decanta la admiración hacia las féminas, ya sea como pilar de la tristeza, de la devastación y de la resiliencia más dura del sureste mexicano, pero también de la ternura, de la pasión, de la justificación ontológica tanto del autor como de la vida misma. Por su parte, los hombres no escapan de la dolencia, y se ven más expuestos a la violencia, la propia y la del entorno.
Una de las cosas más interesantes de la colección es la elección de apertura y final del libro. Son dos piezas que nada tienen que ver entre sí, pero resumen el libro, la obra, y al escritor en ese imaginario ardoroso que transita entre lo rural y lo urbano, entre la adoración de las mujeres (“El jardín”, “La colisión”), y con un profundo eco personal del autor; tal vez sin buscarlo, lo que lo vuelve más virtuoso. En esta nueva entrega de relatos del novelista de la ciudad incandescente, Tuxtla, vemos una madurez propia del ejercicio de escribir obsesivamente, de preservar los sitios donde se estuvo, las personas que lo habitaron, y, sobre todo, su manera tan cotidiana de hacer literatura en cada día, en el lenguaje, en su existencia a través de las palabras que los sostienen a pesar de todo. La apuesta literaria de Ney Salinas no es la de recuperar el habla cotidiana, sino de exponer cómo a través de esos modismos es que se entiende, padece y da cuentas de la vida.
Es difícil abordar más a profundidad sus narraciones sin caer en el inoportuno revelar demás (spoiler, para los más extravagantes), hacer evidentes los sucesos, giros o tramas. Sin duda, el lector acostumbrado a la crónica y la novela, encontraran en estas pequeñas cuñas una valiosa manera de sintetizar sus historias, y a su vez, poblar aún más el colectivo imaginario de sus novelas. Porque quien ha leído antes a Ney reconoce que sus personajes no son una repetición, sino el complejo entramado de lo que ocurre en la periferia, las voces en off de quienes salen borrosos en las fotografías, pero están allí, sin embargo, a pesar de. En esta colección de relatos breves hay un universo que se hilvana de página en página, construyendo esa colosal obra que acontece entre las polvorientas calles de Tiltepec y Tuxtla, que son por un momento, el centro natural de todo el universo.
