Centro Toluqueño de Escritores
La amenaza de un desalojo los refuerza
Martín Radamanthys
El reloj marcaba las 12:26 y la sala Alejandro Ariceaga, pintada de negro, se torno luminosa; abogados, arquitectos, actrices, talleristas y, sobre todo, escritores se daban abrazos por todos lados. Había algo conmovedor y delirante; algo que inundaba el ambiente ; ese algo que se manifiesta y flota cuando el creador artístico está a punto hacer que sus emociones y pensamientos se releven al mundo con cadencia y misterio cuando crea. Me atrevo a decir que el espíritu artístico se hacía presente. La comunidad intelectual del valle de Toluca y al rededores daba fin a la asamblea convocada por el presidente del Centro Toluqueño de Escritores, con fecha y hora, sábado 10 de enero a las 10 de la mañana.
La escena me recordó a una reunión familiar que tuvo a sus integrantes separados por la distancia y el trabajo; hubo algunos que no se encontraban desde hace años, pero esa reunión pareció haber doblado el tiempo y el espacio como un simple trapo en el tendedero.
El 19 de diciembre del 2025 la institución cultural recibió como balde de agua fría un oficio de la coordinación jurídica del ayuntamiento, en el que se solicita “desocupar y entregar el inmueble en los siguientes 90 días hábiles… por no convenir a sus intereses”. En otro documento al que Opinión de Yucatán tuvo acceso, publicado por el CTE, se hace mención de que las instalaciones serán ocupadas por la tesorería de la presente administración. Al publicarse lo anterior, la comunidad intelectual y la gente reaccionó con molestia, y argumentaron que ¡No lo van a permitir!; así mismo la prensa realizó sus notas para cubrir la noticia.
La mañana del 10 de enero lucía su cotidiana calma antes de abrir las tiendas y comenzar el flujo constante de gente en el corazón de Toluca. Al inicio había 9 personas. Pasados algunos minutos, Juan Hinojosa Sánchez , presidente del Centro, miró su reloj y expresó, ¡Ya es hora! los asistentes bajaron de apoco a la sala Ariceaga, que es subterránea; más personas fueron llegando mientras Hinojosa presentaba la sesión extraordinaria entre los miembros y asistentes. El recinto se llenó de gente y aroma a café, parecía más un encuentro familiar que una asamblea para manifestar disgusto. Se mencionó la historia y las labores, s expresó que el CTE es la única institución cultural en categoría de “pública”, que trabaja sin un sólo peso del gobierno; hablaron de sus dificultades, los recuerdos latían y se fundían con ese momento presente, ¡Claro, son escritores!.
Resaltó además la presencia, aunque tardía, de un regidor de ayuntamiento que no está de acuerdo con el desalojo; llegó con un abogado que bajo su patrocinio apoyará al CTE como representante jurídico; resaltó la asistencia del Colegio de Arquitectos de Toluca, gestores culturales, actrices, compañías teatrales, músicos, locutores de radio, la prensa, una niña y tantos escritores, hombres y mujeres que son la vena literaria y cultural del poniente del estado de México.
Rostros misteriosos, cabellos canos, la mayoría con lentes, hombres barbados, mujeres eminentes , hermosas, dando fé de la columna escritural en Toluca; pero también jóvenes, muchos. Cuando la mayoría de los asistentes dieron su opinión, obviamente precisa, clara y hasta ostentosa en palabras, luego de la exposición de cada uno de los miembros representantes, se levantó una joven, decía ser tallerista; luego se levantó otra chica, dos jóvenes más… 14 en total, compañeros de ella, pedían continuidad.
La asamblea fue más positiva que negativa, se hicieron conscientes de sus fallas, expresaron sus dificultades y reforzaron compromisos. El desalojo al parecer es improcedente si el contrato de comodato no se vence primero. Ese documento dice claramente que “éste comodato quedará vencido en el momento en el que el Centro Toluqueño de Escritores no esté haciendo su tarea de impulsar la creación literaria”.
Todos fueron subiendo, personas consultaban libros, otros compraban, algunos compartían números de teléfono, había pequeños grupos conversando. El orden fue ejemplar. Mientras esto pasaba yo subí a la planta alta para fotografíar el mural de las escaleras, pero escuché voces, la Comuna Oliverio Girondo ya estaba sesionando; realicé una grabación y los jóvenes gritaban en conjunto, ¡Larga vida al CTE!, ¡Esto no pasó hace 20 años, está pasando hoy!, decían.
Antes de retirarme me encontré con un cartel azul en la entrada del CTE junto a una mesa con libros; el cartel tenía escrito:
“Moreno, el CTE ya es una tesorería. Por qué la Escritura es un tesoro”



