Editorial

Artificios e inteligencias – Ernesto Adair Zepeda Villarreal

Artificios e inteligencias

Ernesto Adair Zepeda Villarreal

Fb: Ediciones Ave Azul X: @adairzv YT: Ediciones Ave Azul Ig: Adarkir

 

Los tiempos cambian, la gente no; o muy poco, lento, paso a pasito. En nuestra modernidad acelerada hemos visto surgir nuevas herramientas, ampliarse los horizontes técnico-científicos, y del desglose de la hiper complejidad. Como cabía esperar, también de los retos o los efectos negativos. Uno de estos casos es la inteligencia artificial (AI por sus siglas en inglés), que, aclamada por unos, detestada por otros, nos remonta a casi dos siglos de debate entre lo que es humano y lo que no, lo que tiene valía y aquello que se subyuga a esa entidad humana. No es el tema. La AI se ha desarrollado mediante muchos modelos, lo que también ha alcanzado los de lenguaje. Y he allí el meollo del asunto. El lenguaje es una de las más complicadas experiencias humanas, ya que invoca no sólo conceptos, su abstracción, y su orden lógico, sino que incluye los matices, los recuerdos y el esquema intelectual que alimenta esa matriz en tiempo real (la parte que se basa en el pasado -aprendizaje-, y en el futuro -imaginación-). No por nada nos tardamos muchos años en desarrollar la capacidad del lenguaje elementa con señas, luego ruidos básicos, oraciones infantiles, oraciones más o menos claras en la mocedad/adultez, y con suerte, una semántica apropiada en la madurez mental (si acaso llega).

Pero qué podemos esperar de las AI. Haciendo un uso ético de estas herramientas, las he usado para procesos mecánicos de datos, sobre lo cual sólo reviso que no se cometan errores. Pero también las he comenzado a usar para otros procesos menos verificables, como la sugerencia de artículos científicos, el resumen de documentos técnicos, e incluso la ortografía. Aparentemente funcionan bastante bien, dados los altos costos de su desarrollo. La pregunta nace al momento de pensar, qué tan acertado es. Me explico. Moviendo los documentos hacia la redacción, corrección de estilo y claridad, entre más imaginativo-propio sea un documento, ¿qué tan inteligente son esos modelos de lenguaje? El lenguaje es un bastión de símbolos, a veces claros, a veces crípticos. ¿Puede realmente entender aquello que sale de lo rutinario, de lo estandarizado, de los imple? Si yo hablo con mi hija pequeña, ella es capaz de traducir el sonido, ordenarlo, responder y expresar un mensaje coherente. Sin embargo, a veces sus erráticas caritas indican que necesito modificar una palabra o aplanar el lenguaje a oraciones muy precisas y breves. ¿Es la AI un modelo sofisticado, o es in infante con vocabulario redundante?

No tardarán en salir los análisis complejos de esta clase de temas, mientras el grueso de los usuarios técnicos nos vamos preguntando la valía de sus procesos, y un número más grueso de usuarios simplemente hace uso de las herramientas para subsanar sus propias incapacidades; dando la impresión de una inteligencia robada, que no propia ni asimilada. Pero la duda queda: qué tan inteligente es la inteligencia, y que tan inteligente es un algoritmo. Como cabe esperar, la respuesta es otro algoritmo, una base de datos masiva, y también sus directrices de entrenamiento. Pueden millones de personas tener una claridad mínima de comunicación, o es lo inmediato y la rabia el motor principal, hay una clasificación del lenguaje, de sus motivos e intenciones, o sólo es una masilla triturada que se moldea según los deseos de quien programa desde atrás; incluyendo sus sesgos, sus caprichos, sus errores.

Llegaremos a contar con modelos de lenguaje tan sofisticados que puedan entender la sutileza, no lo sé. En mi experiencia propia, a veces no se puede esperar eso ni siquiera de las personas, humas, aparentemente bendecidas con el instinto del lenguaje. Por lo pronto, la herramienta está allí, y es una necedad negarse a usarla, pero requiere de una fuerte convicción por la veracidad, por la ética y por la ciencia/técnica/literatura, el usarla en la medida adecuada, con los límites racionales. También debemos aprender a leer más allá de la pantalla, a no dar por válidas respuestas orientada a un modelo positivo y amigable del usuario. Aunque quien sabe, tal vez esa capacidad de la sutileza, ese deje de maldad en el tono del ingenio es parte de nuestra más humana crueldad.

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