El dolor, artritis que extermina mi mente al cantar el gallo, crucifixión no aprendida donde mi ego se pronuncia en contra de los indigentes que ven como carne de ternera el desperdicio de este homosexual en brasas cuya afición a los hombres de temprana edad le devuelven un poco de autoestima entre derrota y despertar.
Al Marqués de Sade
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