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René y Alfonso Arzate: los jefes de plaza en Tijuana que EU apunta como nuevos objetivos prioritarios del Cártel de Sinaloa

Mientras la atención pública en México se concentraba en la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en Washington ya se hablaba de los siguientes nombres en la lista de los más buscados. René y Alfonso Arzate, líderes de la plaza de Tijuana para la facción del Mayo Zambada, son hoy piezas estratégicas en la disputa criminal y en la agenda bilateral México-Estados Unidos.

René Arzate García, “La Rana”, y Alfonso Arzate García, “Aquiles”, no son capos de corridos famosos ni de series de televisión o películas de Hollywood. No son tan conocidos como Joaquín “El Chapo” Guzmán o Ismael “El Mayo” Zambada, los líderes históricos del Cártel de Sinaloa, ni mucho menos son tan conocidos como lo fue el recientemente abatido Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, cuyo nombre durante años encabezó listas de los más buscados y recompensas millonarias del gobierno de Estados Unidos.

Los Arzate, coinciden en apuntar expertos en el tema, operan de otra forma: menos reflectores, más territorio. En la frontera norte de Baja California, donde el fentanilo cruza hacia San Diego y los dólares regresan en silencio, su apellido pesa.

“Los hermanos Arzate García son desde hace muchísimos años los representantes del cártel de Sinaloa en Tijuana”, explica Víctor Manuel Sánchez, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila y especialista en seguridad, en entrevista con Animal Político. “Ellos quedaron al frente en este esfuerzo por conquistar Tijuana”.

Para entender quiénes son hay que retroceder más de tres décadas.

En 1989 el entonces llamado Cártel de Guadalajara se fragmentó. El país se repartió en brazos criminales. Tijuana quedó bajo el control de los Arellano Félix; Ciudad Juárez bajo Amado Carrillo, el famoso “Señor de los Cielos”; y Sinaloa bajo “El Güero” Palma, “El Chapo” y “El Mayo”.

“Hay que recordar que cuando se parte el cártel de Guadalajara se seccionan los diferentes territorios del país entre tres brazos”, explica Sánchez. “Y de ello surge el cártel de Tijuana… el de Juárez… y el de Sinaloa”.

Durante años, el equilibrio fue frágil pero claro. El encono era abierto, pero ninguno cruzaba del todo la línea del otro. “Culiacán no se metía en Tijuana, y Tijuana no se metía en Culiacán”, dice el especialista.

Eso comenzó a cambiar a mediados de los años 2000.

Una ruptura interna debilitó a los Arellano Félix en Tijuana. Teodoro García Cimental, “El Teo”, cambió Tijuana por Sinaloa y comenzó a hacerle la guerra a quienes antes protegía.

“El cártel de Sinaloa comienza a enviar a gente suya a Tijuana. Entre ellos, estos hermanos Arzate”, relata Víctor Manuel Sánchez.

Cuando “El Teo” cayó en enero de 2010, ellos permanecieron.

De conquistadores a administradores

Entre 2009 y 2013, en los peores años de la llamada “Guerra contra el Narco” lanzada por por la administración de Felipe Calderón y continuada hasta nuestros días, Tijuana se colocó entre las ciudades más violentas del país y del mundo. Luego vino la llamada “pacificación” en el sexenio de Peña Nieto, cuando se ponía a la ciudad como ejemplo de éxito en el combate al crimen organizado. Aunque pronto se comprobó que ese periodo de calma no fue ausencia de crimen, sino hegemonía.

“En ese momento el cártel de Sinaloa ya controlaba la ciudad. Y entonces eran los Arzate los nuevos jefes de plaza”, explica Sánchez.

Desde entonces dejaron de ser enviados y se convirtieron en administradores del territorio. Empezaron entonces a defender el cruce. A cobrar. Vigilar. Mantener el equilibrio.

“Siempre han sido como de la élite del Cártel de Sinaloa, porque controlan uno de los puntos de cruce hacia Estados Unidos más rentables para dicha organización”, señala en la entrevista.

No es poca cosa. Tijuana es frontera directa con San Diego, California. Es el corredor donde el fentanilo se convierte en crisis sanitaria del otro lado y el cruce donde, de regreso, llegan a México armas y dólares.

Con el tiempo, la hegemonía de los hermanos Arzate tampoco fue absoluta.

“Llegó el Cártel Jalisco Nueva Generación, se alió con lo que quedaba de los Arellano Félix, y el escenario en Tijuana cambió”, explica Sánchez.

Como resultado, hoy la ciudad responde hasta a tres mandos diferentes. Algunas colonias están bajo influencia del CJNG. Otras con remanentes de los Arellano. Y la mayor parte siguen bajo el control de los Arzate, aunque ya no tienen el dominio total de la ciudad.

Esa división se ha traducido en calles disputadas, colonias que cambian de manos y una violencia que sube y baja, pero no desaparece. Aunque las cifras oficiales muestran una reducción significativa en 2025, con al menos mil 219 homicidios dolosos acumulados al corte de noviembre, la realidad es que Tijuana continúa siendo una de las ciudades más violentas del país en términos absolutos.

La baja frente a los más de mil 800 asesinatos registrados en años recientes no cambia el hecho de que la urbe fronteriza sigue contando muertos por cientos mientras distintas facciones criminales —entre ellas la estructura encabezada por los hermanos Arzate, alineados con la facción de “El Mayo” Zambada, además de células del Cártel Jalisco Nueva Generación y remanentes de los Arellano Félix— se disputan colonias, rutas y el control del cruce hacia Estados Unidos.

Y los muertos no son la única medida. A la par de los homicidios, las desapariciones dibujan otra capa de esa disputa silenciosa. De acuerdo con datos oficiales del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, revisados por Animal Político, en 2025 Baja California acumuló mil 273 denuncias por personas desaparecidas, de las cuales 949 permanecen activas (casi 77%), y 53 personas fueron localizadas sin vida; solo Tijuana concentró 981 reportes, muy por encima de Mexicali y Ensenada. Un año antes, en 2024, el estado registró 970 denuncias, con 772 casos aún sin resolver (80 %).

Así, mientras los homicidios bajan en términos relativos, la frontera sigue sumando ausencias en cifras que confirman que la guerra por la plaza no solo se mide en cuerpos encontrados, sino también en personas que no regresan.

La fractura interna y el narcoterrorismo

En los últimos 18 meses, otro factor se sumó a la ecuación: la ruptura del Cártel de Sinaloa. “Los Arzate están alineados con el Mayo Zambada, con la facción de los mayitos… esa zona del país es más pro mayiza”, explica Sánchez a Animal Político.

Eso ha implicado que la guerra que comenzó en Culiacán se extienda hacia otras plazas estratégicas del país. “Y ha implicado la necesidad de que los chapitos envíen personas a Tijuana para tener también un pie en la ciudad”.

En ese escenario, recalca el investigador, los Arzate no son operadores secundarios. Son aliados estratégicos.

“Dentro de los aliados que tiene Ismael Zambada Sicairos, uno de los hijos de “El Mayo” Zambada, los siguientes en orden de importancia en esa facción del Cártel de Sinaloa son los hermanos Arzate”, sostuvo el investigador.

Las acusaciones que enfrentan en Estados Unidos datan de 2014. Pero la reciente ampliación de cargos por narcoterrorismo marca un punto de inflexión.

“Al igual que muchas otras células, utilizan la violencia de forma extrema”, dice Sánchez.

La diferencia es que ahora el Cártel de Sinaloa está designado como organización terrorista extranjera, junto con otros cinco cárteles mexicanos.

“Al estar asentados en Tijuana y tan cerca de una ciudad como San Diego, los hace altamente visibles para la administración estadounidense de Donald Trump. Y la previa designación como organización terrorista permite configurar esa acusación con mayor facilidad”.

La recompensa millonaria —hasta 5 millones de dólares por información que conduzca a sus detenciones—,  los coloca entre los objetivos prioritarios tras la caída de otros líderes. En un país donde, como señaló el investigador, “ya no se ven capos con ese nivel casi total, al estilo “El Chapo” o “El Mencho”, sino figuras más locales”, los Arzate representan ese nuevo tipo de liderazgo criminal: menos mediáticos, pero profundamente territoriales y violentos.

No son los más conocidos. Pero en la frontera, donde el poder rara vez se exhibe y la violencia nunca desaparece del todo, son los que sostienen una de las plazas más rentables del país.

Después de “El Mencho”… ¿los siguientes señalados por EU?

Para el analista de seguridad Gerardo López García, el anuncio de Estados Unidos no es un movimiento aislado ni burocrático. Es, ante todo, un mensaje contundente.

“Definitivamente es una sorpresa este mensaje”, señala en entrevista con Animal Político. “Creo que es un mensaje político fuerte que está mandando Estados Unidos, una especie de aviso de que tal vez serán los siguientes personajes que deberán ser prioritarios en la agenda de seguridad para la presidenta de México”.

El momento no es para nada menor. Apenas días después del abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho” —durante años el objetivo número uno en la narrativa bilateral sobre narcotráfico— el Departamento de Justicia anuncia este jueves que amplía los cargos por “narcoterrorismo” contra los hermanos Arzate.

“Les están dando esa relevancia para que volteemos a ver, para saber quiénes son estos dos personajes”, apunta López García, que recuerda que ambos hermanos ya estaban identificados por las autoridades estadounidenses desde hace más de una década.

Sin embargo, no aparecían hasta hace poco en los listados públicos de los más buscados del FBI y la DEA, como sí figuraban “El Mencho” o los hijos de Joaquín Guzmán.

“Si te metes a las páginas de los más buscados de la DEA y del FBI, estos personajes no figuraban como tal”, subraya López García. “Y ahora saltan directamente como personajes de interés para el Departamento de Justicia. No parece que sea coincidencia o casualidad”.

La explicación, apunta, puede estar en el reacomodo interno del Cártel de Sinaloa. Tras la captura y traslado de Joaquín Guzmán, la detención de Ovidio Guzmán, la extracción de Ismael “El Mayo” Zambada y la ruptura abierta entre las facciones, la estructura dejó de operar como un bloque cohesionado.

“Podemos decir que ya ha terminado como tal este cártel debido a la división fuerte a partir de esta entrega o traición de Ismael Zambada”, plantea el analista.

En ese contexto, los Arzate habrían cobrado mayor relevancia dentro de la facción de los “mayitos”, especialmente en la frontera norte, una de las rutas más sensibles para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

Desde esa perspectiva, la ampliación de los cargos por narcoterrorismo no sólo redefine su estatus judicial, sino que los coloca simbólicamente en la siguiente línea de liderazgo criminal a perseguir.

“Después de este gran capo que fue Nemesio Oseguera, identificado como el máximo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, ya están apuntando a los siguientes liderazgos en las estructuras criminales”, concluye el investigador.

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