“La tarde se consume” de Luis Carlos Minjarez
Ernesto Adair Zepeda Villarreal
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La Universidad Autónoma Chapingo editó hace algún tiempo (abril de 2009) una colección de relatos de Luis Carlos Minjarez, oriundo de Ciudad Delicias (Chihuahua, 1957; y que vive ahora en Texcoco). En aquellas páginas el ingeniero agrónomo especializado en sociología rural da forma a su entonces primer volumen de relatos cortos, donde nos ofrece una amplia gama de textos enriquecidos por la inocencia del provinciano que llega a la desgastante y burda urbanidad. En esta obra se escucha el murmullo de la nostalgia por una infancia perdida desde quién sabe qué tanto, la sorpresa que le causaba la naturaleza al ser testigo de esas expresiones abrumadoras de poder ante su versión más joven; así como la otra, la humana, que va permeando como el agua las rocas.
De prosa limpia, directa, sin ningún engatusado arrebato por lo excesivo o vulgar, el autor nos plantea una serie cuadros donde las historias acontecen por sí sola, y a donde hemos sido convocados. En sus doce relatos y poco más de 90 páginas nos muestra que los recuerdos han de perdurar de maneras maravillosa en nuestro imaginario, casi indelebles.
Desde aquel amor imposible por la vecina que va creciendo junto con los demás hijos de la barriada, que transforma en sus vidas lo cotidiano, hasta aquellos ladrones de peceras (los microbuses cuadrados típicos de la zona Metropolitana) que ven frustrados sus planes de agenciarse los bienes del prójimo. Sus relatos parten de la cotidianeidad, son vivencias tangibles, comunes, que se repiten en cualquier otra latitud, en otrora época. O qué decir de la impresión que le causa (en más de un sentido) a un niño pequeño descubrir los secretos cifrados al interior de un relámpago (porque lo que mata no es el rayo sino la raya). O inclusive la más eficientes de la terapia que le permitirán a un pobre bastardo regresar a la vida que ha sacrificado debido a los excesos. Otros relatos abordan la complicada exigencia de vivir en la manada colectiva, sin mayor drama, sin eventos supra naturales, ya que la gente puede ser bastante rara, por no hablar de los romances entre oficinistas.
Este es muestra del fresco talento del escritor chihuahuense radicado en el centro del país, que no se admira ni requiere de rebuscadas formas en la urbanidad terrible, y que nos ofrece una contemplación desde los inocentes ojos que han sido fieles a la naturaleza más lejana de los recuerdos, aquella que nos conmueve por la belleza del pasado, lejana, sin abusar de lo rocambolesco, lo maravilloso, insólito o sensual. Este elegante libro merece lectores que pongan atención a los detalles, para que descubran aquello que ha sido escrito para ellos. Es una obra que puede adquirirse con el autor y en la Universidad, amén de la pequeña caminata por sus jardines.
Cabe mencionar que Luis Carlos ha sido parte del taller de creación literaria de la universidad, además de periodista cultural, con estudios de posgrado. Es un caballero modesto, alto, de semblante alegre. Casi un personaje más extraído de sus narraciones.
