Editorial

“BRUTALIDAD ARTIFICIAL”, DE ALEJANDRO RAMÍREZ MORÓN

Crónicas del Olvido
“BRUTALIDAD ARTIFICIAL”, DE ALEJANDRO RAMÍREZ MORÓN
(La Inteligencia Artificial y el escritor trabajando/ Creación colaborativa)
**Alberto Hernández**
1.-
Me hace llegar el señor Ramírez Morón un material que me pone frente a un pelotón de fusilamiento literario o contra la pared, toda vez que lo que me ha enviado ha sido creado por Inteligencia Artificial (IA). Es decir, no nació de ese arranque vital que el escritor tiene para enhebrar sus emociones, sus ideas o sus pasiones. Y casi no tengo nada que decir, pero me arriesgaré.
No soy enemigo de la tecnología. No soy enemigo de esa tecnología que ayuda a salvar vidas, a comunicarse o a enseñar en la escuela. Todo lo que se use tecnológicamente para sustituir el pensamiento humano en materia artística, esa sí es verdad que me preocupa, sobre todo en materia verbal, produce en mí cierta angustia, será porque pertenezco al Medioevo.
Recibí estos cuentos con reservas. Porque son cuentos, relatos cortos. Lo reviso como una curiosidad y porque su autor fue muy amable al ponerlos en mis manos de carne y huesos, digamos a través de una pantalla con teclado que me permite vaciar todo lo que llevo por dentro y por fuera.
2.-
En una suerte de prólogo del mismo autor, afirma que se trata de un experimento, que es “Un invento que promete cambiarlo todo” al “mecanizar la asociación de ideas”. Destaca que Geminis es “un sparring” literario, lo que para mí significa un desafío.
Añade que estos cuentos “no buscan sustituir la voz del alma, sino poner a prueba las capacidades de esta nueva tecnología”, y le hace un guiño a Guttemberg como el primer tecnólogo de la escritura. Son sus palabras.
Leo algunos de los cuentos y parecen haber sido creados por un buen narrador. Ramírez Morón los titula y al lado añade que fueron escritos a través de IA. Bueno, celebro que IA sea tan inteligente, pero me quedo con el hombre o mujer que doblados sobre unas teclas se sacan de los sesos o las tripas todo lo que sienten, cuestión que un robot no puede hacer. Claro, esas máquinas fueron creadas por inteligencia natural, pero darle un tema o unos parámetros a una máquina para me escriba un poema, un cuento, un ensayo, una pieza teatral, creo que no va con los que realmente sabemos que se nos secaron los glúteos mientras imaginábamos nuestras obras.
No sé, que vengan todas las reprimendas o críticas, pero así lo pienso.
No voy a entrar en detalles en los cuentos artificiales. Soy tan natural que sufro de alergias gracias a la cantidad de libros que tengo en casa. El polvo constituye un segmento de esa emoción que nos lleva a crear un verso, un personaje, un tema profundamente psicológico o simplemente una idea que forme parte de las pocas neuronas que me quedan.
3.-
Los técnicos sabrán cuándo se trate de una escritura que nació de la imaginación de un escritor o de un artista. Ellos lo sabrán. Yo me quedo con los originales de Cervantes, Quevedo, Gallegos, Adriano González León, Pepe Barroeta, Eugenio Montejo, Andrés Eloy, etc. Me quedo con los vivos o los muertos que se fajaron con su inteligencia, esa que la naturaleza les regaló.
La Inteligencia Artificial es, precisamente, un artificio, no tiene nada de heridas, cicatrices, hemorragias, juanetes, dolores de muela, de desgarramientos emocionales, duelos o borracheras. Es, absolutamente, un juego para despistar la realidad, la realidad de la creación carnal y espiritual. El título “Brutalidad Artificial” nos conduce a pensar que esa inteligencia es una ilusión.
Hasta aquí.
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