Editorial

“Soy hijo de mi propia historia” de Hernán Cisternas – Ernesto Adair Zepeda Villarreal

“Soy hijo de mi propia historia” de Hernán Cisternas

Ernesto Adair Zepeda Villarreal

Fb: Ediciones Ave Azul X: @adairzv YT: Ediciones Ave Azul Ig: Adarkir

 

Hay libros que deben ser separados de sus autores para preservar por un lado su sentido humano y por otro la dimensión política de quien lo ha escrito. Este no es el caso de Hernán Cisternas, chileno, cuya obra es una extensión de esa rara estrella posada sobre su frente desde la tersa mocedad. Como otros autores chilenos, Hernán tiene una fuere voz interior, un ritmo hipnótico, que fluye a lo largo de sus textos. Pero es también un testigo impaciente de su época. Exiliado en la adolescencia, conoció de cerca los horrores del golpe de estado contra Allende, marcado en la vida familiar cuando su padre sufriría de algunas de las tragedias de la violenta dictadura, mientras él fue desterrado del seno familiar hacia la cercana nación de Ecuador. A veces el destino es un cómplice retorcido.

El exilio de Hernán tiene tres momentos: la expulsión de la patria, llena de repulsión y terribles revelaciones sobre su entorno apenas al dejar de ser un niño; el ser arrancado de un mundo idílico a donde jamás regresaría del todo, y; el cambio de aires hacia tierras más tropicales con toda la inexperiencia que eso puede suponer. Tal es el corazón de su literatura plasmada en este volumen. En ese país adoptado trabajó de cerca con tribus indígenas en la Amazonia, se maravilló de las diferencias culturales y culinarias, del clima diametralmente distinto a su hogar, y encontraría a la compañera de su vida: la portentosa Cata. Aunque la herida primigenia no habría tal vez de cerrar nunca, ayudó a tejer los nervios junto con relatos emergidos de la humedad del agua. Eso es lo que forjaría al escritor, que en el título de su obra nos declara en rotunda transparencia: “Soy hijo de mi propia historia”. Esto permea a lo largo de 43 textos, donde 9 son prosa. El libro es acompañado por un prólogo de Francico Navarro (México), editado por Gráfica LOM (Chile) y Producido por Nibaldo Guerra Figueroa; la foto de portada es de Sebastián Venegas Díaz.

Más allá de la literatura de denuncia, tan formal en Latinoamérica, el trabajo de Hernán sobresale por ser un íntimo diario de esos exilios, acompañado de reflexiones sombrías, pero también de brillantes memoria de lo novedoso. Así, pasa de desgarrar con el lenguaje al lector al compartirle un viaje por barco tras la tortura de su padre, inexperto, a contarnos distintas etapas de esa vida reconstruida en la distancia, ya fuera Bulgaria o en la mujer amada. Versos como “El día que apague los ojos/ por última vez/ la visión va a ser mi ombligo,/ el suspenso en mis pantalones por detener mis pies.” dan cuenta de su vocación de viajero no elegida, pero aceptada. Nosotros nos convertimos en sus compañeros a lo largo del camino reconstruido en la memoria. No obstante, Hernán no blanquea la penumbra, como cuando nos dice en un estridente susurro: “En algún lugar de Valparaíso, mezclada entre los cerros ahí cubierta entre viejas casa de colores en una antigua fábrica de jabones que por cierto maneja todavía ese olor a grasa… . […] A fuera la carnicería de los golpistas bajaba desde la cordillera para morir en las olas del Pacífico sin antes esparcir la muerte por los valles”. No se tienta ni en el lenguaje, ni en la claridad del horror al declarar que cualquiera puede ser un monstruo.

Otros poemas son más nostálgicos, incluso bucólicos, juguetones con sus destinatarios como misivas honestas. La herida no sana, cambia junto con él, y no le impide crecer. Deja entrever al hombre a quien todo le fuera arrancado con un enorme sentido de gratitud al día a día, en especial a lo que más sentido le ha dado a su búsqueda de regreso a casa: “sin un peso en los viejos y desteñidos jeans,/ desde la bocanada abierta del trópico/ hasta tu vulva manejada por mi lengua procaz […]/ y éramos tan felices, ¿recuerdas?”. Para el autor la poesía es un lenguaje instintivo a donde se llega no por accidente, ni por necesidad. La poesía es una respuesta a la milenaria pregunta de por qué el mundo es cómo es. Así, nos dice: “Esparcidos como granos de espiga de trigo/ sobre tierra fértil inducida,/ encalló como puerto al alma la poesía”. Es un libro sobre adaptación, la resiliencia hecha palabra, la curación del niño a través de los ojos del hombre echando la vista a atrás.

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