Alicia en el País de las Infamias
A Pulso de Tinta
Gabriel Avilés
Pánico me da la calma de los días en austeridad donde lagartos hambrientos muerden las sobras del dolor mientras pederastas acaban con Alicia en el país de las infamias.
Sus visiones la persiguen con sus cánones y hacen del letargo, un sitio ambidiestro, el cual amarra a los adolescentes que tratan de besar mujeres con piel lampiña en su vejez.
Alicia siente pavor al reflejarse en una idea común u otras aliteraciones rutinarias. Prefiere la inanición de un amante rompiendo relojes y no pensar en la esclavitud del póker.
La desesperación le hiere con el destierro de horas hasta transmutar en inconsciencia de los conejos que juegan con homicidios oyendo látigos provenientes de una reina sin cabeza pero con el amor de los súbditos.
