RADIOGRAFÍAS
Una investigación histórica de carácter documental
NORMA SALAZAR
normasalazarr68@gmail.com
La supervivencia de la Arquidiócesis de México. La persecución del Ejército Constitucionalista (1913-1920), Editorial Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), 2026 una investigación detallada, de orden histórico político, es decir, que desmenuza las extiendes relaciones entre el Estado posrevolucionario y el Ejército Constitucionalista Dr. Víctor Miguel Villanueva Hernández, en el sentido estricto de la narrativa histórica examina las oscuras y tensas relaciones del Estado posrevolucionario, primordialmente con el primer gobierno de Venustiano Carranza y la Iglesia Católica, ajustando la posición de cómo lograr perdurar la Arquidiócesis de México en medio de un ambiente hostil.
El autor precisa la persecución institucional de cómo los revolucionarios inculpaban al arzobispo de México, monseñor José Mora y del Río por colaborar con el régimen de Victoriano Huerta, otros hechos son las afectaciones a la Iglesia Católica eran de confiscaciones de sus bienes, la adjudicación de templos, la expulsión de sacerdotes extranjeros y la nacionalización, los exilios de eclesiásticos en los años de 1913-1920. Ahora bien, no debemos perder de vista un antecedente a estos sucesos, la previa Guerra Cristera un acontecimiento en el territorio relevante muestra la tensión entre el conflicto de la Iglesia y el Estado no germinaron de forma espontánea con la “Guerra Cristera” del año 1926 sino venían gestándose desde la propia lucha constitucionalista y la Constitución de 1917. El 14 de marzo de 1925, aparecieron los primeros movimientos persecutorios, asimismo se impulsó y se propuso de los seglares católicos mexicanos sin que interviniera directamente la autoridad eclesiástica, una organización que se le denominó Liga defensora de la libertad religiosos extendiéndose en todo el país y agrupando en sus filas algunas organizaciones que había entonces en México, se formó un comité central para unir y gobernar su actividad en cada estado de la República había un Delegado Regional, en cada ciudad un Jefe Urbano, a partir del primer momento la Liga Defensora de la Libertad Religiosa se dispuso a luchar.
La proclama afirmaba: “Se nos ha llamado al combate, se nos obliga a ello con persecuciones ingentes y tiránicas; lamentamos la guerra, pero nuestra dignidad ultrajada y nuestra fe perseguida nos obliga a acudir para la defensa al mismo terreno en que se desarrolla el ataque. Esta es la única manera de que obtengamos libertad y de que se nos haga justicia; y para esto, precisamente, se funda la Liga Nacional de la Defensa Religiosa”, el memorando de los Obispos, solicitando la reforma de los artículos constitucionales y leyes anticatólicas fue refutado por la Cámara de Diputados fundado en que los solicitantes habían perdido la ciudadanía, los seglares calificaron oportuno el momento de intervenir, dispusieron un memorial pidiendo las mismas reformas a la Cámara de Diputados, el cual, no obstante la acción persecutoria contra los promotores fue firmado por más de dos millones de ciudadanos, los firmantes no eran mujeres ni jóvenes menores de veintiún años, sino hombres adultos.
En pocos días en todo el territorio pudo conseguir ese alto número de firmas, el memorando con todas las firmas recabadas de todas partes de la Republica Mexicana fue a parar al cesto de los papeles sin que los representantes del pueblo prestaran atención a la solicitud del pueblo.
El bloqueo económico que se llamó boicot, lo manifestaba la misma Liga en una circular el 14 de julio de 1926: “El propósito de esta campaña es crear, en la nación entera, un estado de intensa crisis económica, que obligue al Gobierno a hacer cesar la situación de opresión legal en que vive la Iglesia Católica en nuestra patria”.
A pesar de las medidas tomadas por el Gobierno contra los promotores del bloqueo económico, éste se pudo dar a conocer en todo el territorio nacional, para ponerlo y obteniendo en marcha buenos resultados sobre todo en sus principios, en la capital del país y ciudades más grandes.
Más. Se dice que el pueblo no estaba preparado para sobrellevar los sacrificios y privaciones que el boicot exigía, no fue tan eficaz como se planeaba al poco tiempo se dejó de insistir en él. Por lo que el mismo pueblo fiel sin que mediara directamente el clero resolvió defender su libertad religiosa por medio de las armas y se levantó una guerra de guerrillas que llamaron movimiento cristero.
El movimiento cristero fue una protesta desesperada de los católicos mexicanos contra la acción persecutoria de la Iglesia, iniciada por el presidente Plutarco Elías Calles, este movimiento no fue promovido por la Jerarquía; fue absolutamente emprendido por los laicos, buscaron el apoyo de los pastores, el que se otorgó en parte de muy distinta manera que ocasionó división dentro de la Jerarquía en el asunto del apoyo a la lucha armada. Aun cuando todos, prelados y sacerdotes estaban de acuerdo en oponer resistencia a las leyes impías contra la Iglesia, tenían numerosas posiciones frente al escenario histórico sobre todo, frente a una defensa armada.
Esto, hacía disentir sobre el modo de resistir la acción persecutoria del Gobierno. Conocía bien la fuerza que representaba la acción de los sacerdotes por su influencia en el pueblo, por ello puso en acción medidas encauzadas a fragmentar a la Iglesia como el cisma y la propia Ley Calles sin resultado todo fracasó. Los sacerdotes permanecieron fieles y unidos a sus obispos, cuando entró en vigor la Ley Calles los obispos como aguante extremo determinaron suspender el culto público; todos los sacerdotes accedieron la determinación y se unieron a sus obispos. Se menciona sólo una excepción, la del padre Dimas Anguiano, párroco de Alvarado, Veracruz que se sometió a la Ley Calles, envió una carta de aceptación al presidente y éste le envió una felicitación.
Durante la resistencia pacífica a la acción persecutoria del Gobierno todo el clero la apoyó. Lo hizo respecto del boicot ya que había sido aprobado por los obispos, algunos sacerdotes participaron obviamente en su promoción, aunque desde la clandestinidad. Ninguno en el clero se opuso, la conducta de los sacerdotes se pone en claro en un volante de fines del año 1926, distribuido por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, donde se decía: “[s] trató de hacer apostatas a nuestros sacerdotes, de hacerlos cismáticos, de apartarlos de la obediencia del Papa; prefirieron todo, aun quedar en la miseria y ser perseguidos. ¡Cuántos motivos de acción de gracias!”
Termino ávidos lectores, la acción de los sacerdotes frente al movimiento armado de los fieles contra el gobierno, tuvo numerosas posiciones. Algunos fueron activamente hostiles a los cristeros otros desertaron de sus parroquias rurales y se fueron a vivir a las urbes, otros grupos no abandonaron los campos, por lo que su cura de almas benefició a los cristeros casualmente e incluso quienes fueron activamente prósperos a los cristeros, finalmente algunos combatientes.

