Editorial

Sobre las Memorias Vacías de Solange Bañuelos – Y Aquí Empieza el Abismo

Sobre las Memorias Vacías de Solange Bañuelos

Roberto Cardozo

Y Aquí Empieza el Abismo

 

Una de las condiciones naturales del ser humano es su forma patética de vivir y de aferrarse al mundo, por tan malo que sea. Esto lo entiende a la perfección Maité Hernández–Lorenzo (La Habana, 1970), cuando plantea en una serie de cuentos, su tesis con visos de filosofía shchopenhaueriana. Las memorias vacías de Solange Bañuelos, un libro con historias que terminan resultando tan comunes y tan violentas en estos tiempos en los que la mujer, a pesar de su mayor participación social, se encuentra bajo una mayor escalada de violencia por cuestiones de género.

Podemos ver a una sola mujer, que pueden ser varias, siendo violentada, abandonándose en muchos momentos; en otros, aferrándose a objetos casi totémicos, místicos, que le permitan seguir dando batalla desde un bastión frágil, pero desde el que se puede reír de su condición.

Un libro que tiene algo de biográfico, quizá no en las historias, pero sí en las emociones y los sentimientos que encontramos, lo que hace que cada narración tenga una carga de energía que se traduce en líneas ágiles y agresivas, que van taladrando con buen ritmo la mente del lector.

Otro aspecto a resaltar, es el hecho de que la oración que abre cada relato, lo hace con mucha fuerza, de tal manera, que el propio lector ya tiene la mitad de la historia, misma que se amalgamará con el final contado con esa brutalidad que pareciera que se convertirá en el sello distintivo de la autora. De corte intimista, porque la misma escritora ha manifestado escribir para ella, también contiene una manera de cinismo o sarcasmo en el que la aparente resignación es la que da fin a los relatos, dejando para la reflexión cada línea a las que se hace necesario regresar, ya que la lectura es ágil, pero los textos, después de un análisis preliminar, van dejando aparecer nuevas ideas y sensaciones que no se pudieron notar de inicio.

Con una voz que me recuerda un poco a Gonçalo M. Tavares, escritor y poeta que se regocija de la violencia y en la violencia, Maité se sabe poseedora de un espíritu emocionalmente violentado y aprovecha en beneficio de su trabajo (tal como la protagonista del cuento que da título al libro), el que le sirve como catarsis dramática con toques de comedia, porque, la vida es así: comedia y tragedia se entrelazan en un juego macabro que nos hace cuestionarnos nuestra existencia.

Las memorias vacías son lo que nos queda después de avanzar por la vida, sobre todo ante episodios de violencia en los que, pasado el tiempo volteas a la memoria y te encuentras con una galería fotográfica que sabes tuya, pero que desconoces de la misma manera. Estas fotografías quedan colgando en medio de paredes derruidas de algo que alguna vez fuiste, inmóviles y vacías.

Es lo patético de la vida, este aplazamiento de la muerte, de la que pretendemos escapar a partir de nuestras pasiones y por las que somos capaces de hacer y soportar infinidad de cosas. Es lo que nos mantiene asidos con obstinación a la violencia, porque a veces no tenemos más que sostenernos de ella, porque peor que la infelicidad es la indiferencia y el abandono. El suelo frío, un elemento de la narrativa de Maité, siempre será el que nos devuelva a las realidades, porque ese suelo frío nos recuerda nuestro inevitable final y, porque ese final, suele ser el verdadero final feliz.

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