La Solución Sólo Puede Ser Radical
Roberto Cardozo
Aquí Empieza el Abismo
En México, mueren de manera violenta nueve mujeres cada día, según informes de la ONU. Con cifras como esta y con un panorama político y legal desolador para las propias mujeres, me parece lógico y necesario que como sociedad nos veamos en la urgencia de llevar a cabo acciones que vayan más allá de la prevención y la educación de las personas, ya que estas son planes a mediano y largo plazo, pero la violencia hacia las mujeres es cotidiana, diaria, con mucha saña en la mayoría de las ocasiones.
Tal es el caso de la menor que fue violada por policías, o la septuagenaria que también sufrió un ataque en días pasados, dejando por los suelos estos argumentos de que las mujeres son las que provocan sus ataques por vestir de alguna manera, o por estar en lugares en los que se ponen en un mayor riesgo de ataque.
El caso de la menor es el que detonó la polémica por las manifestaciones feministas que terminaron en ataques al edificio y en la destrucción de las puertas de cristal del mismo. Partiendo de esos actos es que, una vez más, se polarizó la sociedad en sus comentarios y publicaciones. Pero, ¿qué esperaba la gente? ¿Querían que la marcha terminara con una verbena popular a las puertas del recinto? No. Tuvo que terminar de la manera en que lo hizo porque es la voz de las mujeres clamando justicia, porque es la voz que hemos insistido en callar bajo argumentos que solo dejan en claro que somos una sociedad a la que le urge cambiar para bien de las mujeres.
En algunas ocasiones me ha tocado caminar por algunas calles de noche y notar cómo algunas mujeres se ponen nerviosas por darse cuenta que camino detrás de ellas, por lo que he optado por cambiarme de acera o detenerme a esperar que se alejen. No puedo imaginar la sensación de miedo de alguien que sabe que llegar segura a casa, en nuestro país se está volviendo una cuestión de suerte, una especie de ruleta rusa.
La lucha va más allá de la equidad de género, de las oportunidades laborales y de la justicia en todos los órdenes sociales. Esta lucha es por su vida, por su dignidad y es completamente lógico que no será una lucha pacífica, ya que “por las buenas” seguimos fallando como sociedad.
En las redes sociales pude leer cómo se condenaban los actos realizados durante la manifestación, argumentando que la violencia solo generaba más violencia y sí, tienen razón, la violencia hacia las mujeres ha sido la que generó esta violencia manifestada y me parece que se puede venir una escalada aún mayor. Es más, me parece que es algo que sucederá muy pronto, partiendo de la premisa de que las autoridades se han posicionado en contra de este tipo de actos. Por otro lado, también tienen razón las defensoras de este movimiento al comentar que una puerta rota o una pared con grafiti se puede reparar, mientras una vida destrozada, una dignidad rota no volverá jamás.
Como padre de dos mujeres, me parece completamente necesario un movimiento radical revolucionario, si queremos llamarlo así, a la par de que nos vamos reeducando como sociedad, porque nos falta mucho. Como padre de dos mujeres entiendo que esta lucha es justa y aunque me asusten las consecuencias, estoy de acuerdo y participaré cuando me sea permitido mientras hago mi parte desde lo que pueda hacer.
No basta con buenas voluntades, ni con leyes más duras, cuando no somos capaces de entender las situaciones y la sociedad continúa dividida en las opiniones, mismas que se pueden leer en las redes sociales, de las que he hablado con anterioridad.
Mientras no resolvamos estos problemas mentales que cargamos como sociedad, estos supuestos a los que muchos se siguen aferrando pero que pertenecen a una sociedad obsoleta en la que si bien las cosas funcionaron, no significa que hayan estado bien, como el sometimiento de la mujer, o este rol que muchas veces tuvo basado en la intimidación y la violencia sistemática con tal de que el orden establecido no se rompiera.
Se deben romper con estos órdenes impuestos y generar nuevas dinámicas sociales que nos permitan crecer como sociedades modernas en las que se priorice el respeto hacia las personas y basemos nuestras interacciones en la conservación de la dignidad humana.
Es cierto, estamos condenados a la extinción como especie, no podemos permitir que también nos extingamos como sociedad.
