Editorial

La Batalla del Faro – Verónica Estrada Robles

La Batalla del Faro

Verónica Estrada Robles

Ladro Luego Escribo

escribe@malixeditores.com

Son las diez de la noche, despido al último comensal, cierro con llave la puerta del pequeño restaurant y comienzo a limpiar el piso. Ha sido una jornada larga y la tormenta está comenzando. Me asomo por la ventana y ahí está su luz como cada noche. Esta vez lo observo. Erguido sobre un arrecife de granito de veinticinco metros, vigila desde hace casi ciento sesenta años el extremo sur de las rocas Argenton. Sus cimientos fuertes, su complexión robusta, le han permitido permanecer en estas aguas tempestuosas.

La historia cuenta, que once años de arduo trabajo fueron necesarios para su construcción. En 1865 encendió su luz por primera vez. Con ella ha guiado a miles de navegantes en su camino. Desde entonces, disfruta de la magnífica vista de la costa francesa y del vasto mar en sus diferentes tonalidades. Del susurro del viento, de las olas revoloteando a su alrededor y del juego de colores en el cielo al caer la tarde. Pero los años no han sido en vano, la erosión ha provocado algunos estragos, el tiempo comienza a dejar marcas, y de vez en cuando, como esta noche, se observa el inicio de la batalla. El mar, la lluvia y el viento se unen en su contra sin piedad.

El cielo ruge indicando el inicio de la contienda, el viento a su alrededor grita con fuerza.  El mar rabioso corre a su encuentro envistiéndolo. Olas frenéticas de más de veinte metros lo cubren sin cesar. El faro desaparece una y otra vez, envuelto en una estela blanca que no le da respiro.  Apenas es posible ver a lo lejos su luz. La lluvia se intensifica, alentando a sus aliados. El espectáculo es desolador. No hay forma de ayudarlo, por años ha librado esa batalla solo. El mar trata de hundirlo, de destrozarlo, de arrebatarlo de sus cimientos.  El faro resiste, se aferra a la roca, a su pasado a su presente.

Se me ha hecho tarde y tendré que esperar a que la tormenta pase para poder regresar a casa. Continúo limpiando mientas pienso que en noches como está, al faro el cansancio y la soledad le pesan igual que a mí.

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