Presentación
Por Adriana Cisneros Garza
En solidaridad a todas las mujeres que han sido violentadas por un hombre.
A mí sí me encanta el pedo.
No es que eso tenga algo de malo, sino que conviviendo diariamente con cierto tipo de hombre, es un problema, porque de pedera no te bajan. Me casé por primera vez en 2006, convencida de que mi esposo era el más bueno del mundo… pero resultó que ese men era bipolar. Imagínense, chingo de cambios drásticos de humor, cuadros depresivos y maníacos de su parte; aunque busqué ayuda y lo apoyaba en todo, nunca aceptó su enfermedad, diagnosticada por 2 psiquiatras distintos. La relación se fue pudriendo, y terminamos en los juzgados de lo familiar, para tener la cosa esa del divorcio.
Después, volví a casarme en 2016. Tenía desconfianza de caer nuevamente en las garras de un pendejo, y lo estuve analizando mucho tiempo… hasta que me convencí de que estaba bien y de que él era diferente. Pero era un psicópata narcisista, de esos expertos en fingir que son a toda madre con todos, pero a puerta cerrada, son unos hijos de puta. Ellos aplican técnicas de manipulación a la esposa, para irle quitando su poder, hasta fracturar su autoestima. Siembran inseguridad, critican y juzgan diariamente, y culpan a su pareja de la más mínima cosa. Siempre hay amenazas de abandono, de infidelidad, para que la señora agarre la responsabilidad de lo que pasa, y siga de tarada esforzándose por mantener el matrimonio.
Por eso, me fui apagando… amaba muchísimo cantar, bailar, salir a caminar, ir de viaje, acudir a fiestas en navidad, por ejemplo, ir a conciertos y eventos culturales. Siempre fui una chava guapa, inteligente, alegre, bondadosa, compartida, muy amorosa, y cachonda. Pero, cuando los señores tienen pedos mentales, esas cosas se vuelven insoportables. Dejé de ser yo, me convertí en una morra fodonga, gorda, avejentada, insegura, miedosa, y para acabarla de joder, entré en un cuadro de depresión con ansiedad generalizada, por sufrir tantos años violencia de todo tipo.
Una vez, mi terapeuta dijo que yo tenía que perdonar a esos hombres y continuar. Y sí, les perdoné la vida, cuando iba a terminar con la de ellos. Pero bueno… ay andan ahora los gueyes bien mansitos… paralíticos, inservibles, pero mansos.
Por eso llegué aquí, muchachas. Mi abogado me aconsejó declararme loca, para que me trajeran a éste hospital, en lugar de ir a un pinche CERESO femenil… y la neta, está más calmado aquí, según el licenciado. Uno debe de hacer lo necesario, para recuperarse a sí misma, aunque en éste país, a los hombres que nos violentan en todos los aspectos, siempre los protegen. Y cuando somos nosotras las que actuamos en defensa, aunque demostremos que sufrimos décadas de agresiones físicas, psicológicas, sexuales, monetarias, vicarias, etcétera, nos cargan bien gacho la mano con el castigo legal… Eso, si quedamos vivas, porque hay muchas que cerraron los ojos en el camino, y no lograron contar su historia como yo.
Sin más preámbulos, sean bienvenidas a éste curso de inducción, diseñado para facilitar su adaptación, como nuevas alumnas del taller literario de narrativa biográfica.
“La Gringa”
Maestra y talleriste de literatura, del Hospital Psiquiátrico Femenino.

