Editorial

Lo inédito de lo inédito – Ernesto Adair Zepeda Villarreal

Lo inédito de lo inédito

Ernesto Adair Zepeda Villarreal

Fb: Ediciones Ave Azul X: @adairzv YT: Ediciones Ave Azul Ig: Adarkir

 

Común es encontrar en convocatorias literarias la característica de “inédito” en un texto. Lo inédito, según la RAE es tal cual un “escrito y no publicado” o “desconocido, nuevo”. Desde la pereza, es una afrenta. Mas desde la creatividad es un incentivo. Quien “construye” debería estar en movimiento perpetuo, fincando cada experiencia, para hacer de su entorno algo más digno, más bello. Pero la duda inmediata salta a la vista. Tanta convocatoria y tan caros los trámites de derechos de autor. La idea central de la mayoría de las convocatorias es evitar la repetición o los problemas legales asociados a usos de derechos, y tienen una gran validez. Por el otro lado, muchos y bastos son los ejemplos de plagio institucionalizado desde esa necesidad de lo novedoso. Digo, no todas las convocatorias son los grandes escaparates donde se pueda garantizar una alta visibilidad o retribución al artista como para exigir lo más novedoso. Y visto de paso, la seguridad de los materiales (textos, fotografías, ilustraciones).

Y ese no es el problema, en sí. Cada cual es libre de participar o no según las reglas anunciadas en los procesos de selección, así como de descartar por el motivo pertinente o no cada caso. El tema en el fondo es la seguridad de los costos y la sangría institucional para los artistas. Al menos en México, un trámite de derechos de autor excede los $300 MX, y según las letras chiquitas sólo respalda la versión presentada; no así correcciones, adecuaciones, etc. Además de ser un trámite engorroso, fastidioso, lento, y centralizado; o es en la CDMX o te mueres esperando respuesta de la delegación estatal, si acaso se dignan a recibir los materiales. Claro, burocracia y parasitismo. Entonces, la gran mayoría opta por el XD.

Muchos han optado por herramientas digitales en otros países, que también tienen un costo, pero suenan más razonables en el tiempo. O elementos reconocidos legalmente, como firmas electrónicas o fechas en correos electrónicos. Al final de cuentas, la autoría se basa en el tiempo según la máxima “primero en tiempo, primero en derecho”. Perfecto, para nada, pero algo es algo. Por nuestra parte, la plataforma oficial casi nunca funciona, o no es clara, o a nadie le da la gana responder si no hay una veladora encendida bajo los hados correctos. Y quien sabe si el proceso interno vaya más lejos de poner un sellito en una hoja foliada, si en verdad se coteje o se cuide el plagio, el robo, la descarada suplantación de obra. Según las riñas políticas de la cúpula, el plagio no es un delito si lo hacen los cuates (hasta los moralosos que eran distintos). Más allá del trámite, tal vez es un mecanismo no tan funcional.

Pero el plagio existe, y no sólo en las instituciones públicas, sino en las plataformas de inteligencia artificial, en los posts de redes sociales, en la diaria práctica de entender que no han nada nuevo bajo el sol. Eso de poco le ha de importar a las editoriales grandes y pequeñas, las afamadas, las emergentes, las del brío de la juventud o la solemnidad de los cacicazgos universitarios. Que sea inédito exigen, vaya usted a saber el verdadero motivo detrás. Grandes plagiarios han ganado reconocimientos con obra ajena, sin poner nombres…

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